Vampiros (Vampires, 1998), de John Carpenter

  06 Abril 2019

Más allá del bien y del mal

Vampiros1Desde que en 1978 La noche de Halloween se convirtió en una película de culto, su director ha seguido una trayectoria irregular, que le llevó a coquetear con las multinacionales (La cosaChristineStarman), para volver siempre a los cómodos presupuestos de la serie B, donde disfruta de mayor libertad creativa (1997, rescate en Nueva YorkEn la boca del miedoEl pueblo de los malditos) y siempre dentro de los límites del cine fantástico.

Ahora, después de casi un año de espera, al parecer por problemas con el Vaticano, que no ve el film con muy buenos ojos, nos llega su última producción, Vampiros, que responde plenamente al espíritu independiente de Carpenter: poco presupuesto, grandes actores pero no estrellas (¿para cuándo el reconocimiento de James Woods como uno de los grandes del cine moderno?), relato con pocas palabras y muchas imágenes... y algunas ideas perniciosas para el actual sistema de estudios.

Pero vayamos por partes. Carpenter siempre ha querido rodar un western (de hecho su primer corto, por el que ganó un Oscar, se titulaba La resurrección de Bronco Billy), pero sólo obtiene financiación para el cine fantástico-terrorífico. Resultado: estos Vampiros son una reedición de aquel Grupo salvaje de Peckinpah, pero en clave terrorífica. Como en el western del tío Sam, aquí hay un grupo perseguidor (los cazavampiros) y un grupo perseguido (los chupadores de sangre, aquí más sangrientos de lo habitual: descuartizan, destrozan cuerpos, mutilan y, si es preciso, se tragan ajos como puños).

Pero pronto uno y otro son difícilmente diferenciables: ambos usan la misma violencia, ambos buscan la venganza, ambos destrozan al bando contrario... Y ese transitar por la frontera mejicana (convertida a su vez en símbolo entre el bien y el mal, entre el día y la noche... pero ambos pasan de un lado a otro sin ningún complejo: son la otra cara de la misma moneda) se convierte en todo un símbolo de búsqueda.

Una búsqueda de caracteres míticos (como el Grial), sólo que aquí servirá para crear una nueva raza de vampiros: los que caminan a la luz del día. No es extraño que ante esta promesa, un cardenal del Vaticano decida pactar con los vampiros y así alcanzar la auténtica inmortalidad (este cardenal, llamado significativamente Alba, en alusión al amanecer de la nueva raza, admite sin complejos que después de tantos años creyendo en la resurrección y en la vida eterna, sin obtener resultados tangibles, es mejor aliarse con el señor de la oscuridad). Puestas así las cosas, es normal que la Santa Inquisición, perdón queríamos decir la Santa Sede, ponga el grito en el cielo. Y todo ello sin contar con que, además, los creadores del mito del vampiro son los mismísimos inquisidores (por un exorcismo «no muy bien acabado»).

El cinismo de Carpenter (un realizador que se define como ateo, no sabemos muy bien por qué: su Dios está muy claro) se extiende a una banda sonora inspirada en el Paris, Texasde Ry Cooder (con ese punteo continuo de guitarra que casi parece un lamento), al coqueteo con el gore (cuenta para ello con la mano maestra de la KNB: Kurtzman, Nicotero y Berger, maestros en el arte de la mutilación sangrienta), y, cómo no, a los nombres de los protagonistas: desde ese Alba que espera ser el primer vampiro que vea el Amanecer, hasta el carroñero cazavampiros, llamado significativamente Crow (Cuervo).

Y nada que decir respecto a los tradicionales mitos sobre el vampirismo: no queda ni uno en pie. Los vampiros de Carpenter son otra especie.

Junto a todo ello, algunos momentos de brillante resolución visual, como la sinfonía de encadenados en la matanza que el vampiro Valek realiza con los cazadores de vampiros, o la posterior sinfonía simétrica cuando Crow entierra a sus excompañeros.

He aquí el trabajo, imperfecto pero honrado, de un auténtico independiente. Vergüenza le debería dar a George Lucas cuando proclama que La amenaza fantasma es el resultado de su trabajo como independiente, alejado de los estudios. ¿Imaginan una película más regida por las decisiones del departamento de marketing que la suya?

Con el tiempo el film de Carpenter será un film de culto. No se lo pierdan.

Escribe Mr. Kaplan

Este artículo fue inicialmente publicado en el número 9 de Encadenados (en 1999)

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