Eyes Wide Shut (1999)

  13 Julio 2019

Cambio de siglo

eyes-wide-shut-1El siglo XX parió numerosas e inolvidables obras del séptimo arte, no obstante, pocos realizadores le pusieron su colofón merecido. En su cenit tuvo lugar una de las grandes. Kubrick nos dejó la que sería su última película, pues fallecería pocos meses antes del estreno, un rodaje largo e intenso rodeado de polémica al ser interpretado por la pareja de moda en ese momento, Nicole Kidman y Tom Cruise.

Eyes Wide Shut fue una obra maestra que despertó muy enfrentadas opiniones, no todos los espectadores en ese momento la supieron entender. Basada en un libro  (Relato soñado, de Arthur Schnitzler) ambientado  en la Viena de fines del siglo XIX, la cual cambia en la película por la cosmopolita Nueva York de fines del siglo XX.

El deseo como desencadenante

Kubrick se adentra en la psicología de un feliz matrimonio de clase alta en el cual se desata una crisis provocada por una noche de embriaguez, cuando Alice le confiesa a su marido que en una ocasión, durante un viaje familiar, estuvo fantaseando con un joven marinero, con el cual coincidieron, y habría sido capaz de abandonarlo a él y a su hija, todo por un hombre con quien sólo había cruzado una mirada, sin conocerlo ni mediar palabra.

Su fantasía causa tanto daño en la fe de Billy, que esa noche, tras la confesión y por diversas circunstancias, se adentra en un infierno nocturno de decadencia sexual, drogas y barroquismo que aumenta a medida que avanza el argumento. Se interna así en un lugar que, como Dante en su Divina Comedia describiría: «una vez sobrepases este umbral nunca podrás regresas».

Sobre la sexualidad femenina

Y es que hay mundos y viajes heroicos que son de sentido único y de los cuales el retorno cuando no es imposible sí es muy complicado, y si tienes suerte y regresas ya no serás la misma persona que inició dicho viaje.

Así, lo que comienza como un reflejo de una infidelidad ficticia de una esposa, desemboca en una tortura de celos en un marido. La mujer como arquetipo de buena esposa, como Alice lo es, no debe tener esos impulsos sexuales fuera del matrimonio, ni siquiera en su imaginación, pues como aquí se muestra, si ella los tiene rompe con esa perfecta unión, siendo ella tan culpable de desearlo como el marido de realizarlo, pese a que la infidelidad de ella sea mental y la de él real, las dos son equiparables en la destrucción del matrimonio.

¿Pero qué sucede si el deseo de una sola persona, Alice, refleja el de una parte de la sociedad? Cuando el doctor llega a casa de un paciente fallecido, descubre que, para su hija, él mismo es su objeto de deseo y que abandonaría a su prometido y su futuro brillante por él, a quien apenas conoce. En ese momento el buen doctor descubre que las mujeres tienen fuertes impulsos sexuales, son seres sexuados tanto fuera como dentro del matrimonio.

Sus creencias quedan completamente descompuestas. El problema aquí no es conocerse así mismo, es el conocer a  su mujer, la madre de su hija.

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Las tres noches de Billy

Las tres noches relatadas en las vidas de Billy y Alice reflejan distintas facetas. En la primera noche, la pareja acude a una fastuosa fiesta navideña en casa de uno de sus adinerados pacientes, Victor (Sydney Pollack). Pese a los flirteos de ambos con otras personas, regresan juntos a casa, ese lugar donde estar a salvo de las tentaciones del mundo exterior. Sin embargo, la semilla está sembrada.

Tras un día corriente, acontece la segunda noche. Después de la confesión de Alice sobre su fantasía con el marinero, Billy debe salir del hogar a causa de la defunción de un paciente. Durante su deambular nocturno se topa con diversas mujeres de diferentes edades y clases sociales. Todas ellas son como oráculos que le desconciertan más a cada paso con su verdad, sumiéndolo en la realidad de la sexualidad y la mente femenina.

El denominador común durante el resto de su recorrido serán las imágenes en blanco y negro en su mente, de su mujer con el marinero.

Parada en el infierno

Su última parada, la fiesta de mascaradas de la mansión, es su personal entrada al infierno. Las imágenes, que ya son todo un icono, muestran una mezcla entre ritual religioso, el salón se asemeja a la tipología de una basílica, y representación pictórica que remite a la teatralidad y oscurantismo del barroco. El gran maestre que ofrece a las bellas jóvenes desnudas  a los asistentes, recuerda al retrato que Velázquez hizo de Inocencio X, tanto en la vestimenta bermeja como en el gran sillón que le acompaña.

Las máscaras que cubren las caras de los asistentes, algunas de ellas, guardan similitudes a los rostros monstruosos de las pinturas negras de Goya y, como el pintor, el cineasta muestra todos los aspectos de la vida humana, lo mejor y lo peor, sin dejar a un lado los aspectos más desagradables, manteniendo en todo momento un alto grado estético.

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La estética

La luz predominante es roja en los interiores y azul en el exterior. Como en el apartamento del doctor, el cual posee una calidez especial, es su santuario, y por sus ventanas entra el azul frío de la noche, representando el peligro que acecha, pero sin llegar a inundarlo.

Desde el inicio de la película, con el plano voyeurista de Alice desnudándose en el vestidor como si fuera una obra de Degas, se intercala uno de la fría noche exterior.

La cámara se mueve acompañando al compás a los personajes, únicamente el dramático zoom de la gran sala de la fiesta enfocando a la joven de la máscara de plumas que se ofrece para purgar las faltas de Billy, rompe con toda la armonía anterior.

El personaje de Billy como detective

Tras la segunda noche de pesadilla, llega el tercer día, durante el que se embarca en la investigación de lo sucedido. Recorre  de día los lugares de toda la noche anterior que con la claridad del día parecen diferentes. Sin embargo, su actividad detectivesca es peligrosa, el infierno siempre lo es, ya sea de día o de noche.

Su investigación concluye en la tercera noche. Es Victor, su paciente, quien le revela la realidad. A su regreso al hogar, tras toda su aventura heroica, llega la redención que es alcanzada con la sinceridad hacia Alice.

No obstante, Billy y Alice, ya no son los mismos personajes que cruzaron la puerta y, como Dante decía, una vez traspasada, no se puede regresar.

Escribe María González

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