Peckinpah a la sombra de Welles

  06 Enero 2008

(a propósito de Mayor Dundee y La cruz de hierro)
Escribe Patricio Ruiz
 
mayor_dundee-9.jpgSam Peckinpah fue un proscrito que hubiera dejado una obra magna de no ser por sus problemas cíclicos consigo mismo, con los estudios, con los productores, con los montadores a sueldo y demás ralea que hacen posible las películas. La mayoría de los films suyos que nos han llegado tienen su impronta pero en puridad no son suyos. En el interregno entre sus manos y lo que nos llega a nosotros han sido cortadas, empalmadas, vueltas a montar, censuradas y, sobre todo, han padecido de una falta de presupuesto que su rodaje caótico se tornó catastrófico por la escasa financiación.

Paradigma de estos problemas es Mayor Dundee, un western académico entre una de las cimas del western ortodoxo (Duelo en la Alta Sierra) y una de las cumbres del western heterodoxo (Grupo salvaje). El presupuesto, la parte de león, da la impresión que  se fue en el reparto: Charlton Heston, que tuvo que renunciar a parte de sus honorarios, Richard Harris, James Coburn... Prácticamente nulos los decorados, ¿vestuario?, la música es una marcha militar que se repite a los largo de la película.

Pero lo más lamentable son los saltos de guión, suplidos por una voz en off que no termina de explicar lo que ocurre, apuntando varios temas: el racismo, el militarismo en la versión chusca de Jim Hutton, la ambicion, el honor del Sur, la inevitable aparición femenina como el reposo –es retórico– del guerrero, el enrolamiento jocoso... Para terminar de estropearlo Pekinpah fue despedido y reamitido a mitad del rodaje.

mayor_dundee-4.jpgEn la nueva versión (presentada en EEUU en cines y aquí distribuida directamente en DVD), el llamado montaje del director, la película tiene treinta y cinco minutos más que la versión vista en España. Pero a mí me gusta. Es una de las escasas interpretaciones buenas de Charlton Heston, tiene un cierto aire épico, el Sur no queda mal, y, sin llegar al clímax, tiene las célebres escenas de violencia de Peckinpah. Heston como el yanqui soberbio con un ligero parentesco con el Henry Fonda de Fort Apache, resignado a una guarnición ignota, según él, injustamente. Richard Harris, un dicharachero y pendenciero irlandés, pero un hombre de honor. James Coburn, un profesional competente y parco en palabras. Y luego, indios, mejicanos, franceses y toda la panoplia.

Coburn es, con Peckinpah y Senta Berger, el nexo de unión con La cruz de hierro. Película extraña en una filmografía repleta de “bichos raros” como es la de Peckinpah. Una película aparentemente bélica, pero apenas se vea con ojo medianamente crítico deviene claramente antibelicista, y una buena película que el mismo Orson Welles calificó como una de las mejores del género.

cruz_hierro-2.jpgEn realidad es una elegía por un ejército, el alemán, como nos sugiere el director en varias escenas: soldado alemán hundido en el barro de la estepa, soldado alemán desangrándose en un charco, alegóricamente el ejercito alemán. Pero Peckinpah es muy claro: el gran montaje de los títulos de crédito del principio y del final y las palabras de Bertold Brecht que cierran la película son inequívocas sobre la opinión del director.

Y nuevamente los eternos problemas de Peckinpah: magro presupuesto que le lleva a rodar en Yugoslavia, rodaje al aire libre que le confiere verismo, así como la violencia en las escenas que la necesitan para rechazar la guerra, y los personajes arquetípicos: el ya citado James Coburn, un sargento alemán de vuelta de todo al que sólo le importan sus hombres y que habla muy claro sobre la casta de los oficiales; James Mason parece la excepción, un coronel de la vieja escuela que además de estar de vuelta de todo, prevee el futuro, y Maximilian Schell el paradigma de todo lo que hizo odioso al ejercito alemán. ¿Qué le haría a Peckinpah elegir una novela poco conocida en un frente lejano de una guerra en que participó su país? ¿Demasiado antimilitarista para la época?

La película tiene coincidencias con varios elementos de los relatos bélicos de Sven Hassel: un pelotón que prácticamente hace la guerra por su cuenta y que, otra casualidad, también es la 2ª Sección.

cruz_hierro-4.jpgPara el final, Peckinpah retoma el de Grupo Salvaje: un niño-soldado mata a Schell/Holden, un joven termina con una vieja época. Es posible que Orson Welles comparara la película con el panfleto La batalla del Rio Neretva, un título alimenticio en el que participó, según el dicho de “estrella especialmente invitada y espléndidamente pagada” en el mismo lugar de rodaje y la misma guerra.

Hay tantas cosas misteriosas que acercan Peckinpah a Welles... En ambos casos, ¡Dios, qué grandes cineastas si hubieran tenido buenos productores!