Mo cuishle

  12 Diciembre 2006

Escribe: Arantxa Bolaños de Miguel

Está considerada por muchos como la mejor película del año 2005 [2] y compite en posición merecida con la última película de Woody Allen, Match Point. El ya director de sobra consagrado y considerado por muchos como “el último cineasta clásico” ha conseguido filmar aquí otra obra maestra. [3] Llena de sutilezas, con un guión inteligente y una historia que habla por sí sola, el director se mantiene al margen sin mostrar falsos moralismos ni adoctrinamientos.

Si bien el tema parece ser muy sencillo, y aunque la narración es lineal y habitual en muchos largometrajes americanos, lo verdaderamente difícil de hacer siempre es lo aparentemente sencillo. Con una cuidada puesta en escena en la que predominan los fundidos para cambiar de secuencia, se nos van presentando uno a uno a todos los personajes para que comprendamos mediante sus acciones la función que van a desempeñar en esta historia sobre el boxeo, excusa argumental que esconde una metáfora de la propia existencia.

El entrenador de boxeo (interpretado por el propio Eastwood) es un hombre amargado que vive su vida en un gimnasio mugriento junto a su amigo Scrap. Vive atormentado por la falta de comunicación con su hija y asiste diariamente a misa para buscar en la religión el consuelo que necesita, pero su amplitud mental le hace replantearse la fe y las cuestiones religiosas y, por lo tanto, no encontrar el alivio anhelado. A través de este personaje, un católico irlandés y de su afición por la poesía de W. B. Yeats [4] , nos desvela su pasión y tributo hacia uno de los mejores directores de todos los tiempos, John Ford, y a su obra maestra: El Hombre Tranquilo (1952).

Pero la vida de este entrenador va a cambiar cuando conozca a una chica, Maggie (Hilary Swank), llena de agallas y de empuje por conseguir su sueño: que Frankie Dunn (Clint Eastwood) la entrene para conseguir el título mundial en boxeo… El tono epistolar en el que se nos narra esta relación viene dado de la mano del personaje filosófico y tranquilo: Scrap (Morgan Freeman), el fiel amigo de Frankie Dunn.

A simple vista, el lema del filme parece ser “Protégete a ti mismo”, digna revisión del clásico socratiano “Conócete a ti mismo”. Pero a medida que avanza el metraje y en su segunda mitad, nos vamos percatando de que aunque seguir esta máxima nos protege de los peligros de la vida, también esta sentencia nos impide disfrutar de muchas sensaciones que por el miedo a equivocarnos, fracasar o perecer, nos reprimimos a nosotros mismos.

Como acabo de mostrar, el filme está estructurado en dos partes consecutivas, una primera parte, en la que se refleja la lucha por una pueblerina sin recursos pero con toda la ilusión necesaria y la voluntad para llevar a cabo su sueño: ser boxeadora y competir por el título mundial [5] . La segunda, es pues, otra lucha, pero esta vez la lucha por conseguir una vida digna en una situación trágica. Debido a la mala jugada de una boxeadora que le golpea mientras ella está despistada se ve abocada a una existencia vegetativa por una parálisis total que la mantiene postrada en una cama de hospital. Así, sin llegar a ser un filme lacrimógeno, no desdeña la importancia de plantear temas candentes y de necesario debate como es la eutanasia y la necesidad de elegir sobre nuestra vida y de poner fin a ella si las circunstancias imposibilitan una vida digna de ser vivida. Este tema ha sido llevado muchas veces a la pantalla –como ejemplo de ello valga la sobrevalorada Mar adentro (Alejandro Amenábar, 2004)–, pero Clint Eastwood mantiene en todo momento una mirada objetiva, aunque no distante sobre el tema.

Después de las magníficas Piano Blues (2003) y Mystic River (2003) [6] , este cineasta vuelve a adaptar [7] (como ya lo hiciera en otras ocasiones) un relato a la gran pantalla, acompañado del guionista Paul Haggis (que se ha convertido en director con la polémica y pueril Crash).

Aunque se desarrolle en el mundo del boxeo, ésta no es más que una historia de amor paterno filial en la que no importa tanto los vínculos sanguíneos como la unión entre dos personas que se necesitan. Es una simbiosis en la que cada uno consigue lo que necesita: ella protección, y él cariño y admiración. Cada uno de los dos está exento en su vida familiar de unos lazos que reconforten y hagan sobrellevar el día a día con tesón y alegría, pero van a encontrar en el otro la parte que necesitan para reencontrarse a sí mismos, para disfrutar de amar y sentirse a amados.


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[1] Expresión irlandesa que significa “Mi querida, mi sangre”, con la que el personaje interpretado por Clint Eastwood bautiza a su “hija adoptiva” (el personaje de Hilary Swank).

[2] De hecho, en los Oscars se llevó los galardones de Mejor película, Mejor director, Mejor actriz -Hilary Swank– y Mejor actor de reparto –Morgan Freeman–.

[3] Él mismo nos aclara sus motivos por los que se pasó a la dirección: “ser actor es agradable y procura muchas satisfacciones. Me apasionó durante años. Pero si uno quiere comprometerse a fondo con la producción de un filme tiene que hacerlo todo, ser simplemente actor es muy pasivo, solamente implica una pequeña parte del conjunto. Me gusta implicarme en el proceso de la puesta en escena y lógicamente es a lo que tenía que llegar”. Citado en el libro Clint Eastwood (Antonio Trashorras), Ed. JC Colección Directores de Cine, nº 45. Madrid 1994 (pág 49).

[4] En un momento de la cinta Clint Eastwood (Frankie Dunn) lee a Hilary Swank (Maggie Fitgerald) un poema, como preludio de su destino:

LA ISLA DEL LAGO: INNISFREE

Me levantaré y partiré ahora, partiré hacia Innisfree,
Y construiré allí una pequeña cabaña, hecha de arcilla y zarzas:
Nueve surcos de judías tendré allí, y un enjambre de abejas,
Y solitario viviré en el claro rumoroso.

Y algo de paz allí encontraré, pues la paz gotea lentamente,
Gotea desde los velos de la mañana hacia donde el grillo canta;
Allí la medianoche es toda un tenue brillo, y el mediodía un fulgor púrpura,
Y lleno está el atardecer de las alas del pardillo.

Me levantaré y partiré ahora; pues siempre, día y noche,
Escucho, junto a la orilla, el suave chapotear del agua del lago,
Y mientras permanezco sobre la calzada, o sobre la gris acera,
Lo escucho en lo más profundo de mi corazón.

[5] Esta fuerza que transpira la protagonista no le es ajena a Clint Eastwood, ya que siguió en su vida el consejo paterno “nada conseguirás sin esfuerzo. Nada te regalará nada. No debes pasar las oportunidades que se te presenten.” Clint Eastwood (Antonio Trashorras), Ed. JC, Colección Directores de Cine, n45 Madrid 1994, pág 17.

[6] En la que “reinventa las formas del melodrama criminal acercándolo a las texturas emocionales de las grandes tragedias americanas y, en este sentido, recuerda algo a Cruzando la oscuridad (Sean Penn 1995) y El juramento (2001), las espléndidas segunda y tercera película como director de otro actor estadounidense alejado de los fuegos de artificio de Hollywood”, en Quim Casas, Clint Eastwood. Avatares del último cineasta clásico, Ed. Jaguar. Madrid 1990, p.171.

[7] En este caso Million Dollar Baby es la adaptación al cine de uno de los relatos de F. X. Toole, incluido en el volumen Rope Burns. Stories from the corner (2000).