Enfrentados (Seraphim Falls, 2006) de David Von Ancken

  24 Noviembre 2019

Persecución ambientada en el western

enfrentadosDejó muy alto el listón Jonh Ford. Pocos son los directores capaces de seguirle la estela en la recreación de vaqueros solitarios, enfrentados a las injusticias pero a la vez sometidos a su propio destino indolente. David von Anken, director de Enfrentados (Seraphim Falls, 2006), es uno de tantos que se envuelve de la estética western para realizar un producto bastante difuso.

Enfrentados, primer largometraje de Von Anken, director curtido en la realización de series para televisión, narra la historia de una persecución. El coronel Morsman Carner (Liam Neeson), acompañado de cuatro pistoleros a sueldo, centra todos sus esfuerzos en tratar de cazar vivo a Gideon (Pierce Brosnan). Desde los bosques helados hasta el árido desierto, la persecución es cruenta. Cual animales desesperados, sus instintos más salvajes salen a la luz para lograr sus objetivos respectivos. Gideon, herido desde los primeros minutos de metraje, hace esfuerzos sobrehumanos para salvar su vida. Se enfrenta a temperaturas extremas, se sobrepone a un balazo que le deja tullido, recorre distancias descomunales con celeridad. Por su parte, Morsman, obcecado en su misión, se sobrepone a los contratiempos que van surgiendo en su periplo de cazador. Apenas unos flashbacks de algo ardiendo nos indican la posible causa de esta persecución sin tregua.

Asentada sobre las soberbias interpretaciones de los dos actores irlandeses, la fuerza del relato de Enfrentados se halla en el engañoso “enfrentamiento” entre los dos protagonistas. Cual persecución del gato y el ratón, la atención recae en la argucia con que ambos resuelven las situaciones. Trampas ingeniosas frente a la persistencia obsesiva, ocultaciones inverosímiles frente al olfato investigador. Poco queda, pues, de las características del western más allá de la situación espacio-temporal en la que se sitúa la acción y el énfasis del lado menos civilizado de los personajes.

Formado en la realización de series, y corresponsable del guión de Enfrentados junto a Abby Everett, David von Ancken deja entrever en su estilo demasiados vicios televisivos. Recursos que en la pequeña pantalla son de utilidad, en el cine son un pesado lastre. El tempo de la película, conjugando un impactante inicio (que capte la atención evitando, así, el típico zapping) con pausas y crescendos muy propicios para la inclusión de espacios publicitarios; encuadres simplones; situaciones sentimentales melodramáticas, recurriendo a primeros planos ralentizados y la lágrima fácil; un guión forzando la abundancia de situaciones límites, casi inverosímiles, como el desenlace final absurdo; la introducción de personajes “mágicos” (un indio que actúa como duendecillo, una dama –fugaz Anjelica Huston– totalmente surreal) que interceden en la suerte de los protagonistas.

Las situaciones se dramatizan y desdramatizan al gusto del director. No se acata el destino de los dados, sino que Von Ancken se reserva el papel de demiurgo que intercede en la prolongación del relato para, eludiendo el prototípico cara a cara entre pistoleros, concluir con un final benévolo.

Quizás acostumbrado a someterse a los deseos de productores, Von Ancken es incapaz de imponer un conjunto compacto, que dote a su película de una impronta particular. Por ejemplo, resulta muy pulida la fotografía de John Toll, pero carece de significancia en el relato. Mientras, las diversas escenas que se suceden pueden tomarse como capítulos aislados, pudiendo desordenarse sin que la persecución pierda sentido. Es decir, no se aprecia un trabajo conjunto de los distintos elementos que dotan de sentido a la película.

Si algo salva a Enfrentados son, como ya dijimos más arriba, los dos protagonistas de la historia. Totalmente metidos en su papel de vaqueros (seguramente más por su propia experiencia y documentación, que no por parte de la dirección), son paradigma de rudeza y hosquedad. Algunas frases acertadas, extraídas de un guión centrado en el desarrollo de la acción y con escasos diálogos, inciden en la falta de moralidad en el “mundo natural”.

El bien y el mal lo instauran en el oeste aquellas comunidades religiosas que portan bajo el brazo la palabra de Dios pero, frente a un entorno indómito, quedan en entredicho. En un lugar tan desangelado como la inmensidad de la naturaleza, poca justicia puede imponerse. Con semejantes planteamientos, una vez más, el guión se aleja del western clásico, donde la restitución del orden es una premisa.

Con todo, Enfrentados queda reducida a una persecución. Una persecución trepidante, como las que nos entretienen en algunas de las actuales series de televisión. El resto, es puro delirio complaciente.

Escribe Daniela T. Montoya

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