Cuando la única solución es la muerte

  04 Enero 2008

Escribe Luis Tormo

sam-18.jpgPeckinpah es uno de esos cineastas donde los aspectos que rodean la creación de sus obras resultan interesantes, o cuanto menos, aportan datos fundamentales para ahondar en las claves de su universo fílmico. En cierto modo, el autor de Grupo salvaje pertenece a esa generación de hombres de cine donde “la vida es más interesante que la obra”, frase genial de Welles referida a John Huston, quizá excesiva, pues al fin y a la postre lo que nos interesa es lo que han plasmado en sus películas, no su vida, pero como frase lapidaria sirve para destacar vivencias que luego tienen su reflejo en la pantalla.

Un denominador común que surge cuando revisamos la obra de Peckinpah es la enorme dificultad que tuvo para mantener una continuidad en su trayectoria artística (no con sus colaboradores, que solían ser siempre los mismos, pero sí con los estudios). Ya desde el principio, con Mayor Dundee, el director americano vio cómo sus proyectos eran mutilados, censurados, cuando no directamente boicoteados. Nacía así la leyenda de outsider que tanto perjudica la producción en el entorno de cine entendido como industria en el que se movía el director americano. Es por ello que las noticias sobre los retrasos en los rodajes o el despilfarro en las producciones terminaban convirtiéndose en algo más que meros cotilleos, lastrando la imagen para futuros proyectos.

No es necesario ahondar con detalle en estos temas pues son por todos conocidos, pero prácticamente toda su filmografía se ha visto salpicada de problemas; de hecho, recientemente hemos podido acceder a una versión de Pat Garrett y Billy the kid que se acerca a lo que su realizador pretendió hacer en su momento, es decir, estamos hablando de más de treinta años después de su estreno (también acaba de aparecer una versión de Mayor Dundee que incorpora el metraje recortado en su momento). Estos problemas se fueron acrecentando y los últimos filmes, pese a tener gran parte de los temas recurrentes de su universo particular, dejan mucho que desear por el escaso margen creativo del que disponía el director. Peckinpah terminó sus días siendo un inadaptado para la industria del cine.

companyeros-3.jpgEsta escasa adaptación tenía mucho que ver también con el tiempo que le tocó vivir. Peckinpah empezó a desarrollar su carrera en el periodo en que el cine clásico, como lo entendemos, llegaba a su fin (su primer filme, The deadly companions, es de 1961). No formó parte entonces de la generación de los clásicos (Ford, Huston, etc.), pero tampoco de la generación de realizadores que marcó las nuevas tendencias: la gente que se adscribía al cine independiente o los directores que se llamaron de la televisión por comenzar sus trabajos en ese medio (Lumet, Penn, Frankenheimer, Ritt, etc.), a pesar de que Peckinpah se inicio en la televisión e incluso después de su primer trabajo para la pantalla grande volvió al trabajo televisivo.

En realidad, pretendió hacer un cine clásico cuando ya no tocaba, pues aunque se destaquen aspectos de su obra que son característicos del cine de los 60 y 70, tanto en la temática (la violencia) como en el ejercicio de estilo (el uso del zoom, de la cámara lenta, los insertos o el uso del montaje), si analizamos su cine, debajo de la pátina más moderna se adivina un clasicismo que empapa la mayoría de su filmografía.

Peckinpah es, por lo tanto, un inadaptado, alguien independiente, luchando contra un modo establecido de hacer las cosas, posiblemente empujado también por sus propios errores, y esta inadaptación es para mí un aspecto fundamental en la temática de sus películas. El autor de La huida ha dejado una cantidad de temas que se rastrean a lo largo de sus películas (la amistad, la traición, la infancia, la violencia, las mujeres, Méjico, etc.) pero el tema del personaje que se encuentra fuera de lugar, incapaz de adaptarse al momento o la situación que vive se sitúa en el eje central de su filmografía.

En su primera película significativa, Duelo en la Alta Sierra, los dos personajes principales ya encarnan la dificultad de luchar contra un mundo que ya no es el suyo: dos viejos que malviven representando unos papeles para los que no estaban destinados. La misión emprendida, el camino equivocado de Randolph Scott, la dignidad de Joel McCrea y la defensa de sus convicciones al final de la película, representada en ese duelo “como los de antes”, ejemplifica la necesidad de volver a los valores verdaderos. La muerte de McCrea, en ese hermoso plano final, no hay que verla como un hecho negativo pues, como Peckinpah irá mostrado a lo largo de los filmes siguientes, es sólo una consecuencia más de esos personajes desubicados.

mayor_dundee-1.jpgEn su siguiente filme, Mayor Dundee, se refuerza la figura del inadaptado a través de otros dos personajes, dos soldados, uno perteneciente al bando ganador (Charlton Heston) y otro al perdedor (Richard Harris). En este contexto, no son dos ancianos, es decir, el tema de Peckinpah no se refiere a la edad, sino a la forma de afrontar y entender la vida. Los valores y las tradiciones que defiende Richard Harris, un soldado sudista, ya han sido barridos por los ganadores. Harris, al frente de un pelotón de detenidos, aparece como la representación de un ladrón. Será otra vez, al final de la película, cuando en un gesto heroico, recuperará su verdadero rol, que como a tantos otros personajes que pueblan estas películas, le costará la vida.

Hay que remarcar que estos papeles de inadaptados se representan habitualmente en un doble esquema, encarnados casi siempre en dos personajes que sufren las mismas consecuencias. Está muy claro en Duelo en Alta Sierra y Mayor Dundee, pero aun es más evidente en Grupo salvaje o Pat Garret y Billy the kid. Es decir, Peckinpah no está mostrando un personaje bueno y otro malo, un personaje que se adapta a las nuevas circunstancias y otro que no llega. En realidad, todos son unos perdedores.

En Grupo salvaje el esquema es el mismo, dos grupos, perseguidos y perseguidores, y ambos identificados con las mismas características, perdedores, asesinos, ladrones, inadaptados, y donde el dueto de protagonistas (William Holden, Robert Ryan) se unirán en el gesto final que los dignifica. Como siempre en esta clase de filmes, la muerte termina por convertirse en única salida. Y no nos referimos sólo a la muerte física. El hecho de que un determinado personaje quede vivo no significa un aspecto positivo, cuando Robert Ryan, Charlton Heston o Randolph Scott logran sobrevivir en sus respectivas películas, no significa necesariamente un final feliz; en el fondo, sabemos que son iguales a los que se han quedado en el camino.

grupo_salvaje-13.jpgQuizá el ejemplo más claro de esta temática sea Pat Garrett y Billy the kid. En esta película, el representante de la ley (James Coburn) y el forajido (Kris Kristofferson) están situados en el mismo nivel, es más, el canalla casi tiene una mayor dignidad. Los personajes, y el espectador, saben que su destino es morir, su tiempo ya pasó, el forajido malvive en la época actual con actitudes del pasado y el ahora representante de la ley sabe que ése no es su papel. Uno morirá, otro vivirá, pero el que queda vivo está en realidad muerto. Cuando los niños apedrean a James Coburn sabemos que ese personaje ha dejado de existir (de hecho, en la nueva versión del filme vemos cómo Peckinpah filmó la muerte del Coburn y la insertó al principio del filme, convirtiendo la película en un largo flash-back). En esta película la idea de que la muerte es la única solución impregna y llega a todos los personajes, principales y secundarios (está película tiene el mejor ejemplo de aceptación de la muerte en la escena donde Slim Pickens muere frente al río mientras suena Knockin' on heaven's door de Bob Dylan).

Podríamos seguir poniendo ejemplos. El vaquero que no sigue los nuevos rumbos en Junior Bonner, el matemático perdido en Irlanda en Perros de paja o uno de los personajes más significativos, el de Cable Hogue que muere atropellado por la representación de los nuevos tiempos, el automóvil. Incluso en la parte final de su filmografía se repite este mismo tema, La cruz de hierro, su última película interesante, vuelve a mostrar esa dualidad de personajes unidos en la muerte como solución.

clave_omega-2.jpg 
   Peckinpah rodando Clave Omega

Entendido de esta forma, la muerte aparece como liberadora y desprovista de la carga pesimista y trágica que solemos tener asociada al fin de la vida, pues los personajes terminan eligiéndola amparándose en su código ético. Ya hemos comentado con anterioridad que muchos de esos personajes ya están muertos aunque deambulen por el mundo. Es por ello que reiterando la idea que exponíamos al principio de este artículo, puede ser que Sam Peckinpah, tanto en su trayectoria artística como personal, con el transcurso del paso de los años intentase sobrevivir en la industria realizando trabajos alimenticios en los que pudiera dejar resquicios de su personalidad (Convoy o Clave Omega), aunque finalmente acabó representando un ultimo personaje muy similar a los modelos que poblaban su filmografía.