¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú (Dr. Strangelove…, 1964)

  14 Octubre 2019

La Paz es nuestra profesión

telefono-rojo-1Estrenada en España en enero de 1966 y en Estados Unidos e Inglaterra en enero del 1964, es a pesar de ese desfase de dos años, el primero de los films de Kubrick que se veía en España, después de Atraco perfecto (estrenada con casi un año de retraso con respecto a Estados Unidos: junio del 56 en USA, abril del 57 en España) o de la versión censurada de Espartaco (1960), que se estrenaba, recortada, al tiempo que en otros países en diciembre de 1960.

Las dos películas anteriores dirigidas por Stanley Kubrick (1928-1999) no se conocerían, por diversos motivos, pero especialmente censores, hasta años más tarde: Senderos de gloria (1957) no se vería en España hasta 1986, mientras que Lolita (1961) tardaría menos en ser estrenada, tan sólo diez años después de su realización, en 1971.

Si ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú casi nos llegó recién terminada, no se conservó su título original (¡y tan original!) y uno de los más largos de la historia del cine: Dr. Strangelove or how I learned to stop worrying and love the bomb (Doctor Strangelove o como aprendí a dejar de preocuparme y a amar la bomba.

Efectivamente había que dejar de preocuparse en aquellos años en los que (¿ahora no?) las bombas nucleares amenazaban con destruir la Tierra. El filme, rodado en los estudios ingleses Shepperton desde el 28 de febrero al 23 de abril de 1963, quizá debe, su influencia, o su satírica denuncia, a través de la crisis de los misiles soviéticos que había tenido lugar en octubre de 1962 y donde estuvo a punto de estallar la guerra entre Estados Unidos y Rusia.

Hay al menos una película que trata este tema, 13 días (2000) de Roger Donaldson. Una crisis que posibilitó al menos la puesta a punto de un teléfono directo entre los presidentes de Estados Unidos y Rusia (los amos del mundo) para poder, en caso de crisis, comunicarse directamente entre ellos. Este teléfono nació el 20 de junio de 1963 por medio de un tratado entre ambos países firmado en Suiza. El primer mensaje (30 agosto de 1963) enviado entre ambos países, desde Washington a Moscú, decía «El veloz zorro pardo salta sobre el perro holgazán». Una frase hecha pero que quizá encerraba un simbolismo. Lo curioso del caso es que este teléfono (no rojo y en una sala la de guerra inexistente) es utilizado en la película cuando aún no existía tal tipo de comunicación directa.

El filme de Kubrick hay que encuadrarlo en una serie de premisas que abarcan una serie de hechos en los que abundan los enfrentamiento entre ambos pases y fundamentalmente la fobia anticomunista americana, mientras que una gran parte de aquella sociedad se instala en posiciones no muy lejanas a la ideología nazi, algo que antes de la II Guerra Mundial llevo a la creación de diversas asociaciones.  Algo que no desapareció al terminar la guerra tal como han denunciado una serie de filmes, Un ejemplo puede ser El sendero de la traición (1988) de Costa-Gavras.

La revolución rusa, la implantación del comunismo y su ansía por extenderse, a través del marxismo, al mundo entero, uniendo al mundo proletario, capta la atención, en Estados Unidos, durante los años anteriores a la II Guerra Mundial, de intelectuales que a su vez, y como un enfrentamiento al nazismo, se verá reflejado en la creación de grupos artísticos y especialmente de teatro.

Rusia y Estados Unidos se disputarán el mundo después de la II Guerra Mundial. Y unos y otros emplearan diversas técnicas propagandísticas para dominar a su adversario. Veamos cómo con los años, a lo largo del siglo XX, se ha planteado este pugilato, así como el desarrollo tecnológico que preocupa, al tiempo que se instaura en el cine de Kubrick en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú y en la posterior, y maravillosa, 2001: una odisea del espacio.

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La carrera entre EEUU y Rusia y el apogeo de los ordenadores

El 1 de septiembre de 1939 se inicia la II Guerra Mundial. Los países europeos se ven amenazados ante la expansión de la Alemania nazi. Hitler, al inicio de la guerra, ya se había apoderado de varias posesiones en Checoslovaquia. Es su invasión de Polonia lo que origina la declaración de la guerra en un «basta ya» lanzado por Inglaterra o Francia.

Italia se unirá a Alemania para posteriormente hacerlo Japón y formar las fuerzas del Eje. En el lado opuesto estarán los Aliados. En principio tanto Rusia como Estados Unidos se mantienen expectantes sin entrar en la contienda. De hecho Rusia, por manos de Stalin, firma un pacto de no agresión con la Alemania de Hitler (de dictador a dictador) el 23 de agosto de 1939 (en el umbral de la invasión de Polonia por Hitler). Rusia entrará en guerra, uniéndose a los Aliados, cuando en junio de 1941 Alemania comienza la invasión de Rusia.

A pesar de todo ello y de la posición japonesa, Estados Unidos decide no entrar en la guerra. Asociaciones nazis llegan, con total impunidad, a desfilar por las calles de Nueva York mientras que diferentes grupos piden que se lleve a cabo la intervención. Diversas películas americanas, incluso, piden la entrada del país en la guerra. Y que sea cuanto antes. Citemos Arise, my love (1940) de Mitchell Leisen o Enviado especial (1940) de Alfred Hitchcock.

Pasaron más de dos años antes que Estados Unidos declarase la guerra a las potencias del Eje y para ello tuvo que ser atacada por los japoneses. Fue en Pearl Harbor el 7 de diciembre de 1941. El 8 se produce la correspondiente declaración de guerra. Un ataque japonés siempre mirado con un cierto resquemor ante la duda generada por cómo se produjo, si fue inesperado o era sabido y se dejó desencadenar sin hacer nada para evitarlo. Diversas películas han tratado el tema. Algunas de ellas son De aquí a la eternidad (1953) de Fred Zinnemann, Primera Victoria (1965) de Otto Preminger y Tora, Tora, Tora (1970) de Richard Fleischer, Kinji Fukasaku y Toshio Masuda.

Tanto Estados Unidos como Alemania buscan durante los años de guerra el arma definitiva que, de tenerla, hará que la contienda declaré a un vencedor. Es la experimentación de la bomba atómica. Diversas incursiones aliadas con ayuda de la Resistencia impiden que la destructora arma sea construida por los alemanes.

Son los americanos quienes después de realizar diversas pruebas las lanzaron sobre las ciudades de Hiroshima y Nagasaki en agosto de 1945. ¿Hacía falta tirarlas para firmar la paz o era el fiero rugido de un país dominador del mundo? La dura realidad es que aquellas bombas destruyeron dos ciudades y mataron a muchos de sus habitantes en el acto, condenando a muchos otros a una muerte lenta en los años siguientes debido a la radioactividad.

Bombardear una ciudad era, por unos y otros, una especie de deportes porque si los alemanes bombardearon ciudades, los aliados no fueron menos, convirtiendo gran parte de Alemania (Berlín, Munich, Dresde, Hamburgo…) en una especie de queso de Gruyere (1). Y es que como dijo un mando militar americano: «las bombas son mercancía costosa por lo que no se pueden tirar en campo abierto, hay que hacerlo sobre las ciudades ya que ha costado mucho fabricarlas».

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El mismo día de la terminación de la II Guerra Mundial se inicia la otra guerra, la que mantienen desde entonces (¿sigue aún hoy?) Rusia y Estados Unidos. Es el periodo conocido como guerra fría, que comienza en 1946 y termina, según se mire, en 1985 con el inicio de la perestroika o hasta finales de 1991 con el desmembramiento de la URSS.

En este periodo se producen una serie de hechos que pasamos a recordar:

De 1950 a 1953 tiene lugar la guerra de Corea, mientras que la de Vietnam va de 1960 a 1973.

De 1950 a 1956 se desarrolla, en Estados Unidos, el periodo denominado caza de brujas, la persecución de aquellas personas, especialmente intelectuales y sobre todo cineastas (directores, guionistas, actores) de Hollywood. Películas como La tapadera (1976) de Martin Ritt, Un lugar en ninguna parte (1988) de Sidney Lumet o Trumbo (2015) de Jay Roach, hablan directamente de ello, mientras que otras, caso de Sólo ante el peligro (1952) lo hacen metafóricamente.

En la caza de los comunistas, o mejor, con el fin de manipular el pensamiento del ciudadano ,el cine también advierte de la maldad comunista con una serie de películas que inicia William Wellman con El telón de acero (1948)

La paranoia anticomunista lleva a ver espías en todas partes y airear como grandes éxitos detenciones de aparentes espías contra la seguridad del país. Aún hoy está sin aclarar la verdad sobre la implicación en esa conspiración del matrimonio Rosenberg, juzgado, declarados culpables y ejecutados en junio de 1953.

Rusia obtiene su primera bomba atómica en 1949, momento en el cual los Estados Unidos cuentan con varias. No sólo eso, dos años más tarde experimentaran una bomba más potente: la de Hidrogeno.

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En 1961 se  ordena la construcción del muro de Berlín que mantendrá separada a las dos Alemanias hasta noviembre de 1989.

La crisis de los misiles, dejando al mundo al borde de una guerra nuclear, se produce en octubre de 1962

En junio de 1963, el presidente Kennedy, en su visita a Berlín, pronuncia un memorable discurso. Unos meses después, en noviembre del mismo año, será asesinado en Dallas siendo sustituido por el vicepresidente Johnson, quien en 1964 aprueba laL de los Derechos Civiles.

En enero de 1966 debido a un choque entre dos aviones americanos un artefacto radiactivo cae en la costa de Almería. Se tardará casi tres meses en recuperarlo

En abril de 1986 se produce una explosión en la central nuclear de Chernóbil (Rusia), produciéndose otra en marzo de 2011 en la central nuclear de Fukushima (Japón)

Si los americanos iban por delante en la fabricación de armas atómicas, los rusos se adelantan en la experimentación espacial: el 4 de octubre de 1957 lanzan el Sputnik, primer satélite artificial, sin embargo son los norteamericanos quienes llegan por primera vez a la luna, el 16 de junio de 1969.

Hoy hay ya varios países con armas atómicas y muchos más con centrales nucleares mientras decenas de satélites artificiales pasan y pasan por encima de nosotros sin saber ni cuál es la misión de muchos de ellos, ni qué transportan.

Son satélites dirigidos por maquinas artificiales, computadoras cada vez más perfeccionadas. Un tema, el de estas máquinas capaces de organizar nuestras vidas, muy presente en este filme y en 2001: una odisea del espacio.

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Stanley Kubrick, ¿un genio?

Stanley Kubrick (1918-1999) era hijo de una familia judía con bastantes recursos económicos. Inteligente pero anarco. Estudiaba lo que le apetecía, no lo que le exigían. Tres grandes aficiones le marcaron desde su juventud: fotografía, música  y ajedrez. A la edad de 16 años fue contratado como fotógrafo por la revista Look. De la fotografía pasó al cine, primero rodando cortos, luego largos. Realizó 13 largometrajes y 3 cortometrajes. Sus directores preferidos fueron Max Ophüls, por su dominio de la cámara, y Eisenstein, por la concepción del montaje.

Después de realizar Senderos de gloria fue contratado para rodar El rostro impenetrable en cuyo guión —aunque sin acreditar— trabajó Sam Peckinpah. No llegó a rodar la película. A las pocas semanas, otro divo como él, el actor Marlon Brando, decidió que no estaba conforme con la forma de plantearla por lo que consiguió que echaran a Kubrick, al tiempo que asumía la dirección del filme, el único que dirigiría. Si una de las cosas que pudiera achacar a Kubrick era la lentitud del rodaje, Brando lo frenó aún más, de manera que iniciado en 1958 no fue estrenada hasta 1961.

Como los cambios de director eran corrientes, Kubrick sustituyó a Anthony Mann en el rodaje de Espartaco (1960), rodada en España, por imposición también del actor principal. Kirk Douglas (había trabajado con él en Senderos de gloria). El filme en su montaje final aún conserva algunas escenas rodadas por Mann, como el inicio o la lucha de Tony Curtis en su prueba como gladiador.

Espartaco, aunque no es el filme del que pueda sentirse satisfecho, le abre el horizonte hacia un cine más personal. A partir de aquí comienza a imponer su autoridad y a dominar la película desde sus inicios hasta su proyección en las grandes ciudades, pasando por exigir quienes deben ser los directores de doblaje de las películas que haga. Incluso, como en el caso de 2001: una odisea del espacio, toma como músico a Alex North, para después de componer una extraordinaria banda sonora, rechazarla para sustituirla por música clásica (2).

Película a película, sus exigencias, los silencios sobre lo que rueda y cómo se hace, van siendo mayores. Es como un rey del cine, un dios humano cada vez más creído y engreído por lo que hace. Y realmente lo hace bien.

A partir de Lolita (1962), anterior a ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, se convierte en el centro de su obra, en el tiránico y ordenado jefe que todo intenta dominar. Y que busca la perfección con un rodaje minucioso, que supone una preparación exhaustiva. Todo es controlado por él. Son sus obras. Al tiempo que esto ocurre su aislamiento va siendo mayor. Durante el rodaje de ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú, traslada su residencia a Londres. No quiere saber nada de su país natal. Le carga América y mucho más la vulgaridad de sus habitantes y la fauna de Hollywood.

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Nunca ganó el Oscar al mejor director. De sus películas, Espartaco es la que más Oscar ganó, todos secundarias. ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú obtuvo cuatro nominaciones, incluida la de mejor película y mejor director. Ni siquiera Peter Sellers, con su triple, y soberbias interpretaciones, fue premiado. Un año en el que la triunfadora fue My fair Lady de Cukor con 8 Oscar. Lo más extraño es que en las nominaciones obtenidas por el filme de Kubrick no apareciese la maravillosa fotografía de  Gilbert Taylor (1914-2013) aunque quizá el director tuviera mucho que ver en las distintas tonalidades que tiene la foto (con su oscuridad tenebrosa en las escenas de la sala de guerra)

Peor le fue a 2001: una odisea del espacio a pesar de que, al menos, se llevó el Oscar a los mejores efectos especiales. Ni siquiera la película había sido nominada. Un año en el que la película ganadora con 5 Oscar fue la irrelevante Oliver de Carol Reed. El mayor premio, quizá, que recibió el director fue el honorífico a su obra que le concedió en 1997 el festival de cine de Venecia.  

Cada vez más encerrado en su mansión londinense, anónimo para el resto de los mortales (existe la leyenda de que incluso había una persona que se hacía pasar por él en distintos locales de Londres) murió de forma inesperada en 1999 después de haber visto en la sala privada de su casa la copia definitiva de su último film Eyes wide shut.

Su fallecimiento tuvo lugar muy cerca del siglo XXI, como si no deseara contemplar el incumplimiento de sus predicciones para el año 2001. Su muerte le impediría realizar su megaproyecto sobre Napoleón, sin duda hubiera dejado en mantillas al filme mudo  Abel Gance (incluida su innovación, adelantándose al Cinerama, de tres pantallas en algunos momentos del filme), rodado  en 1927, que se pudo ver hace años en el Palau de la Música de Valencia (y en más lugares) con la banda sonora compuesta y dirigida personalmente por Carmine Coppola, el padre de Francis Ford Coppola.

Este proyecto de Kubrick, jamás realizado, está tratando, por parte de la cadena HBO, de hacerse realidad partiendo del guion original. Una idea que también tuvo en mente Steven Spielberg, director que incluso adaptó otro de los proyectos de Kubrick, Inteligencia artificial.

La idea de realizar una película sobre Napoleón fue posterior al éxito de 2001: una odisea del espacio. La productora Metro Goldwyn Mayer, estuvo dispuesta a financiar el filme. El trabajo que realizó de documentación fue enorme. Leyó libros sobre el tema y la época. Se ha llegado a decir que más de quinientos. A partir de ellos realizó un trabajo exhaustivo llevándole a contar con miles de diapositivas.  Fue asesorado en esta ardua labor por Felix Markham, profesor de Oxford, experto en la figura de Napoleón sobre el que había escrito una amplia biografía. Cuando a finales de 1969 Kubrick entregó el filme a la Metro, el estudio ya no estaba interesado por ese proyecto: el cine espectacular había dejado de ser un negocio. Existe un libro editado por Taschen, que cuenta todo el impresionante proceso que llevo a una película jamás realizada. 

En la línea de salida

telefono-rojo-0Kubrick estaba muy preocupado sobre la posibilidad de una guerra atómica y sobre el clima anticomunista con el que Norteamérica se iba contagiando al terminar la II Guerra Mundial. Ya en los años cincuenta había pensado en rodar un filme sobre el tema. Había leído mucho sobre ello y seguía haciéndolo. Revistas científicas sobre los avances armamentistas, sobre las nuevas tecnologías.

Los años cincuenta, en sus inicios, fueron propicios al miedo a la bomba, algo que el cine lo hacía palpable con una serie de filmes aunque fuera a través de películas con monstruos. Lógicamente los japoneses recordaban también unos hechos que no deseaban volver a pasar. El cine norteamericano también se miraba en animales o seres monstruosos que renacían auspiciados por la radiactividad. Ahí están, en Japón, Godzilla y sus derivados o en Estados Unidos títulos como El enigma del otro mundo; La humanidad en peligro o, en otra línea, en una especie de llamada de alerta sobre lo que nos puede pasar si no se abandonaban los ensayos nucleares, Ultimátum a la Tierra.

A Kubrick, a comienzos de los años sesenta, le pasaron una novela Red Alert de Peter George, que le interesó mucho, proponiendo a James B. Harris (1928) que escribieran el guion. Harris había colaborado con él en Atraco perfecto, Senderos de gloria y Lolita, apareciendo como productor de esos títulos, aunque también intervino en el guion, sobre todo en Lolita.  Kubrick se hizo con los derechos de la novela por 3.500 dólares.

James B. Harris no sólo abandonó el proyecto, probablemente por discrepancias con Kubrick, sino que se embarcó en otro muy semejante y que supondría su primera película como director, Estado de emergencia (1965) con Richard Widmark y Sidney Poitier como actores principales. Después de este título, Harris rodaría otros cuatro más de escaso interés.

En principio, Kubrick pensó en  hacer un filme tremendista, dramático, pero la lectura de la irónica novela de Kurt Vonnegut (1922-2007), Cuna de gato (3), le hizo cambiar de idea. Será una sátira sobre la bomba atómica y los efectos que puede producir. Incluso cambiará el final de la novela de Peter George. En ella se lograba, al contrario que en la película, evitar el ataque.

Si en Lolita tuvo como coguionista al propio autor de la novela, el gran novelista Nabokov, aquí también decidió contar con la colaboración del correspondiente escritor, pero Peter George, hasta cierto punto, terminó por traicionarle, ya que también participo en la escritura de un guión basado en una novela muy semejante y que se convirtió en el filme de Sidney Lumet, Punto límite, lo que llevó a Kubrick a demandar a los autores de ese filme. Curiosamente ambos pertenecían a la productora Columbia, que para evitar males mayores decidió estrenar ambas películas separadas por un año, aunque debían haber salido al mismo tiempo. La de Kubrick en 1964 mientras que la de Lumet lo haría en 1965.

Para darle un aire más satírico, libre, y de implicaciones sexuales, Kubrick llamó al escritor Terry Southern (1924-1994) por recomendación de Peter Sellers. Se trataba no de una escritura sino de una revisión. Southern era especialmente conocido por la novela Candy (1958) que diez años después de haberla escrito sería llevada al cine por Christian Marquand.

Southen trabajó en la revisión del guión del 16 de noviembre al 28 de diciembre de 1962. Lo que consiguió con su revisión fue convertir el filme en una especie de comedia negra. Según decía, su mejor contribución al guion fue el momento en que T. J. King Kong lee a la tripulación un manual indicando el contenido de las bolsas que dará a cada tripulante del B-52 (onzas de oro, plata, diccionario ruso, una biblia, chicle, medias de nylon, condones…) exclamando al final: «con todo esto menudo fin de semana se podría pasar en Dallas». Cuando se estrenó la película, la palabra Dallas se había cambiado por Las Vegas debido a que después del rodaje pero antes del estreno tuvo lugar el asesinato del presidente Kennedy en Dallas.

En los créditos del filme el nombre de Terry Southern aparece destacado lo que provocó la ira de Kubrick. Posteriormente Southern escribiría varios guiones, entre los que se encuentra El coleccionista, Los seres queridos, No hagan olas, Barbarella, Casino Royale y, sobre todo, El rey del juego y Easy Rider: Buscando mi destino. Fue Southern quien dio a conocer a Kubrick la novela La naranja mecánica, por la que se entusiasmó enseguida y decidió llevarla al cine.

Aunque no aparezca acreditado como guionista, Peter Sellers también intervino, aunque no directamente, en el guión, ya que algunas escenas y diálogos, sobre todo referente al personaje de Doctor Strangelove, fueron creación suya directamente sobre el rodaje. El actor que ya en la anterior de Kubrick había interpretado dos personajes, en ésta película iba a interpretar cuatro: del doctor Strangelove, el militar inglés y el presidente de los Estados Unidos (4). El cuarto iba a ser el de King Kong pero un problema en el pie y el hecho que no se adaptase a dominar el idioma texano hizo posible que ese papel pasará a Slim Pickens, secundario en muchísimos westerns y al que Kubrick había conocido durante el escaso tiempo en que había estado preparando El rostro impenetrable.

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La música en el filme

Kubrick siempre dio mucha importancia, con una clara intencionalidad, a la música de sus películas. Aparte de la música creada para la película por Laurie Johnson, hay tres momentos en el filme que utiliza, con gran acierto, una serie de músicas conocidas.

Al comienzo, al mostrar el apareamiento de los aviones se escucha la romántica Try a little tenderness. La entrada del avión B-52 en territorio soviético es jaleada por una música militar perteneciente a la guerra de secesión, When Johnny comes marching home de 1863. El final, mientras el holocausto nuclear tiene lugar ante la explosión de diferentes bombas, era apostillado con la voz de Vera Lynn cantando We’ll meet again. Una lástima que la distribuidora española en cine y también en video, no haya incluido unos subtítulos con la letra de la canción muy acorde con ese final.

Por cierto, en el final del filme —no sé a quién se le ocurrió tal disparate que, por fortuna, no se hizo realidad— estaba previsto que los personajes dirimieran sus diferentes puntos de vista por medio de una descomunal batalla… de tartas de crema, a modo de las películas cómicas antiguas. Eso sí, tal desenlace se rodó a lo largo de una semana para desecharlo, con toda razón, posteriormente. ¿Sería una idea, poco luminosa, del genio de Kubrick o de Sellers recién llegado de su primer rodaje como inspector Clouseau a las órdenes de Blake Edwards?

Como dato añadido digamos que el encargado del montaje (también lo había sido de Lolita), Anthony Harvey (1930-2017), se convertiría en realizador, siendo quizá su película más conocida El león en invierno (1968), ganadora de tres Oscar (a Katherine Hepburm como mejor actriz, al guión adaptado y a la banda sonora) así como dos Globos de Oro (mejor película y mejor actor, Peter O’Toole, compensando así, una vez más, su ninguneo como mejor actor en la ceremonia de los Oscar; aunque eso sí, se le concedería el Oscar Honorífico a toda su trayectoria profesional en 2002, lo que no tuvo Kubrick).

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Personajes y máquinas: el Apocalipsis

Cada personaje, incluso desde el nombre, adquiere un determinado significado, incluso desde una vertiente sexual, ya que el sexo está presente en toda la película. Ahí, están por ejemplo las escenas, ya indicadas en el apartado anterior, el acoplamiento y carga de los B-52 visto como si se tratara de un coito. De hecho, el morro del avión tal como lo toma Kubrick en las primeras escenas, asemeja un falo gigante. Lo cual también se puede interpretar en el viaje de  la bomba hacia su último destino, como cabalgadura del jefe del B-52 con alusión evidente al machismo del western. Cabalgada final ejecutada por un actor secundario al que se había podido ver en muchas películas del oeste.

La fuerza aérea norteamericana rechazó colaborar en la película por lo que Kubrick se vio obligado a diseñar en estudios (imágenes documentales aparte), con gran perfección, el interior de un B-52 con todos sus botones de mando. Para ello partió de una serie de fotografías. Un sistema —acudir a la información de fotografías, noticias o secretos— para el que basta con leer un diario influyente, tal como se indica en el filme. Sin duda, cualquiera puede creer que estamos en el interior de un verdadero bombardero. En el filme se le concede al B-52 un nombre imposible, pero lógico para quien será un apestado generador de la destrucción: La colonia del leproso.

El paranoico general Jack D. Ripper es interpretado por Sterling Hayden (había sido el actor principal en uno de los primeros largometrajes de Kubrick, Atraco perfecto). Su nombre alude a Jack, el destripador. Y es que eso es Ripper un ejecutor debido a sus problemas sobre todo sexuales. Impotente, para él «la perdida de la esencia después del acto sexual» la atribuye a los rusos, a los que, ¡cómo no!, hay que destruir. Su presencia, y quizás asemejando un carácter simbólico, será siempre con un puro en la boca. Su teoría sobre la fluorización no era algo inventado para el filme, había grupos de la ultraderecha norteamericana que en aquellos años la defendían.

La base que dirige la pondrá en estado de guerra, aislándola del mundo. Será uno de los tres espacios cerrados, aisladores, carceleros, en los que se desarrolla la película (cuatro si incluimos el pequeño episodio del máximo general Buck Turgidson con su secetaria-amante), alternando con una serie de escenas «con aire documental» que incluyen las de los aviones en vuelo, explosiones atómicas y el asalto a la base).

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La base y sus sistemas de seguridad, ejercidos por las maquinas ante las órdenes recibidas, muestran cómo un hombre loco es capaz de llevar el mundo a la guerra. Su mando, delegado además en máquinas que impiden cualquier contacto exterior una vez puestas en funcionamiento e incluso la salida del lugar, es todopoderoso. Sus frases no tienen desperdicio: «Si Clemenceau hace cincuenta años dijo que la guerra es muy importante para dejarla en manos de los generales, hoy hay que decir que es muy importante para dejarla en mano de los políticos».

No resulta extraño que tanto él como otros personajes (Turgidson cuando recibe en el despacho de guerra la llamada de su amante que le espera en la habitación, termina la conversación diciéndole: «No te olvides de rezar tus oraciones») echen mano de la religión (América en su nivel más ultramontano se adhiere al triunvirato Patria-religión-familia): Antes de suicidarse Ripper dice «soy un hombre religioso». Es un personaje que, desde su locura, representa muy bien la ideología de ciertos grupos americanos y su odio hacia los rusos, al ser comunistas los que no piensan como ellos, y catalogarse a Rusia y el comunismo como los destructores de todos los valores de su gran país. Ripper asegura que están envenenado el agua, por eso él sólo bebe agua destilada o de lluvia.

En la base, lo mismo que en la sala de guerra, domina la oscuridad. Los planos en contrapicado de Jack son propios de una película de terror. En la base, sin demasiada explicación o razón lógica, hay un capitán inglés, Mandrake (uno de los tres interpretados por Peter Sellers). Su nombre hace alusión al célebre mago de la serie de comics creados por Lee Falk y Phil Davis en 1934. Un mago, un ilusionista, que luchaba contra los malos evitando destrucciones y demás accidentes que pudiesen ocurrir.

Mandrake es en el filme quien, de modo casual (la radio que está al lado de uno de los ordenadores de la base) se da cuenta que fuera de la base no hay ninguna alerta: las emisoras funcionan transmitiendo música, canciones, noticias. «¿No lo he dicho que todos los aparatos de radio sean confiscados?», le recrimina Ripper. Mandrake debe intentar, con escasa fortuna, jugar su papel de mago para salvar al mundo del desastre. Primero se enfrenta a Ripper y posteriormente al jefe de los asaltantes de la base tratando de convencerlo tanto de no haber matado al general como de la necesidad de llamar urgentemente al Presidente para indicar lo que está pasado. Una llamada que al final se hace desde un teléfono normal (todos los de la base han sido anulados por los ordenadores) lo que da lugar a un chiste, algo pasado de rosca, al utilizar el dinero de un aparato expendedor de Coca-Cola.

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El humor, la sátira que es todo el filme, cuenta con momentos y escenas muy bien ajustadas, entroncadas en la historia, mientras que otras, hoy al menos, resultan bastante discutibles (5). La citada de la Coca-Cola es una de ellas, como también lo es la lucha (quizá pretendiendo mostrar el enfrentamiento de dos personas de altura como si fueran dos escolares) entre el embajador ruso y el general en jefe Buck Turgidson excelentemente interpretado por Gerge C. Scott, quien unos años después, en 1970, ganaría el Oscar al mejor actor por su interpretación del general Patton en la película de ese título de Franklin J. Schaffner, aupada con 6 Oscar más, entre ellos el de la mejor película.

Lo dicho, Scott está admirable. Bastaría para ello, contemplar su cara radiante, sentado junto al presidente de los Estados Unidos mientras el Doctor Strangelove explica sus ideas sobre el periodo post apocalíptico proponiendo a los señalados amos de América encerrarse bajo tierra con unas mujeres seleccionadas por… ordenadores, de forma que cada hombre pudiera tener a su disposición a diez mujeres con el fin de fecundarlas. La forma de tener una raza selecta y especial. O sea Hitler, o sus teorías en persona.

Si Jack Ripper es impotente e incluso un homosexual, Buck Turgidson es todo lo contrario. Es un macho, ya indicado con ese Buck (macho) que lleva en su nombre. En la primera escena en la que aparece se encuentra en una habitación cerrada (una más), aunque eso sí repleta de espejos, donde se solea su secretaria-amante. El trabajo de este general, tan disparado en ideas por otras partes como Ripper, está en el amor/deseo. En plena discusión en la sala de guerra recibe la llamada de su amante que requiere su presencia…

Su idea es destruir al contrario, como Ripper, ve el mal en todo lo que sea Rusia. Hay que pegar el primero. Curiosamente en su cerrazón discursiva con el presidente de Estados Unidos no hablan más que él y el Presidente. El resto de personas, bastante, sentadas alrededor de una mesa circular en la llamada sala de guerra, son invitados a la reunión sin voz, ni voto. Sólo tienen la palabra dos poderes: el político, representado por el presidente, y el militar, con Buck. En sus manos está la guerra o la paz. Si el presidente (otro de los personajes interpretados por Sellers) aboga por la paz, habrá sido quien, se lo recuerda Turgidson, el que ha aprobado las leyes que conducirán hasta el desastre. Y dado el visto bueno a las protocolos necesarios para llegar a la guerra.

Las conversaciones entre ambos personajes tienen lugar en la sala de guerra, un lugar inexistente en la realidad, pero que representa de forma clara el sentido de la misma, y que puede hacer recordar a otras posteriores salas donde se juega con la guerra. En la sala de guerra, dominada por la oscuridad y por el humor, destaca sobre el fondo un panel negro donde se puede seguir la trayectoria de los aviones.

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Dialogo o monólogo, pues es mantenido entre las dos entidades —política y militar—sin que nadie, excepto las máximas autoridades, puedan intervenir: el destino del mundo está en manos peligrosas. Aunque faltaría, para poner aún la guinda del pastel, la presencia del inventor de la bomba.

El presidente de Estados Unidos se llama Merkin Muffley, nombre que alude a los órganos sexuales tanto masculinos como femeninos, nuevamente la idea sobre la sexualidad que domina el filme. Un personaje que, sin saber cómo, trata de parar la destrucción que cerca al mundo. Poco puede hacer. Intenta hablar con el primer ministro soviético que no se puede poner (al principio) al teléfono porque le ocupa un asunto privado (entiéndase un encuentro sexual), luego para buscar la forma de ponerse de acuerdo y en tercer lugar en amenazar con devolver el golpe.

Eso sí, cuando todos parecen respirar un poco mejor ajenos al disparo final, el B-52 dañado pero no derribado cambia su ruta, al no poder llegar a su destino, buscando un punto cercano para lanzar la bomba. Nada menos que sobre una base de misiles. El avión señala el tercer espacio cerrado en el que desarrolla la película. Cómo se transforma el ambiente relajado del avión ante una orden en la que en principio nadie cree.

Antes de recibir la orden de partir para Rusia todos los componentes de la nave viven (como en su casa) tranquilos, dedicados a cosas tan simples como dormir, hablar con el compañero, ver un ejemplar de Play Boy. Cada uno mata el tiempo como puede, aburridos ante la monotonía diaria. Las ordenes que reciben, en principio, no las creen. El comandante de la nave, de sobrenombre nada menos que King Kong, arenga a los suyos prometiendo medallas y honores por lo que van a hacer, por defender al país de los malos.

Por una serie de circunstancias, ni ese B-52 puede ser destruido por un misil soviético, ni puede bombardear los objetivos propuestos, al perder combustible, debido a la explosión de un misil. Aquel otro, el de por si acaso, será donde descargue la bomba, sin que nadie de los altos mandos del ejército conozcan ese destino, y genere la puesta inmediata de funcionamiento del arma del fin del mundo, el arma definitiva en poder de los rusos: el Apocalipsis ha comenzado.

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La secuencia de la bomba dirigiéndose a su objetivo es una de esas imágenes míticas de la historia del cine: King Kong cabalgando, como si fuese un jinete, sobre la bomba, animándola, como si de un caballo se tratase: el hombre del oeste a la conquista de un territorio.

El personaje más enigmático, extraño, ¿diabólico?, es el doctor Strangelove, un científico alemán reclutado por los americanos para trabajar en sus programas. El personaje ha cambiado su nombre por ese apellido con ecos de amores extraños… y tan extraños.

En la película aparece saliendo de la oscuridad, al igual que en ella se camuflaron los seguidores del nazismo, pero dispuesto a resurgir, resucitar en cualquier momento, para dar a conocer su programa de dominio de la tierra para unos pocos, la élite, los seleccionados y sus descendientes, nacidos como productos probeta cuyas madres han sido convenientemente seleccionadas por una máquina. El dominio de una raza, el sueño alemán hecho realidad por medio de un ser abominable, enfermo, siendo él mismo una máquina.

Cruel sátira la de ese personaje, aparentemente un desecho (brazos repuestos, impedido en una silla de ruedas) y luchando contra sí mismo (una de sus manos artificiales intenta ahogarle) al tiempo que, desde recuerdos pasados, vitorea y saluda a su (desaparecido y añorado) Füher, al que puede llegar a confundir con el presidente de los Estados Unidos. Sus ideas antiguas expuestas nuevamente le llevan al paroxismo conducente al milagro que le devuelve, si eso es posible, a la vida: el personaje, al grito de milagro, se levanta de su silla. Está otra vez andando, caminando, vuelve desde el pasado, desde su inmovilidad para lanzar su mensaje a los nuevos poderes.

El general en jefe babea escuchándolo, nada menos que podrá ser polígamo. A su lado, sin hacer ascos, le escucha el presidente. Mientras, el embajador soviético se dedica, sin sentido, a hacer fotografías de la sala de guerra con su diminuta cámara.

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Sólo queda el canto final del mundo. Las diferentes explosiones atómicas punteadas por la canción final. El fin del mundo, el Apocalipsis que señala este filme, llevará a Kubrick a iniciar la historia del mundo y la búsqueda de la superación del ser humano en ese encuentro o reconocimiento de un ser que supere al hombre, un superhombre eterno, aprehensor de una nueva dimensión. Será en 2001: una odisea del espacio, un filme donde la maquina tendrá mucha importancia. Y no sólo por la presencia de Hal 9000 sino de todas aquellas que protagonizan la prodigiosa hazaña espacial.

Las maquinas, desde su ambivalencia entre lo bueno y lo malo, también adquieren un gran protagonismos en ¿Teléfono rojo? Volamos hacia Moscú. Ellas son las que toman el mando una vez que alguien aprieta un botón. La bomba definitiva, el arma del fin del mundo, será posible cuando se ataque un determinado objetivo. La máquina, sola, se lanzará contra la otra parte. Máquinas de todo tipo y sobre todo ordenadores cada vez más complejos que se erigen en los destinarios de unos programas. De ahí los zooms que Kubrick, quizá poco académico, utiliza cada vez que una clave, una orden o el manejo de una tecla o botón se ha seleccionado. No hay vuelta atrás. Todo está programado. El mundo de la máquina. El poder que adquiere desde su programación.

Quizá no sea éste filme el mejor de Kubrick pero sí es, al igual que la mayoría, una obra que se abre a la reflexión sobre el ser humano y sobre la locura del dominio o de la destrucción. Singulares planteamientos desde el pasado o hacia el futuro que se van desgranando desde la sátira más feroz sobre la estupidez humana. 

«La paz es nuestra profesión», proclama un cartel a la entrada de la base dirigida por el loco de Ripper. Una frase que sirve para enmascarar la realidad de cualquier estamento militar. Una más de las malévolas insinuaciones que Kubrick lanza en este interesante, devastador y terrorífico filme por lo que cuenta, aunque su tono intente quitar hierro al asunto por vía de ese sentido paródico utilizado. No muy diferente que el que Kubrick aplicará en La naranja mecánica

Escribe Adolfo Bellido López

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Notas

(1) A los interesados en el tema les recomiendo la lectura del libro de W. G. Sebald, Sobre la historia natural de la destrucción, editado por Anagrama.

(2) La banda sonora de Alex North para 2001: una odisea del espacio fue grabada por Jerry Goldsmith y editada por Varese Sarabande. En varios conciertos de música de cine, dirigidos por grandes compositores de bandas sonoras, se ha incluido la partitura de North.

(3) Cuna de gato cuenta la investigación que un personaje realiza entre diferentes americanos destacados para saber que estaban haciendo el día que América arrojó la bomba sobre Hiroshima. Vonnegut es uno de los más destacados novelistas americanos del siglo XX. Vivió en primera persona, prisionero de los alemanes (sólo lograron sobrevivir 7 compañeros) los horribles bombardeos sobre la ciudad de Dresde, oculto en el interior de un matadero. Sobre ese hecho escribiría Matadero cinco, llevada al cine por George Roy Hill en 1972

(4) Por supuesto no es Peter Sellers el único actor que ha interpretado varios personajes en una película como lo demuestran, entre otros, algunos actores que dan vida a distintos miembros familiares. Tal es el caso de Alec Guinness con ocho caracterizaciones en Ocho sentencias de muerte o Jerry Lewis con siete  en Las joyas de la familia.

(5) Y menos mal que no se terminó la película con la batalle de… tartas de crema, propia de las películas cómicas del cine norteamericano y que utilizaría Blake Edwards de forma perfecta en La carrera del siglo (1965). Ahí si era lógico emplearlo porque aparte de ser una película cómica, homenaje al cine cómico, estaba dedicada a Stan Laurel y Oliver Hady, quienes en 1927 interpretaron La gran batalla del siglo de Clyde Bruckman, uno de los films que contiene la más despampanantes batalla de tartas de crema.

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