Dos en la carretera (Two for the road, 1967) de Stanley Donen

  15 Marzo 2019

Los viajes y el discurrir del matrimonio

dos-en-la-carretera-1Dos en la carretera comienza con los títulos de crédito creados por Maurice Binder (1),  en los que se  nos muestra una serie de animaciones basadas en todo tipo de señales de tráfico y direcciones que se entrecruzan, mostrando la relación metafórica que se desplegará a continuación entre el viaje, la carretera, y el devenir del matrimonio protagonista a través de los años. La melancólica música de Henry Mancini que los acompaña nos indica también que los recorridos de este viaje no son siempre luminosos.

Un vehículo que se acerca hasta situar a la pareja protagonista en un plano medio, Mark (Albert Finney) y Joanna (Audrey Hepburn), que desde el coche observan a un matrimonio que se acaba de casar, mantienen el siguiente diálogo: “No parecen muy felices”, comenta Joanna. “¿Por qué iban a parecerlo? Acaban de casarse” contesta Mark. Este diálogo, en una escena donde vemos un matrimonio recién casado y un matrimonio tras el paso de los años, enmarca  la reflexión sobre la trayectoria de una pareja.

Con un planteamiento clásico de comedia, donde dos personajes que en principio son muy diferentes terminan juntos, asistimos a la evolución de la pareja durante más de una década: el encuentro, su enamoramiento, los primeros años teñidos de romanticismo a pesar de las dificultades económicas para establecerse como arquitecto, el peso del trabajo que va haciendo mella en las relaciones, el triunfo profesional de él mientras ella se dedica a su casa y a criar a su hija, las continuas discusiones, el éxito económico frente al fracaso personal o sus infidelidades.

Y sin embargo, a pesar de ser conscientes de todos esos acontecimientos descritos en el párrafo anterior y que, por sí solos, no tendrían mayor importancia o novedad respecto a otros filmes que han tratado el desgaste de un matrimonio, muchos de ellos no los vemos en la pantalla sino que nos son descritos o los intuimos a través de las imágenes y los diálogos plasmados en una serie de viajes que los dos personajes realizan por Francia.

Por lo tanto, lo novedoso del filme de Donen no es tanto el contenido que transmite al espectador sino el tratamiento basado en, primero, establecer el viaje como camino paralelo para narrar sus vidas; y segundo,  el montaje que rompe con la historia cronológicamente para permitir avanzar y retroceder durante  ese periodo de años.

Analicemos estos dos elementos.

On the road

La equiparación entre la descripción de los viajes y el discurrir del matrimonio es el vehículo  que el guión de Frederic Raphael (2) utiliza para poner de relieve los diferentes estados por los que atraviesa las relaciones de Mark y Joanna a lo largo de los años. Ese planteamiento permite al espectador saltar por encima de los hechos diarios para observar directamente el resultado  de su matrimonio.

No vemos el casamiento de la pareja, el nacimiento de su hija o sus dificultades para establecerse profesionalmente, pero somos conscientes de la que significa pasar del romanticismo inicial a una relación guiada  por la institución del matrimonio y todo lo que ello conlleva. Por ejemplo, cuando el film introduce cómo afecta el nacimiento de su hija en el matrimonio lo hace a través de su propia hija pero sobre todo utiliza la (aterradora) hija de unos amigos durante el viaje que realizan hacia Grecia y que se frustrará precisamente por la actitud de la niña impertinente.

La carretera funciona como un teatro donde asistimos a la representación metafórica de sus relaciones. Los desplazamientos en autostop, el coche viejo que se estropea y los alojamientos baratos con su imagen idílica y romántica nos hablan de la primera etapa de la pareja donde el amor se impone frente a las adversidades. La pareja se está conociendo y los elementos adversos quedan escondidos bajo ese amor iniciático.

Los viajes posteriores van aportando el peso de la rutina en un matrimonio que se mantiene bajo la promesa de un amor latente y que sofoca las crisis que el paso de los años destapa irremediablemente.  Todo se desarrolla en la carretera: las dificultades económicas, los primeros pasos en el mundo laboral de la mano de Maurice, el abandono de Joanna por parte de Mark debido a la absorción de su trabajo como arquitecto, las discusiones, las reconciliaciones o las infidelidades. Todo ello planteado siempre bajo la tesis de seguir hacia delante en ese viaje donde parece que nadie está dispuesto a apearse (3).

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Ayer, hoy, ¿mañana?

El segundo elemento significativo es la utilización del montaje para alterar la narración cronológica. Partiendo de un viaje que se desarrolla en el tiempo actual, 1966 (el filme se estrenó en 1967), asistimos a diferentes flashbacks que nos muestran los desplazamientos de la pareja por Francia.

Así, haciendo visible para el espectador la situación actual de un matrimonio en crisis, el montaje nos va trayendo al presente el pasado de la pareja mediante cinco viajes que ambos realizan por el sur de Francia (seis si contamos el fragmento donde se muestra la infidelidad de Mark en un viaje en solitario). Estos cinco viajes no llevan un orden temporal, de tal forma que vamos avanzando o retrocediendo en el tiempo, siendo el espectador quien recompone los fragmentos.

Por lo tanto, esta fragmentación del relato consigue aportarnos una visión de conjunto de la relación del matrimonio que únicamente es posible con este montaje pues si pusiéramos las escenas cronológicamente la película no tendría sentido ya que esta continuidad viene dada por las transiciones que encadenan la acción (un coche de un viaje que deja paso a otro coche de otro viaje, diálogos que se encadenan de una época a otra, etc.).

Además, estas transiciones tienen como principal objeto cuestionar y rebatir las ideas de la pareja. De esta forma, asistimos a las contradicciones de Mark y Joanna precisamente por avanzar y retroceder en la narración. Resulta triste observar las primeras escenas en las cuales se describe un matrimonio acabado y encadenar la visión de un barco desde el avión con el barco donde Mark y Joanna se conocen por primera vez. Asistimos al acercamiento de la pareja, con sus situaciones cómicas, pero siendo conscientes que en unos años ese optimismo inicial se tornará en una agria relación, pues cuando hablan en su primer viaje de que los matrimonios no hablan, a continuación, viene una escena que certifica esa afirmación con ellos mismos una vez ha pasado el tiempo.

Aunque no es necesario ya que los modelos de los coches y el vestuario aportan los datos suficientes para saber en que viaje nos encontramos en cada momento del filme, éste da pistas sutiles para situar a los personajes y sus desplazamientos en el tiempo concreto. Por las fechas que aparecen en las pegatinas de los parabrisas de los coches, el sellado del pasaporte, el año de edición de una guía de viaje o el diálogo (dos años de casados, volveremos a esta playa dentro de 10 años, etc.) podemos situar que Dos en la carretera transcurre más o menos en una docena de años (entre 1953 y 1966) y aunque, insistimos, no es significativo saber la fecha exacta sí es importante al menos el periodo temporal conjunto porque en esa década se produjeron cambios sociales que ayudan a enmarcar los cambios de los personajes (movimientos sociales, culturales, ideológicos).

Además, para quien suscribe este análisis, Dos en la carretera refleja también los cambios que en esos años se dan entre el modelo de cine clásico (Hollywood, los estudios, las estrellas) y el modelo hacia un nuevo cine que se da a partir de la década de los 60. No hay que olvidar que la trayectoria de Donen, un representante genuino del modelo de representación institucional del cine clásico (sus musicales con Gene Kelly), experimenta y va cambiando su estilo hacia un cine más acorde con el nuevo periodo (rodajes en Europa, nuevos actores como el propio Finney que venía del Free Cinema, temáticas más adultas, etc.). Ese matrimonio joven y feliz, como el cine de la época dorada de Hollywood, pertenece a un tiempo que ya pasó; ahora, como los personajes, ese cine debe adaptarse a los cambios.

Podría parecer que debido al énfasis puesto en resaltar la estructura del filme, con el magnífico guión de Frederic Raphael, el trabajo de Stanley Donen como director queda disminuido o infravalorado. Esta consideración sería un error pues el tratamiento visual de Dos en la carretera pone en valor la dirección y el concepto cinematográfico de Donen. El entramado narrativo tiene su origen en el guión, del que el propio director participa aunque no figure en los títulos,  pero la visualización del mismo, la puesta en escena remite a la elegancia del director de títulos como Cantando bajo la lluvia o Charada, por nombrar dos obras maestras de su filmografía.

La coordinación de las transiciones para hacerlas naturales de cara al espectador, el tratamiento del gag clásico basado en la imagen (la cara del policía cuando disimula para no empujar el coche de la pareja, las caídas en la piscina), el uso de los primeros planos para insertar el dramatismo en las escenas o la utilización de los recursos cinematográficos de montaje o la rotura del raccord (la escena en que vemos cómo Joanna se aleja por la montaña enfadada y cuando Mark le pregunta si quiere casarse con él, de repente, aparece junto a él para abrazarse) nos remiten a un concepto visual cinematográfico más allá de la escritura del guión.

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De la comedia al drama

Las películas grandes son aquellas que vistas en reiteradas ocasiones siempre son capaces de aportar un valor extra más. Al igual que títulos como Vértigo ó 2001, la visión de Dos en la carretera en diferentes periodos de una vida, completa la paleta de colores del filme y demuestra que lo que marca la diferencia entre unas películas y otras es la capacidad de sentirlas vivas, actuales.

El filme de Donen se acrecienta con los años y recoge la experiencia que el propio espectador va acumulando con el paso del tiempo. ¿Significa esto qué un espectador joven no puede llegar a comprender el filme? Obviamente, no. Pero sí es cierto que la hondura de la propuesta cala conforme ese espectador es capaz de sentir las emociones que se plasman en la pantalla.

Este efecto hace que en sucesivas visiones, el humor (la parte más visible) se torna en cinismo, la comedia deja paso al drama, y el optimismo inicial termina transformado en la rutina cotidiana que acaba con todo.

En su momento el filme fue acusado de imponer un final feliz al terminar los dos juntos (unidos por la anécdota del pasaporte que se repite a lo largo de la narración), aunque sinceramente no creo que nadie piense que ese camino elegido (la continuidad del matrimonio) sea el mejor para los protagonistas o les garantice un happy end creíble, pues Mark y Joanna están más cerca de la aceptación de su rutina que de las ganas de luchar por un futuro mejor.

Escribe Luis Tormo

(Este artículo se publicó inicialmente en enero de 2014, en el monográfico "Crisis de pareja".)


Notas

(1) Binder fue un colaborador habitual de Stanley Donen desde Indiscreta (Indiscreet, 1958), aunque su mayor reconocimiento vino dado por la elaboración de los títulos de crédito de la serie de James Bond.

(2) Frederic Raphael es novelista, guionista y director. Ganó un Oscar en 1965 por Darling, la película dirigida por John Schlesinger, y obtuvo una nominación por el guión de Dos en la carretera. Uno de sus últimos trabajos fue su colaboración con Kubrick para Eyes wide shut, un guión en el que volvía a desmenuzar una relación matrimonial.

(3) Curiosamente, en el momento de la realización del filme, y lo sabemos por Stanley Donen que lo confesó en una entrevista con Juan Carlos Frugone para el libro …Y no fueron tan felices editado en 1989 por la Semana Cine de Valladolid, tanto Donen, como Finney y Hepburn estaban tramitando los divorcios de sus respectivas parejas.

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