Desapariciones (The missing, 2003), de Ron Howard

  05 Febrero 2020

Estrambótico remake salvado por los actores

desapariciones-0Se desarrolla la historia en una zona perdida y boscosa del suroeste norteamericano donde vive una joven y bella mujer, Maggie Gilkenson (Blanchett), con sus dos hijas y dos ayudantes para cuidar el ganado y los cultivos. Es una zona aislada y distante de la ciudad.

Un buen día y de forma inopinada, aparece por el rancho el padre de Maggie (Tommy Lee Jones), un hombre que abandonó a su madre, a su hermana y a ella misma cuando aún era una niña. Ahora ha aparecido con todo el aspecto de un indio, tanto en la ropa como su largo cabello y sus creencias.

Coincidiendo con esta inesperada visita, su hija mayor (Evan Rachel Wood) es secuestrada por un brujo indio que posee extraños poderes. Entonces Maggie recurre a su padre para recuperar a su hija y a otras niñas que han sido raptadas también por el maligno chamán indio y sus hombres, que pretenden llegar a Méjico para venderlas. La comitiva raptora va dejando a su paso una estela de horror y muerte.

Maggie y su padre, junto con otros dos indios amigos que se les unen, se lanzan a una veloz galopada con breves intervalos de descanso, para salvar a la chica antes de que lleguen a la frontera mexicana y desaparezca para siempre.

El director todo terreno Ron Howard hace una versión libre de una reconocida película, Centauros del desierto, 1956, de John Ford; pero a decir verdad, las diferencias son ostensibles y la calidad también. Mientras la película de Ford es todo un alarde del mejor western, esta película es bastante mediocre y con una dirección que deja que desear.

La película carece de una seña de identidad unívoca y, dejando aparte el cuadro de intérpretes, habría podido acabar media hora antes. Como apunta Ocaña: «Tiene todas las características del cine de Howard, presididas por la corrección y la impersonalidad [...] buena factura y una excelente dirección de actores [...] dos finales: el que debería haberse convertido en desenlace, a una media hora de sus 137 minutos, y el de verdad, que nada aporta». Realmente es así, aunque se puede ser también algo más benigno, depende de cada cual. La película tiene también escenas emocionantes, crudas, que otorgan al conjunto una gran visualidad.

El guion de Ken Kaufman es adaptación de la novela de Thomas Eidson, The last ride (1995), retitulada como The missing. Sea como fuere, el libreto tiene lagunas importantes y apenas sustenta una historia plagada de anomalías, tanto en lo que es la historia en sí, como en cierta artificialidad a la hora de abordar asuntos de gran interés en lo que respecta a datos antropológicos y de costumbres propias de los indios de América del Norte, de sobra conocidos por el cine y la literatura. Es correcta y poco más la música de James Horner y buena la fotografía de Salvatore Totino, que tiñe de color el film.

Quizá es el reparto lo más sobresaliente, con una Cate Blanchett que hace un excelente trabajo como mujer luchadora, aguerrida y bella, con gran solvencia a pesar de no contar con un guion acorde a su calidad como actriz; Tommy Lee Jones hace muy pulcramente su rol de blanco reconvertido indio, con miradas, gestos y registros expresivos que sintonizan con el espectador.

Y acompaña un elenco de actores muy profesionales como Evan Rachel Wood, Aaron Eckhart (escaso papel para este correcto actor), Jenna Boyd, Eric Schweig, Val Kilmer (hay que aplaudir su aparición), Elisabeth Moss y Steve Reevis.

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Es un western bastardo, duro, con mucha acción, incluso puede resultar entretenido, pero como escribe Bermejo: «Ni el paisaje ni el drama dan para aguantar la larga, larguísima, interminable duración de este desangelado western. [...] algunas secuencias de tiroteo se pueden calificar sin rodeos de auténticas chapuzas, sumidas en la reiteración, en la inverosimilitud e incluso en la más absoluta desorientación espacial».

¡Vaya con Bermejo! No le falta razón, lo que ocurre es que a mí me gustan las pelis del oeste. Si son buenas, la cosa es ya de lujo; incluso el crítico Thomson ha escrito: «una gran película y una horrible película, ambas al mismo tiempo».

Yo diría, para cerrar estas líneas, que si bien es de agradecer a Ron Howard que siga haciendo westerns, resistiéndose a las modas del cine adolescente actual, sin embargo, esta película se excede en el metraje, deviene western de segundo nivel y próximo al telefilm.

Atendiendo quizá a los tiempos que corren, convierte a las mujeres, incluidas las niñas, en combativas y valientes luchadoras, sobre todo cuando se trata de salvar a un ser querido. Pero claro, ver a Cate Blanchett haciendo emboscadas a los apaches da un poco de risa, o te puede poner mal, depende; en cualquier caso es poco creíble. Esto sin contar con la derivación chamánica de esta película que viene a concluir en un esoterismo barato.

Película como mucho para pasar un ratito, pero sin calidad ni entidad. El film habría sido desastroso, de no ser por una magnífica Cate Blanchett y un siempre carismático, sugerente y eficiente Tommy Lee Jones. O sea, el reparto salva el film por los pelos. No será la primera ni la última, aunque eso solo no es suficiente para un resultado óptimo.

Escribe Enrique Fernández Lópiz

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