Miedo y deseo (Fear and desire, 1953)

  13 Mayo 2019

Un objeto cinematográfico extraño

fear and desire-1La acción (no es que haya mucha, porque el presupuesto es mínimo), tiene lugar en medio de una contienda bélica en una tierra extraña. Una patrulla militar, formada por cuatro hombres, el teniente Corby, el sargento Mac y los soldados Fletcher y Sidney, se encuentran tras las líneas enemigas después de que su avión se acaba de estrellar. Avanzan por el bosque, sorprenden a dos soldados enemigos y los masacran. Luego se encuentran con una chica y, temiendo que ella los vaya a denunciar, la sujetan a un árbol. Mientras sus tres compañeros van al río para construir una balsa que esperan que los lleve de vuelta a casa, Sidney se queda con la joven. Es entonces cuando se revela que tiene el espíritu perturbado, tanto por la violencia de la guerra como por su deseo naciente hacia la hermosa prisionera...

Miedo y deseo (Fear and desire en su título original) es el primer largometraje de Stanley Kubrick, quien en aquella época contaba con la tierna edad de veinticinco años. Con una tripulación muy reducida y poquísimos recursos (se dice que echó mano del seguro de vida de su padre para acometer gastos de producción), se fue a filmar a las montañas San Gabriel, cerca de Los Ángeles, durante cinco semanas.

Y aunque pueda parecer algo extraño, el director quedó tan descontento de su trabajo (en el que, por cierto, también había ejercido de director de fotografía, ingeniero de sonido y editor), que durante mucho tiempo se dedicó a buscar todas las copias de la película para destruirlas. Ya que consideraba que como primer ensayo se notaba demasiado que era obra de un aficionado; al respecto dijo textualmente: «esta película es como el dibujo de un niño en la puerta de la nevera».

La primera intención del realizador había sido la de rodar una película muda, aunque fue cuando finalmente se decidió que sería hablada cuando se vio obligado a buscar un aporte adicional de veinte mil dólares para el doblaje. Repudiada por su autor (nunca se incluyó en retrospectivas), si hurgamos en su paupérrima puesta en escena ya atisbaremos su afán de perfeccionismo, su sentido del contexto y la composición de los distintos planos en un hermoso blanco y negro.

El guion lo escribió Howard Sackler, un amigo del instituto de Kubrick, quien más tarde escribiría la galardonada obra teatral y película La gran esperanza blanca (The Great White Hope, Martin Ritt, 1970). Otros amigos le echaron una mano en el rodaje de exteriores en las montañas, montando y desmontando el equipo diariamente. Además, contrató a tres jornaleros mexicanos para transportar las cajas de material hasta el lugar de rodaje. Su primera esposa, Toba Metz, hizo las funciones de directora de diálogos.

Muchos consideran este film como precursor de las obsesiones cinematográficas del director: el uso de la voz en off (reflexiones ajenas al entorno y enfrascadas en verbalizar las propias dudas y sentimientos), utilizada para explicar la situación de un grupo de hombres sumidos en un conflicto armado (lo que también veremos posteriormente en Senderos de gloria y La chaqueta metálica), la coreografía de la violencia, o cómo la guerra puede llegar marcar a los personajes sumiéndolos en la más absoluta de las locuras.

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Kubrick pensó que era un trabajo amateur y quería hacerlo desaparecer. Podemos darle la razón viendo el resultado final, pero hubiera sido una pena destruir esta película. Aunque el resultado es olvidable, todavía es interesante porque se puede ver el germen de todo su trabajo futuro: el director desarrolló en sus películas una idea pesimista del hombre encadenado a los impulsos fundamentales. Detrás de la chapa de madera pulida de la civilización hay una violencia de la que no podemos escapar, una violencia que es también el fundamento de la civilización.

En 2001: una odisea del espacio, un mono lanza una herramienta que sirvió como arma, y ​​esta herramienta se transforma en una nave espacial: en un atajo sorprendente, la civilización se basa en un asesinato. Esta imagen sola resume el pensamiento de Kubrick. En cada una de sus películas, ha trabajado para destruir toda la hermosa charla sobre el humanismo. El hombre no es un ser libre y bueno en esencia, capaz de elevarse por encima de sus instintos animales. Sus instintos están por el contrario siempre allí y guían cada una de sus acciones.

Decimos que más de un director ha negado una obra maestra. Y cuando tratamos con el que posiblemente puede considerarse el genio más grande en la historia del séptimo arte, inevitablemente, empezamos a salivar ante la perspectiva de descubrir un tesoro perdido. Lamentablemente, desde los primeros minutos de la película, nos damos cuenta de que no habrá ninguna sorpresa feliz.

Es muy difícil estar interesado en las aventuras de los cuatro soldados perdidos detrás de las líneas enemigas. El escenario no es muy interesante y no nos centramos en absoluto en los personajes.

Miedo y deseo es, en definitiva, un objeto cinematográfico extraño, un primer borrador que sería un error ignorar si se desea comprender el trabajo del visionario de  Kubrick en su unidad.

Escribe Francisco Nieto

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