2001: una odisea del espacio (2001: A Space Odyssey, 1968)

  12 Septiembre 2019

La ciencia ficción como relato trascendente

2001-0Después de transcurrido más de medio siglo desde su estreno en abril de 1968, 2001: una odisea del espacio sigue siendo un filme plenamente vigente en muchos aspectos, más allá de su brillantez visual, sus extraordinarios efectos especiales (en los que trabajó Douglas Trumbull) y su rigor científico.

Es un filme que ha influido en la obra de relevantes directores con éxito en el campo de la ciencia ficción, como George Lucas o Ridley Scott. Y fundamentalmente porque mantiene su capacidad para hacer reflexionar a los espectadores sobre cuestiones trascendentes como: cuál es nuestro lugar en el universo, cómo será la evolución de la inteligencia artificial, si es razonable creer en la existencia de otros mundos inteligentes, o que interpretación actual cabe dar al concepto de superhombre, según Nietzsche.

El filme se estrenó apenas un año antes de que la NASA lograra el mayor éxito de la era aeroespacial, al conseguir llevar a dos hombres a la Luna, Armstrong y Aldrin, lo que ocurrió el 20 de julio de 1969, de manera que en 2019 hemos conmemorado este logro. En aquel momento la carrera espacial era un tema principal en el ámbito de la geopolítica, con el trasfondo de la guerra fría entre Estados Unidos y la Unión Soviética; que en aquellos años luchaban por la hegemonía en la carrera espacial. Los medios de comunicación occidentales proyectaron como un sueño colectivo liderado por los norteamericanos esos logros.

Sin embargo, en la década de los setenta, la situación cambió drásticamente por la concurrencia de diferentes causas, como la finalización del periodo de la guerra fría, pero también el altísimo coste económico de estas misiones. Era evidente que los satélites de comunicaciones y para usos científicos (también militares) eran más rentables que enviar hombres al espacio. De hecho, el programa Apolo se canceló, y la carrera espacial dejó de interesar.

El enfoque optimista que asume la película de Kubrick sobre la conquista del espacio por parte de la humanidad, no se ha cumplido. El mundo hoy tiene otros intereses, está sumido en profundas crisis que tienen que ver con diferentes causas, entre las que cabe señalar la destrucción de nuestro planeta como consecuencia de la actividad humana, la debilidad de las democracias, el dominio de la economía mundial por parte de las grandes corporaciones, la falta de proyectos globales y de líderes carismáticos, que han sido sustituidos por personajes mediocres y carentes de visión a largo plazo.

El guión de 2001: una odisea del espacio fue elaborado conjuntamente por Stanley Kubrick y el escritor Arthur C. Clarke, a partir de un relato de éste, titulado El centinela, publicado por primera vez en el año 1951. En él se describe el hallazgo en la Luna por parte de unos astronautas de una extraña pirámide, que actúa como centinela de una desconocida civilización más avanzada que la nuestra y que empieza a emitir una señal al ser descubierta.

Ambos trabajaron colaborativamente manejando diferentes ideas y propuestas. Kubrick tenía un especial interés por reflejar los cambios en los hábitos humanos como consecuencia del uso de las nuevas tecnologías. Se contemplaron situaciones –finalmente descartadas– como la presencia de un coche conducido por un ordenador en el que no era necesario mantener las manos en el volante; o el uso de pantallas táctiles parecidas a las actuales tablets. Si Kubrick hubiera mantenido aquellas ideas, no cabe duda de que su película sería hoy recordada como un augurio de Internet. En cambio, se mantuvo la idea, y así lo podemos apreciar en el filme, del uso de la videollamada que un personaje utiliza desde una nave espacial, para felicitar a su hija por su cumpleaños.

Una de las ideas centrales que le interesó a Kubrick fue plantear el desarrollo de la inteligencia artificial y sus posibles consecuencias, tanto positivas como negativas. De hecho, uno de los protagonistas del filme es un ordenador de última generación llamado HAL 9000, cuyo nombre es un acrónimo en inglés, Heuristically Programmed Algorithmic Computer (Computador algorítmico programado heurísticamente), que es capaz de controlar la nave que se dirige a Júpiter y termina revolviéndose contra los astronautas que la tripulan, al sentirse herido en sus «sentimientos», porque aquellos consideran que en un momento dado se ha equivocado.

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Después de muchos meses de trabajo, en los que el guión pasó por diferentes vicisitudes (Arthur C. Clarke se planteó escribir la versión novelada del guión de manera simultánea), el rodaje del filme se inició a finales de 1965. Stanley Kubrick tuvo malas relaciones con gran parte del equipo participante durante el desarrollo del proyecto. Uno de los desencuentros más conocidos es el que le enfrentó con el gran compositor Alex North, al que encargó la banda sonora del filme. Sin embargo, una vez concluida, Kubrick decidió prescindir por completo del trabajo del músico (con el que había trabajado en Espartaco, 1960) y en el montaje final utilizó piezas musicales de Richard Strauss, Aram Kachaturián, György Ligeti y Johann Strauss. La música creada por Alex North para la película estuvo mucho tiempo perdida, pero finalmente se publicó en 1993.

El argumento definitivo de la película se estructuró en cuatro episodios: «El amanecer del hombre», «TMA-1 (Anomalía Magnética de Tycho nº 1)», «Misión a Júpiter» y finalmente «Júpiter y más allá del infinito». De hecho, la película propone un relato que puede ser visto como una historia de la especie humana, desde sus orígenes como homínidos hasta la llegada del superhombre (Nietzsche) promovido por una civilización extraterrestre.

En el primer episodio, «El amanecer del hombre», se presenta en los albores de la humanidad a un grupo de primates que han abandonado la seguridad de la selva y tratan de sobrevivir en las llanuras semidesérticas, probablemente de África. Los miembros del grupo afrontan muchas dificultades simplemente para subsistir. Uno de sus miembros es atacado por un gran felino. Hay disputas con otros grupos de primates que luchan por el acceso al agua y su espacio vital.

En un amanecer, uno de los primates del grupo se despierta y encuentra enfrente de su refugio un monolito que emite unas extrañas vibraciones acústicas. Es un ortoedro de color negro. Varios flashbacks sugieren que este monolito ha motivado ciertos cambios en la conducta de los primates y les ha dado cierto grado de conciencia sobre los recursos disponibles para sobrevivir, entre ellos el descubrimiento de las herramientas (un hueso convertido en una herramienta/arma) lo que les permite matar y comer carne.

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Ese hueso lanzado al cielo como señal de triunfo, da paso en el filme a una espectacular elipsis temporal, al convertirse en una nave espacial que se desplaza de la Tierra a la Luna en el año 1999, en la que viaja el Dr. Heywood Floyd (William Sylvester). Al llegar a la Luna se descubre el motivo de su misión: hacerse cargo de la investigación del descubrimiento de un monolito negro de forma ortoédrica, que se halla enterrado en el cráter Tycho y que se descubrió durante un análisis magnético de la superficie lunar, por lo que fue bautizado como TMA-1 (Anomalía magnética de Tycho número 1).

Se llega a la conclusión que se trata de un objeto fabricado por una civilización extraterrestre avanzada, que había sido enterrado intencionadamente y que constituye la primera prueba real de la existencia de vida extraterrestre. Al recibir el primer rayo de sol desde que fue enterrado, el monolito comienza a emitir una potente señal acústica que deja aturdidos a los miembros de la expedición.

En el episodio «Misión a Júpiter», que transcurre en el año 2001, la nave espacial Discovery 1 viaja hacia Júpiter con cinco tripulantes, tres de ellos en hibernación y dos a cargo de la nave: David Bowman (Keir Dullea) y Frank Poole (Gary Lockwood). Tienen el soporte de un superordenador de última generación, llamado HAL 9000; su nivel de inteligencia artificial le permite comunicarse mediante el lenguaje humano. La vida en la nave con destino a Júpiter es monótona.

En un momento dado, HAL pregunta a David Bowman si no tiene dudas sobre la misión y su secretismo (no se conoce el objetivo final de la misión), pero al responder este negativamente HAL anuncia un fallo en una unidad de comunicaciones que podría dar lugar a la pérdida de la conexión con la Tierra. David Bowman sale del Discovery en una pequeña nave para reemplazar la antena parabólica que mantiene comunicada a la nave espacial con las bases en la Tierra. Cuando regresa al interior de la nave todos los análisis de la unidad del circuito son correctos y desde el control de la misión, con un computador gemelo a HAL, no se encuentra ningún fallo, lo que pone en entredicho la fiabilidad de HAL 9000.

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Bowman y Poole toman precauciones para que HAL no les oiga hablar sobre la posibilidad de desconectar sus funciones superiores, pero HAL observa su conversación leyéndoles los labios. El ordenador vuelve a diagnosticar el fallo futuro de la unidad reemplazada, tomándose la decisión de volver a dejar la original para comprobar si acaba fallando, Ahora es Poole el que sale a realizar la sustitución, pero cuando se encuentra en el exterior HAL, que cree que se ha puesto en duda su fiabilidad, toma el control de la nave y asesina al astronauta que está fuera, provocando la despresurización de su traje espacial y arrojándolo al espacio.

Bowman sale a rescatar a su compañero y consigue llegar hasta él, pero ha fallecido, así que lo recoge con los brazos del módulo de rescate y regresa al Discovery. Con Bowman fuera de la nave, HAL simula otra avería y provoca la muerte de los tres tripulantes hibernados. Tampoco permite la entrada de Bowman a la nave, pero este decide entrar por una puerta de emergencia, cuya apertura al ser manual no es controlada por el superordenador.

Con el traje espacial dentro de la nave, para evitar la despresurización provocada por HAL, Bowman va desconectando sus circuitos, que en el proceso pide disculpas por lo sucedido, pidiendo no ser desconectado. Al quedar desprogramado, HAL se pone en marcha una videograbación pregrabada por el Dr. Floyd que pone al corriente a David Bowman de cuál es su verdadera misión: la investigación del origen de la señal recibida por el monolito TMA-1 en 1999, emitida desde un punto cercano a una de las lunas de Júpiter.

Transcurridos unos meses, ya en el episodio titulado «Júpiter y más allá del infinito», David Bowman se aproxima al planeta Júpiter en el Discovery y sale en una de las naves de apoyo a investigar un enorme monolito negro que está orbitando en una luna de Júpiter. Al acercarse hacia él, el monolito toma el aspecto de una puerta rectangular y oscura. A través de ella, Bowman inicia en su módulo espacial un viaje atravesando unos espacios psicodélicos, lo que podría equipararse a un viaje por el universo a la velocidad de la luz.

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De repente, Bowman se encuentra en el interior de una extraña habitación decorada al estilo Luis XVI cuyo suelo está iluminado por paneles fluorescentes de color blanco. El astronauta se ve reflejado en un espejo cada vez más viejo. Debilitado por el acelerado envejecimiento se sienta a comer y su mano tropieza con una copa de cristal que cae al suelo. Posteriormente, aparece moribundo en una lujosa cama y frente a él reaparece el monolito. Repentinamente, Bowman toma la forma de un feto dentro de una esfera transparente, pasando luego a flotar en el espacio sideral sobre la Tierra, en una escena final que constituye el cierre del filme, utilizando, como al inicio, la composición musical «Así habló Zaratustra» de Richard Strauss.​

En los años 80, Stanley Kubrick explicó en una entrevista que el final de la película representa la captura de David Bowman por parte de los creadores del monolito, que es conducido a un confinamiento virtual que representa un nuevo espacio/tiempo, para luego liberarlo con poderes sobrehumanos, transformado en un superhombre. Según Kubrick, «tal como ocurre en tantos mitos de todas las culturas del mundo, el protagonista es transformado al final de su peripecia fuera del mundo de los humanos, en un ser superior y enviado de regreso a la Tierra. Sólo podemos intuir lo que ocurrirá a su regreso. Este el patrón de muchas mitologías, y eso es lo que intentábamos sugerir».

En el año 1984 se estrenó una secuela de la película de Kubrick,  2010, odisea dos, dirigida por Peter Hyams. Retoma la historia donde concluye el relato precedente, pero su tratamiento y resultado quedan lejos de su referente. Andrei Tarkovsky con su filme Solaris (1972) trató de aportar su visión sobre algunas cuestiones planteadas en la obra de Kubrick.

Por su parte, Arthur C. Clarke publicó, meses después del estreno de la película, la novela con el mismo título y después hasta tres novelas más, constituyendo una saga, alargando la historia inicial (2010: odisea II; 2061: odisea III y 3001: odisea final).

El filme dirigido por Stanley Kubrick es hoy una película de culto, considerada como la más alta expresión de la ciencia ficción llevada al cine, y cuya capacidad para sugerir preguntas o respuestas trascendentes sobre nuestro papel como género humano en el universo, no ha sido superada hasta hoy.

Escribe Juan de Pablos Pons

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