El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford (The Assassination of Jesse James by the Coward Robert Ford, 2007)

  04 Febrero 2020

El antiwestern por excelencia

el-asesinato-de-jesse-james-0Jesse James fue un famoso forajido del Viejo Oeste que, tras unos primeros años de formación con la guerrilla sudista de Quantrill, no tardará en montar su propio negocio de latrocinio empleando amigos, hermanos y primos con los que asaltará trenes y bancos en el medio oeste de los Estados Unidos. Fue tal su fama, que innumerables novelas en barato papel de pulpa, baladas al banjo y obras de teatro abonaron el imaginario de los coetáneos de Jesse, que paradójicamente lo consideraban un héroe, un vecino ejemplar al que marshalls y detectives de la Pinkerton profesaban una ojeriza injustificada. Pero reconozcámoslo, los incautos que fatídicamente se cruzaron en su punto de mira no tenían una opinión tan favorable del personaje.

El cine no pudo escapar a su influjo y alrededor de 40 películas se pueden rastrear en los que aparece Jesse James, a veces como protagonista y otras en un papel secundario. Desde títulos señeros del cine clásico como Tierra de audaces (Henry King, 1939), La venganza de Frank James (Fritz Lang, 1944) o La verdadera historia de Jesse James (Nicholas Ray, 1957), hasta aproximaciones del New Hollywood como Sin ley ni esperanza (Philip Kaufman, 1972) o Forajidos de leyenda (Walter Hill, 1980), estas últimas rodadas en unos tiempos donde el western comenzaba a perder el favor del público y languidecía sin remisión, acuñándose el adjetivo de crepuscular para estas historias melancólicas y violentas.

Por otro lado, algunos hechos históricos en los que participó el bandido de Missouri son tan potentes, como la balacera en el pueblo de Northfield o sus asaltos a trenes, que sin pretenderlo han influido a buena parte de films de outlaws de todos los tiempos.

Y cuando parecía que poco se podía añadir, en 2007 el director neozelandés Andrew Dominik, con producción de Ridley Scott y Brad Pitt, se embarca en una nueva aproximación a la figura de Jesse James. Crea un western atípico, de larga duración (160 minutos), hechuras indie y donde la acción brilla por su ausencia, dándole un tempo mortecino en consonancia con la tesis principal del film, la inminencia de la muerte del mito a manos del cobarde Robert Ford.

¿Quieres ser como yo o quieres ser yo?

El western se define por unas pautas argumentales y una imaginería tan bien establecidas que cualquier variación o alejamiento de esos códigos nos causa perplejidad. Esperamos que el forastero llegue al pueblo para hacer justicia, que abunden los tiroteos, que aparezca la «chica» pizpireta, las cabalgadas por las llanuras con épica banda sonora de fondo y los duelos a la puerta del salón. En definitiva, todo aquello que consideramos idiosincrático del género, y que con la llegada de los nuevos tiempos y la búsqueda de fidelidad histórica cada vez reconocemos menos.

Por eso El asesinato de Jesse James por el cobarde Robert Ford es en mi opinión la esencia del antiwestern, con permiso de Jim Jarmusch. No encontraremos duelos al sol, los caballos van al paso, los tiroteos son inquietantemente realistas y en consecuencia chapuceros, los personajes se definen por lo que dicen pero más aún por sus silencios, y la fidelidad de las localizaciones y el vestuario la emparentan más con el cine histórico que con la iconografía del western convencional. Además, las mujeres van a jugar un papel muy secundario en esta historia, con escasas líneas de dialogo, siendo solo una figura borrosa al fondo del encuadre al cuidado de los niños y al servicio de los hombres.

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El film de Dominik nos muestra a un Jesse James solitario y taciturno, sin apoyo de su hermano mayor Frank y con la banda prácticamente diezmada. El forajido intentará pasar desapercibido ejerciendo de padre de familia y relevante hombre de negocios, pero está cada vez más acorralado por el gobernador y las fuerzas de la ley, que tientan con recompensas y beneficios penitenciarios a los miembros del gang que no han sido detenidos o muertos. Esto determina el carácter bipolar del forajido (bien interpretado por Brad Pitt, Copa Volpi al mejor actor en 2007), que pasa por periodos depresivos, torturado por oscuros presagios, alternando con brotes expansivos y paranoicos que le obligan a cambios frecuentes de domicilio y a una espiral de venganza sobre los miembros del grupo que consideraba traidores.

Pero sin duda alguna el aspecto más interesante es la relación que se establece entre el joven Robert Ford y Jesse James. Ford es representado como un groupie obsesionado tanto por el hombre como por su representación mítica. Busca incansablemente su aceptación y reconocimiento (su hermano mayor Charlie Ford intercede ante Jesse para que lo acepte en la banda). El mayor deseo del imberbe fan es permanecer todo el tiempo posible a su lado, tanto con el James ficticio de las novelitas que guarda en una caja metálica bajo la cama, como con el James real que lo trata generalmente con desconfianza y displicencia.

Bob Ford anhela descollar, no ser ninguneado, identificarse con su «héroe», hasta el punto que en un momento del film, un Pitt algo abrumado por esa sombra que le acompaña permanentemente le comenta: «No lo entiendo, ¿quieres ser como yo o quieres ser yo?». La interpretación de Casey Affleck es magnífica y llena de sutilezas (fue nominado al Oscar al mejor actor secundario), pasando tanto él como su hermano (estupendo también Sam Rockwell) por distintas fases, desde la admiración y la entrega incondicional, hasta el temor más cerval a ser asesinado por el líder, obligándoles a un cambio de estrategia, en la que llegaron a imaginar que la fama y el dinero llegaría al fin si acababan con Jesse James.

La muerte de James por Bob Ford en el salón familiar, como es conocido, a traición de un tiro en la cabeza mientras limpiaba de polvo un cuadro, está bien resuelta por Dominik, dándole a mi entender unas connotaciones religiosas innegables. Pitt parece conocer o intuir su destino (como un remedo de Jesucristo en el huerto de los olivos), se quita las pistolas y da la espalda conscientemente al Judas Affleck para que éste cumpla su misión.

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El último tramo del film muestra el descenso a los infiernos de los hermanos Ford, con el rechazo del pueblo que los considera pura escoria y obligados a revivir en cientos de representaciones teatrales probablemente el episodio más perturbador de sus existencias. De nuevo el film nos presenta la dualidad entre la realidad y la reinterpretación artística de esa realidad, en este caso la representación teatral.

Aunque esa aproximación cultural al hecho histórico concreto también ha llegado a nuestros días en forma de literatura, cine (el propio film que nos ocupa), videojuegos o la pintura —véase la obra Remake de la serie Print the legend del pintor Chema López, donde se reproduce una imagen duplicada de la clásica fotografía de Jesse James, completado por el ensayo teórico que el propio artista elabora a partir de dicha obra (1).

La dirección de Andrew Dominik es eficaz, aunque excesivamente deudora del tono contemplativo y lánguido que emplea Terrence Malick en sus films, con algún inserto empalagoso (la mano acariciando a cámara lenta las espigas de trigo). Varios aspectos de su puesta en escena resultan muy interesantes como los frecuentes travellings de seguimiento de los personajes desde la espalda asociado al efecto de desenfoque de los segmentos laterales del encuadre, que nos recuerdan  visualmente a los trabajos recientes de László Nemes.

Por último, no debemos obviar la envolvente banda sonora de Warren Ellis y Nick Cave, este último amigo y protagonista de un documental del director (One More Time with Feeling, 2016) y la extraordinaria fotografía de Roger Deakins (también nominado al Oscar); sólo hay que ver la prodigiosa utilización de la luz empleada en la escena del asalto nocturno al tren en Blue Cut. Vemos a los miembros de la banda ocultos por las sombras, los claroscuros y la luz de las antorchas, el tren que intuimos cercano por el sonido y el foco frontal y finalmente el recorrido de Frank James por el vagón de tercera, con una apabullante ambientación y dirección de arte, donde el hermano de nuestro héroe no duda en desplumar a todo quisque por pobres que estos fueran.

Un auténtico Robin Hood, vamos.

Escribe Miguel Ángel Císcar


Nota

(1) El ladrón y el copista: duplicaciones y repeticiones para crear realidad desde la ficción. Chema López. Ed. Universidad Politécnica de Valencia. 2012.

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