Vivir es fácil con los ojos cerrados (2013), de David Trueba

  05 Marzo 2019

En busca de… 

vivir-es-facil-1Ahora que están de moda las páginas web donde te apuntas cuando haces un viaje solo en coche, para que desconocidos se sumen a tu vehículo y así compartir los gastos en gasolina, David Trueba presenta su octavo largometraje, Vivir es fácil con los ojos cerrados, en el que, aunque llevado a 1966, sus personajes también realizan un viaje —o más bien una búsqueda—, de forma muy similar a las de estas novedosas iniciativas del mundo Internet.

Son tres los personajes principales: Antonio (Javier Cámara), Belén (Natalia de Molina) y Juan José (Francesc Colomer). Todos ellos escapan de su rutina en busca de algo.

Antonio es profesor de inglés en Albacete. Le apasiona lo que hace, es cercano, idealista, entrañable y de corazón solitario, pero por encima de todo es fan confeso de John Lennon y los Beatles. Por eso decide viajar en su 850 hacia Almería donde John está rodando la que después se llamaría How I won the war.

Belén está cansada de que todo el mundo decida por ella. Su madre la ha ingresado en una casa hasta que nazca el bebe que luego se quedarán. Por fin ha decidido escapar y tomar sus propias decisiones.

Juan José, por su parte, no está a gusto en el núcleo familiar, no comparte las ideas y modos de educación de su padre. En pleno 1966 con la dictadura franquista en su máximo esplendor, la familia de Juan José es en realidad el reflejo de la mayoría. Belén y Juan José no se ayudan de Internet para viajar —para escapar—, se echan al camino a la vieja usanza: haciendo autostop, y Antonio que es un alma cándida no duda en ayudarles.

Lo que en principio es un simple viaje, una huida, se convierte en unos días que cambian su vida, un viaje en el que todos aprenden y evolucionan. El joven descubre el amor y lo mucho que necesita el cariño de su familia —sean como sean—, en especial de su madre. Descubre además lo difícil de ser diferentes —aunque sea en un simple corte de pelo— en época de represión.

Belén madura interiormente. Por primera vez nota que su opinión cuenta, que alguien valora lo que sabe hacer —cortar el pelo, arreglar un coche—, y que es capaz de sobrevivir por ella misma y tomar las riendas de su vida.

Antonio está encantado de viajar en compañía, de sentir el cariño de una mujer que desde hacia tiempo no sentía, los otros dos son como los hijos que nunca ha tenido y siempre quiso tener. Además, al igual que le pasa con sus alumnos, con ellos también se siente admirado, es como el protector del resto por ser el más mayor y el único con poder adquisitivo, es su héroe. 

Así es precisamente como lo llama David Trueba, en una entrevista colgada en YouTube, Entrevista a David Trueba por Raúl García: “Antonio es el arquetipo de aquellas personas que saben como tendrían que vivir y no saben aplicarlo para ellas mismas, esos personajes solitarios que cuando entran en contacto con los demás es cuando disfrutan, para ellos es su héroe”.

Igual que en su película de 2002 Soldados de Salamina, la figura del héroe de verdad, es uno de los enseres de este viaje a Almería, al pasado: “Siempre me atraen las peripecias de hombres insignificantes no tengo especial predilección por la grandilocuencia, sino por las pequeñas cosas, que en cambio para mí cambian el destino” —comienza diciendo.

Y es que curiosamente el personaje de Antonio existió en realidad. En 1996, cuando Almería celebraba los 40 años de la visita de John Lennon, David leyó una crónica donde aparecía un hombre que buscaba a Lennon y que consiguió hablar con él. Fue este hombre y otras ideas que tenían desde hacía tiempo en su cabeza lo que le impulsaron a rodar esta película.

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Revisando el pasado

Según explica Trueba, está en busca de un ciclo. Un ciclo de tres películas en tiempos pasados recientes de España que den una visualización global a en lo que ahora nos está ocurriendo.

Por esto son fáciles de ver las similitudes entre está y su anterior obra Madrid, 1987 que estrenó hace un par de años.

Aunque ahora se ha ido unos años más atrás, ambos protagonistas —el de Javier Cámara y el de José Sacristán— representan al bando de los que perdieron en la guerra civil. Son personalidades distintas, pues mientras que Sacristán ya da todo por perdido, la mirada de Antonio, el personaje de Javier, es mucho más vitalista y esperanzadora. En ambos filmes el pequeño de los Trueba apuesta por el contrate de dos personajes principales: masculino y femenino, juventud y madurez, experiencia y frescura. 

Claro que esta vez, introduce a más de uno, y en vez de encerrarlos, los lleva de viaje. Pero las similitudes van más allá. Estéticamente se parecen en el tono. Ambas están pasadas a través de un filtro cálido, adquiriendo un color amarillento similar al de las fotos antiguas. Y por supuesto, de nuevo, una critica a nuestro tiempo desde el contexto pasado.

Sí, es verdad que en este se ha preocupado más por el contexto histórico a base de detalles. En Madrid, 1987 todo se intuía a través de los diálogos entre los personajes. Está vez hay planos dedicados a los letreros que Franco tenía repartidos por el campo, hay dos guardias civiles típicos de ese período tanto estética como psicológicamente hablando, se respira ambiente de represión a lo largo de toda la historia, la secuencia de la familia de Juanjo, incluso las películas que se pasan en el cine dan pistas del ambiente político que se respira, toda una serie de detalles que describen perfectamente ese 1966 y esa intención del director por luchar, por ir contra la marea a través de sus personajes.

Estás intenciones y otras muchas se ven perfectamente en los recaditos del nuevo trabajo de David, plasmados explícitamente en frases como que “en la vida no hay que tener miedo”, “nunca dejéis que rebajen vuestra dignidad”, “la distancia hace que todo se vea menos importante”, “hace tiempo comprendí que la mejor manera de entender a una mujer, es no tratar de entenderla...”. Todas ellas del personaje voz de la experiencia, Antonio. Así pues, decir que la amistad, el amor, la juventud, la educación, los sueños, la familia, la lucha, el inconformismo, la autodecisión, el inglés, el pasado histórico y los Beatles son los temas principales.

En una visualización ligera del filme puede decirse que es una oda al grupo inglés, sin más. Se nombran varias de sus canciones: Help!, A hard day’s night (Qué noche la de aquel día) y la más importante, Strawberry Fields Forever. John Lennon se inspiró en Almería y en sus campos de fresas para está canción, pero lo más curioso es que en una de sus estrofas dice: “Vivir con los ojos cerrados es fácil”. Es más, la canción hace una invitación a escapar a la tierra de las fresas: “Déjame llevarte allá, porque voy a los campos de fresa. Nada es real y no hay nada para perder el tiempo. Campos de fresa por siempre”, sería la traducción al castellano.

El estilo de David podrá gustar o no, pero no hay duda que trabaja en los detalles para dejar todo bien hilado y hacer miles de guiños. No es de extrañar por tanto, que uno de los secundarios, el dueño del bar en el que los protagonistas se pasan mucho tiempo en su estancia en Almería (Ramón Fontserè) regale a sus invitados barquillas llenas de fresas almerienses.

Sin embargo vamos un poco más allá, pronto descubrimos que los personajes ingleses y el tema de los Beatles son sólo un enser más, una simple excusa para tratar todos los temas nombrados anteriormente. Al personal de cine, del rodaje de Lennon, Trueba los muestra como personas admirables, un poco inaccesibles, pero sin connotación porque sean ingleses, simplemente lejanos porque son gentes del cine.

Como digo, son sólo una excusa. Por ejemplo, todo el tema del rodaje, el cine, los ingleses, Lennon y los Beatles le vale Trueba para hablarnos de la importancia de perseguir los sueños, para dotar a Antonio de esa parte idealista, que según Trueba todo ser humano debe tener.

Según cuenta en la entrevista ya mencionada, una personas sin sueños sería o bien un cínico o un egoísta. El mundo de los sueños y la lucha por ellos es otro claro punto en común con Madrid, 1987, donde el personaje de María Valverde también es una soñadora nata.

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Revisando el presente

Tengo que mencionar también el tema de la educación. Me parece muy interesante, como David enlaza el pasado con el presente, construyendo esa visualización global del pasado para fijarnos en el hoy.

Tal y como está la situación en el plano de la educación en la actualidad, que el protagonista sea un profesor, defensor acérrimo de la enseñanza en general y del inglés en particular, me parece más que una casualidad. Un matiz muy oportuno. Con ello Trueba aprovecha para alzar una lanza a favor de todos ellos, de su lucha. Y otro tema oportuno el del inglés. Esa asignatura pendiente aún a día de hoy para la mayoría de los españoles y cuya principal raíz del mal existe, para muchos, en el mal planteamiento de la asignatura en el sistema educativo. David muestra a través de Antonio el camino a seguir, haciendo ver a los jóvenes que el inglés puede ser divertido además de necesario y que puede aprenderse de forma amena, tomando como ejemplo las canciones de los Beatles.

Para hablar del tema de Bruno, tengo antes que comentar el buen perfilado de los personajes secundarios. Con pocas pinceladas nos hacemos a la idea de cómo es la familia de Juanjo. Padre autoritario, madre reprimida… pero quizás porque nadie les ha enseñado a hacerlo mejor, porque es su manera de querer. En pocas pinceladas conocemos al dueño del hostal, almeriense de pro, y al dueño del bar —espejo de Antonio por vidas e ideas paralelas— y a su hijo de Bruno.

Bruno es paralítico. Vive contando las olas con una sonrisa permanente en la cara. Este personaje podrá verse por muchos como un personaje de relleno, con la mera intención de la lágrima fácil, pero es todo lo contrario. Bruno está ahí para dar fuerza, positivismo a los personajes principales en particular y al publico en general. Es Bruno quien les abre los ojos mostrándoles que por muy mal que estén, hay personas que pueden estar peor y que sin embargo siguen hacia delante con una sonrisa.

Así pues, podemos decir que la historia sencilla de Trueba es positiva, vitalista, divulgativa y a la vez critica. Un combinado de enseres bastante explosivo para quedarse en un simple viaje de un fan madurito, ¿no? Trueba ha encontrado la manera precisa y sencilla de contar todo lo que deseaba de una forma cercana, entrañable e incluso cómica por momentos.

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Y además…

Almería se distingue bastante bien en los planos de la carretera del cabo de Gata, en sus escenas con el coche, en esas vistas de sus áridos paisajes recordándonos al lejano Oeste. En cuanto a la música las canciones están bien introducidas, tanto las de los Beatles como el resto de la banda sonora.

Javier Cámara, por su parte, se mete estupendamente en el papel, le da un cariz entrañable a su personaje, que enamora al público con esa mirada entre triste y feliz a través de sus gafas. La desconocida Natalia de Molina encaja perfectamente con Javier ayudando a crear una atmósfera cercana y verosímil, donde se muestra cómo dos desconocidos pueden ayudarse en momentos determinados. Por su parte, el ganador del Goya por Pà negre, Francesc Colomer, cierra con calidad ese trío, dando a su personaje el punto justo entre el atrevimiento y la discreción, aportando esos matices característicos de todos los jóvenes perdidos cuando toman conciencia del mundo que le rodea.

Vivir es fácil con los ojos cerrados es una reflexión sobre lo que fuimos y somos, una búsqueda de lo que queremos ser, un camino a recorrer para conseguirlo —a poder ser acompañados— y un mensaje para llevarlo a cabo: la vida hay que vivirla intensamente, sin miedo, siendo nosotros mismos los directores de ella, alzando la voz ante las injusticias y abriendo los ojos, aunque ya es sabido, que no será fácil.

Escribe Eva Cortés

(Este artículo fue inicialmente publicado en Encadenados en noviembre de 2013, con motivo del estreno del film.)

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