Mimosas (2016), de Oliver Laxe

  24 Marzo 2020

Un western sobre la fe en la cordillera del Atlas

mimosas-1Popularmente se ha identificado el género del wéstern con películas ambientadas en el Oeste estadounidense en el siglo XIX, con una iconografía de sobra conocida por todos.

Sin embargo, con el tiempo, el género se ha ido moviendo hacia otro tipo de latitudes y contextos, pero conservando algunas de sus características esenciales: la supervivencia en un territorio hostil, el viaje como proceso transformador de los personajes, el protagonista rebelde o desacoplado (1) que no se adapta a las leyes establecidas en el lugar o los enfrentamientos entre los personajes.

Así, sondean el género del western películas como: Tierra de Paprika (2013) de Hiner Saleem, ambientada en unos de los puntos más conflictivos de Oriente medio, El Kurdistán; o Lobo (2014) de Naji Abu Nowar, en la que se cuenta la historia de un niño que, junto a su hermano mayor, guían a un soldado inglés y su compañero por el desierto de Arabia, también en medio de la Primera Guerra Mundial; Jauja (2014) de Lisandro Alonso, en la que un danés atormentado por la desaparición de su hija, que escapa con su amante, se pierde en medio del desierto de la Patagonia.

A medida que el western contemporáneo ha ido progresivamente despreocupándose de aquellos atributos que le relacionaban con el contexto norteamericano, quizás también, ha ido profundizando en factores más de tipo introspectivo.

Es este el caso de Mimosas (2016), segundo largometraje de Oliver Laxe (París, 1982), descrita por su propio realizador como un western épico e iniciático. La película que fue rodada en el Atlas de Marruecos, narra el viaje de una caravana que acompaña a un jeque moribundo a través de las montañas hacia la ciudad de Sijilmasa, donde desea reposar junto a sus familiares. Pero el jeque muere a mitad camino, y Ahmed y Saïd, dos buscavidas que inicialmente estudian robarles, se ofrecen para llevar el cuerpo del anciano hasta su destino.

Desde una realidad paralela o, quizás, en un salto temporal, Shakib, un chófer excéntrico de destacado fervor religioso pero poco convencimiento, es elegido (a pesar de su inexperiencia) para ayudar a Ahmed y Saïd a realizar el viaje con éxito. Aunque en un principio Shakib es poco menos que desdeñado, a medida que aumentan las adversidades, su protagonismo va aumentando y Ahmed terminará confiando en él.

Como el musulmán que está de viaje y acorta su oración a tres movimientos para no interrumpir su paso con demasiada frecuencia, la película se divide también en tres actos, cada uno de ellos lleva el nombre de tres de los cinco movimientos del Rak'ah: Ruku, posición de inclinación; Qyam, posición erguida; y Sajdah, posición de prosternación.

Asimismo, la película parece mostrar dos mundos o temporalidades diferentes: una alejada en el tiempo, quizá también en el espacio, donde los personajes van a caballo y visten prendas tradicionales y, la otra, contemporánea a nosotros con coches y ropa corriente. Estas dos temporalidades o mundos se conectan con la figura de Shakib un joven chófer pero que, de forma insólita, no sabe conducir.

La realización de la película fue especialmente complicada, dado el terreno escarpado del Atlas y las condiciones climáticas extremas, por lo que fue un gran acierto de Laxe rodearse de amigos y conocidos, aun así, como reconoce el propio director, en algunos momentos se vieron desbordados. Al igual que el primer Herzog, cuyos rodajes eran auténticas odiseas, Mi enemigo íntimo (1999) da constancia de ello, Laxe es también de la opinión de que la dureza del rodaje, el sacrificio o penitencia soportada durante el proceso de rodaje, de alguna manera, se transfiere al resultado de la película.

Entre sus amigos, algunos de los interpretes, todos ellos actores no profesionales, entre los que se encuentra Shakib Ben Omar, con quien ya había realizado Todos vós sodes capitáns (2010). Un personaje carismático que trasmite profundidad y, al mismo tiempo, desconcierto, un buen ejemplo del buen ojo del director para la elección de sus actores.

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Además, en el rodaje participaron también tres profesores de la Universidad Pompeu Fabra, donde Laxe estudió Comunicación Audiovisual: Santiago Fillol como co-guionista, Cristóbal Fernández ocupándose del montaje y Amanda Villavieja del sonido. Los tres, junto a Mauro Herce —Lonely Rivers (2019), Dead Slow Ahead, (2015)—, que realizó la impresionante fotografía de la película, repetirán en lo que es hasta el momento la última película de Laxe, O que arde (2019).

Si bien la fotografía es lo primero que llama la atención en la película, trabajar con Herce es un valor seguro (también ha realizado la fotografía de Longa noite (2019) de Eloy Enciso que está ahora en los cines), de la misma forma, el guión y el trabajo de los actores consigue estar a la altura.

Otra de las cosas a destacar de la película es el empleo de la elipsis, fundamental para la configuración de la misma. Sin duda, es este juego de ir y venir lo que otorga a la película un toque fresco y efervescente que da algunos momentos especialmente memorables. Por ejemplo, en la primera elipsis, cuando pasamos de ver a los componentes de la caravana en las montañas discutiendo sobre que ruta tomar y, de repente, pasamos a ver al jefe de Shakib con esa estupenda americana rosácea pasando lista a los chófers cuando nombra al protagonista:

—¿Shakib? (…)

—Ni siquiera sabe conducir (…)

—Pero está bendecido.

—Nosotros también estamos bendecidos (…)

—Sé que no tiene experiencia pero es un magnífico copiloto.

O cuando Ahmed, después de enterrar a su compañero y deambular sin rumbo por el desierto, aparece en la ciudad rodeado de una multitud que observa curiosa porque acaba de ser arrollado por un coche. Mientras le ayudan a levantarse, alguien dice:

—Es un yonqui.

Y otro:

—No es un yonqui, sólo está un poco enfermo… Deambula por el barrio.

Formidable.

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Mimosas rebosa cine por todos lados, Laxe reconoce haberse inspirado en varios títulos del cine clásico y moderno: el ambiente místico de Ordet (1955), de Carl Theodor Dreyer; la sumisión de los personajes en el cine de Yasujirō Ozu, así como la espiritualidad que subyace a las imágenes de Stalker (1979), de Andrei Tarkovsky; o la figura del propio protagonista, Stalker, que es también guía para aquellos que quieran adentrarse en «la Zona». Un guía misterioso que, como Shakib, parece estar entre dos mundos y que en un momento de la película se revela como guardián de la fe.

Asimismo, es destacable las similitudes con el cine de Werner Herzog, en particular con Aguirre, la cólera de Dios (1972), como cuando los protagonistas pasan por caminos pedregosos junto a acantilados, casi imposibles o, también, en la música, que por instantes evoca a la alucinante banda sonora que Popol Vuh realiza para la película del director alemán.

El interés del director por todo lo relacionado con el misticismo sufí hace que en Mimosas también encontremos semejanzas con el cine Abbas Kiarostami, quien ha tratado de forma brillante diferentes temáticas de la poesía mística persa y donde destaca, además, la figura del guía. En Y la vida continúa (1992) el también insospechado guía, es el hijo del director de cine que, después de las terribles consecuencias que produjo un terremoto, decide viajar a las tierras donde rodó su última película.

Por último, señalar que Mimosas además dio pie a otra película, la también altamente interesante The Sky trembles and the Earth is afraid and the two Eyes are not Brothers, del director británico Ben Rivers, quien pidió a Laxe acompañarle durante el rodaje de Mimosas para filmar, de forma paralela, una adaptación libre del cuento de Paul Bowles Un episodio distante (1945), una historia que se mueve entre diferentes planos de realidad, con el mismo director gallego como protagonista (2).

Escribe Rubén Marín Ramos

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Notas

(1) Desacoplado es un término utilizado por Jordi Claramonte en su libro: Desacoplados. Hamlet: el principe de los cercamientos (2015) un ensayo es estética modal donde trata las películas del wéstern para explicar como el capitalismo, la parcelación y privatización de la tierra en el nuevo (y en el viejo) mundo nos ha llevado, en sus propias palabras, a convertirnos a todos en desahuciados de nuestra propia vida. 

(2) En 2010 Oliver Laxe se alzó con el premio Fipresci (asociación internacional de críticos de cine y periodistas cinematográficos) con su primer largometraje Todos vós sodes capitáns; seis años más tarde, Mimosas fue galardonada con el Premio de la Semana de la Crítica del Festival de Cannes de 2016. Y este mismo año, 2019, su última película hasta el momento, O que arde (2019), ha obtenido, por el momento, el premio Un Certain Regard en el festival francés, el premio a la mejor película del Festival de Cine de Mar del Plata y está nominada a 4 premios Goya.

Link de la serie del canal UNED sobre el libro Desacoplados, de Jordi Claramonte, donde repasa clásicos del western:
https://canal.uned.es/video/5a6f7249b1111f836b8b456a

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