¿Cómo es posible amar a Sam y detestar a Sergio?

  04 Enero 2008

(Pequeñas reflexiones a partir del “censurado” comienzo de Pat Garrett y Billy the kid)
Escribe Adolfo Bellido

pat-1.jpgPeckinpah sufrió repetidamente las iras de la censura de los productores. Su cine tenía que ser de otra forma. Tal como él se empeñaba en acabarlo no resultaba comercial. Durante los rodajes se produjeron con los productores frecuentes controversias que llevaron a este descendiente de indios a vivir unos borrascosos rodajes, que le condujeron a una vida infernal. Su huida de aquella lucha con los amos del dinero se convirtió en una bajada a los infiernos del alcohol y posteriormente de las drogas, con lo que se precipito su muerte y emborronó, además, su obra cinematográfica, que prácticamente desde sus comienzos adquirió grandeza, pero que en su final se desvirtuó con el dibujo de garabatos inconcretos y de dudosa valía.

Probablemente su última obra cercana a la maestría sea Pat Garrett y Billy the kid. Una película austera y madura que certifica la muerte del western, algo que también se planteaba en su más clásica (y redentora) Duelo en la alta sierra o en la cruenta y atosigante Grupo salvaje.

Del filme, animado por la figura de esa especie de juglar que representa Bob Dylan, emergen temas propios del western, pero a los que, convenientemente, se les da la vuelta. Por ejemplo la amistad, el “motivo” por excelencia de tantas y tantas películas del género. Aquí la amistad se transforma en un gesto de codicia asesina. Algo que no aparecía en las citadas Duelo en la alta sierra o Grupo salvaje. En ellas la aparente ruptura entre los amigos deviene en alabanza de ellos, en cumplimiento de misiones que quedaron pendientes en el ayer. Aquí nada de eso ocurre. La avaricia, y no sólo eso, llevará a contravenir las reglas. El amigo asesina al amigo. Y cree que con su muerte ganará en el cambio. Nunca ha llegado Peckinpah, ni llegará, tan lejos. En su posterior realización, Quiero la cabeza de Alfredo García, habrá una curiosa (pero es otra cosa) inversión de términos. El asesinado y el asesino se harán (a través de su cabeza conservada y transportada) inseparables, pero eso deviene de otra manera. Curioso es que este tema (el traslado de un muerto a lo largo de un camino produciendo un claro itinerario metafórico) aparezca ya en la primera película que dirige Peckinpah, Compañeros mortales, pero es que en su primerizo e incompleto filme aparecen varios de los temas e ideas explotados en su posterior obra, como la búsqueda de alguien para vengarse, el perdón del vengador, el disparo a la propia imagen reflejada en un espejo, los niños como seres que miran, aprenden y comienzan a actuar...

pat-2.jpgLa versión censurada por la propia productora de Pat Garrett... parecía cerrarse con el triunfo del personaje de Pat. Mataba a Billy y se instalaba, rico y quizá respetable, en unas tierras regadas con sangre. Pat sería un importante hombre de la nueva, descontrolada y ficticia, América. De todas maneras, un plano anterior al fin nos dejaba ver, por si había alguna duda, cómo Pat disparaba además de contra Billy contra sí mismo: abatía a balazos su imagen reflejada en un espejo (imagen “retomada” de las primeras escenas de Compañeros mortales). Era su propio final, una especie de suicidio personal o, simplemente, de aquello que representaba: el falso orden impuesto por una “manipulada” ley a gusto de los magnates. La muerte del “oeste” ya la había certificado, aunque de otra manera, John Ford en la excelente El hombre que mató a Liberty Valance.

Actualmente podemos ver la versión completa de Pat Garrett... en DVD. Comprobamos que, además de algunos otros planos, falta totalmente el inicio del filme, que ha sido montado, en la parte que queda, de manera que no queden atisbos de aquello que ha desaparecido. Lo que ahora vemos (los momentos que fueron eliminados) es la muerte, traicionera también, de Pat. El personaje engreído, crecido en su falso poderío de leyenda, ganado por la muerte de Billy, va a caer acribillado en una de las tierras que Chisum le entregó por haber matado al ser que incordiaba sus tierras. Finalmente, como queda clarificado en este comienzo, el ganadero “rico” es el triunfador. La nueva tierra, llena de odio y de traiciones, no es para los hombres que hicieron el “oeste”. Ellos han sido los actuantes de una época y ahora deben morir: nadie debe quedar como testigo.

pat-6.jpgPat, en el inicio del filme, muere en sus tierras encorsetado por las balas de los otros asesinos a las órdenes de Chisum. Y en su muerte, sus ojos le llevan a vislumbrar el encuentro con Billy. Hay un preciso montaje en el que los planos de caída al suelo de un Pat malherido se unen con los planos de un Billy vivo, divirtiéndose a su manera con sus compinches a la entrada de un pueblos. Dispara y mata a gallinas... Una imagen del pasado enlazada con la del presente. La planificación, sin fisuras, simula el duelo entre los dos hombres. Tan imposible como revelador. Patt “ve”, y hace ver al espectador, al hombre que mató con anterioridad y que ahora parece (en esa imagen donde el presente y el pasado se funden) enfrentarse a él en singular duelo. En realidad, incluso, llega a parecer que es Billy el que mata a Pat. Este recuerdo a las puertas de la muerte es el que pone en marcha la película y la adentra por el terreno de la desmitificación y la violencia, que tiene a su alrededor a unos testigos de excepción: los niños, seres que pueblan el cine de Sam Peckinpah y que son otro de los espejos (éste simbólico) de los se sirve para expresar sus ideas. Seres marginados, de aparente escasa importancia o presencia en su cine, creciendo en un entorno de inocencia, Son, en general, traumatizados (y a veces gélidos) representantes de una posterior existencia. El porvenir que les espera no es nada halagüeño.

La película muestra así (introduciendo el filme hacia un gran flash-back) el duelo entre Pat y Billy que propiciará, en su inicio que es también su final, la muerte de Pat. Desde el comienzo deseaba Peckinpah dejar todo suficientemente aclarado. Muertes de gallinas que no son sino el referente de las propias imágenes. El (falso) duelo frente a frente de los dos protagonistas supone la muerte de Garrett. Con ella (y la de Billy) también asistimos a la muerte de los western como género. Los niños corretean por las calles, admiran al bandido Billy, mientras ven que allí llega Pat. He aquí otra de las imágenes que tanto preocupan al realizador. Los niños de su cine (representativos de unos años locos) son seres que se preparan para ser los nuevos responsables del mundo que llega y que sustituirá al anterior.

pat-5.jpgEn Peckinpah, el cine embebido de lo clásico, en sus comienzos, va transformándose poco a poco en una personal reflexión sobre la viabilidad del propio género. Si su primera obra (con Duelo en la alta sierra, como abanderada) respira clasicismo por todas partes, la posterior va buscando nuevas formas representativas, en las que se respira una cierta visión novedosa. Pero, luego, desde el mismo Grupo salvaje el cambio parece mirar a otras fuentes de un cine más cercano. Y sobre todo habrá que hacer referencia a la obra rompedora de Sergio Leone. Peckinpah comparte con el director italiano varias cosas además del regusto por la violencia, la suciedad y lo mal hablado o encarado de sus personajes. Cuando rueda Grupo salvaje, Leone está triunfando en Europa y también en América con su serie sobre el hombre sin nombre. Leone arropa una ética nueva con una estética diferente, chocante. Sus primeros planos en la pantalla grande, el uso exagerado del zoom, el rodar planos de movimiento con el “tele” en acción, el caótico entorno de la representación, el asentamiento en la violencia... son formas representativas, muchas veces mal entendidas, que se extienden tanto dentro como fuera de España e Italia. Es, cuando este cine está en su apogeo, cuando también el montaje de las películas de Peckinpah aparece como rompedor. No le preocupa el rodar con el tele o de hacer notables zooms... En la mirada inquieta de Leone parece haber encontrado algo que puede importar a su cine sin que por ello pierda personalidad.

No puede, por ello, resultar extraño que Leone se permita alguna broma a costa de Peckinpah. La más destacada tiene lugar en Mi nombre es ninguno con guión de Leone, y responsable también, según algunos estudiosos de su obra, de la dirección –al menos en parte–. En ese filme, durante un tiroteo en un cementerio, uno de los personajes se resguarda detrás de la lápida de una tumba, cuya inscripción proclama “casualmente” que allí está enterrado un tal Sam Peckinpah. Humor negro de otro duro certificador de la muerte del “oeste”. Realizadores ambos de tiempos cambiantes, revueltos, donde la amistad, el honor y la caballerosidad parecen ser sólo ecos del pasado. Las muertes repetidas de sus películas si parecen tener (o pagar) algún precio.

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   Sam Peckinpah, Giuseppe Rotunno, Sergio Leone y Monte Hellman