Los hombres duros no lloran

  12 Diciembre 2006

Escribe: Patricio Ruiz

¿Quién lo iba a decir? Después de tantas obras maestras que ha dado el cine sobre el noble arte del boxeo, viene un púgil/pugila (según la terminología al uso) y los tumba a todos.

España no es un país especialmente amante del boxeo, aunque ha habido épocas gloriosas a nivel continental y alguna ocasión en los diferentes, opuestos y controvertidos campeonatos mundiales. Hay una película significativa Young Sánchez de Mario Camús apoyada por un relato del premiado y malogrado escritor Ignacio Aldecoa; alguna humorada como El Tigre de Chamberí, alguna patochada de algún juguete roto de nuestros cómicos, por cierto, también un episodio de Juguetes rotos de Manuel Summers en el que aparecía uno de los grandes, Paulino Uzcudún. Por motivos piadosos no menciono El marino de los puños de oro y algún reciente estreno.

Pero lo que aquí y entonces era la afición de unos cuantos cambia radicalmente en Estados Unidos, donde impera el espectáculo, el negocio, la mafia, las apuestas y, un poco, la afición. Y eso que las más grandes películas del tema, a excepción de una saga, siempre lo han criticado, estigmatizado, condenado, en algunas separándolo sólo lo mínimo del cine negro.

Cuerpo y alma de Robert Rossen, con guión de Polonski e interpretación de John Garfield, tres brujas, es dura, pero muy auténtica.

Nadie puede vencerme o El luchador de Robert Wise son auténticas porque Robert Ryan emana sensibilidad y había sido boxeador.

Gentleman Jim de Raoul Walsh, una buena película sobre un boxeador auténtico, Jim Corbett, un caballero en el cuadrilátero e inventor del gancho de izquierda... y Errol Flynn en paños menores.

Marcado por el odio de Robert Wise sobre la vida del campeón mundial de los Pesos Medios, Rocky Graziano, también Paul Newman en paños menores y la revelación de Pier Angeli. Está basada en la autobiografía de Graziano, un boxeador que como muchos de ellos procedía de la delincuencia; debutaban el cine George C. Scott y Steve McQueen.

Réquiem por un peso pesado de Ralph Nelson, la historia de otro peso pesado, esta vez hispano, con el aliciente de la presencia de Jack Dempsey y Cassius Clay.

Más dura será la caída, el paradigma del cine de boxeo, está dirigida por Mark Robson y tiene muchos alicientes: Humphrey Bogart en su última película ya enfermo; basada en un relato de Budd Schulberg que conocía profesionalmente el intramundo del boxeo; es la triste historia de un peso pesado hispano (Primo Carnera posiblemente) y algunos boxeadores famosos de teloneros: Jersey Joe Walcott, Max Baer...

Y una de esas películas llamadas de culto, Toro Salvaje de Martin Scorsese, en la que Robert de Niro incorpora a otro campeón mundial, en esta ocasión de los pesos medios: Jake LaMotta.

Más reciente, Cinderella Man de Ron Howard, con Russell Crowe y la musculatura residual de su época de Gladiator representando a otro boxeador auténtico: Jim Braddock.

Ali de Michael Mann incorpora a la pantalla a un showman, Cassius Clay, un magnífico campeón de los pesos pesados que no lo parecía, y una película compleja mas allá del boxeo.

Queda Rocky y de esa saga no puedo opinar porque quedé knock-out con el primer crochett o uppercut, me pareció ver las consabidas estrellitas en el calzón del noble bruto, y me he perdido los rounds II, III, IV... y ya no se por cual van ahora.

Y ahora viene una niñata y...

Clint, Clint, Clint: segundos fuera.