El cine de James Benning

  14 Febrero 2019

La América olvidada

benning-1En 1870 el químico belga, Edmund J. DeSmedt, colocó el primer pavimento de asfalto en Newark (Nueva Jersey); desde entonces, más de seis millones de kilómetros de carretera se han extendido a lo largo y ancho de los Estados Unidos (más del doble que en toda la Unión Europea).

La carretera y, la inseparable figura del coche, transformaron el país y, a comienzos del siglo veinte, varias empresas recorrieron miles de kilómetros con el propósito de analizar los cambios ocurridos. America vom Auto Aus (América desde el coche, 1930) no solo captó paisajes y ciudades, sino también, como vivían los afroamericanos en zonas rurales del país, la formación de comunidades chinas o la creciente desigualdad entre ricos y pobres.

Pero además, la vida y los diferentes motivos que surgían a sus aledaños; moteles, gasolineras, puentes, autobuses, cafeterías o vallas publicitarias. Elementos populares que constituyen una iconografía norteamericana, capturados primero por la fotografía y luego también por el cine, sin los que sería difícil imaginarse los Estados Unidos, y que además, son una fuente inagotable para la creación de todo tipo de narrativas, algo que la industria del celuloide ha sabido sacar buen provecho de ello.

Ciertamente, la carretera —o el camino— ha sido un elemento primordial en multitud de obras literarias y cinematográficas. Designa, de forma alegórica, el recorrido vital que hacemos por la vida, las vivencias del personaje, así como su desarrollo. Pero también aparece como elemento compositivo; la carretera puede ser también el trazo que guía la mirada del observador a través de la imagen, otorgándole dinamismo, profundidad… de forma que construya una narración en sí misma, está vez de naturaleza abstracta, como en un cuadro pictórico, que directores como Abbas Kiarostami han sabido explotar en su cine.

En el cine de James Benning, al igual que en el del maestro iraní, la carretera está muy presente, siendo el motivo principal en varias de ellas. Desde su versión (nada convencional) de una road movie 11x14 (1977), hasta Small Roads (2011) o Easy Rider (2012).

11x14 tuvo una enorme acogida por la crítica en su época y fue un trabajo de referencia dentro del cine estructural americano de los años 70. A través de una narrativa experimental, en la que cada imagen mantiene su autonomía al tiempo que crea una gran cantidad de asociaciones, pero que, sin embargo, nunca se terminan de definir por completo. Un mosaico de 65 planos secuencia basados en la iconografía del Medio Oeste estadounidense y que ha ejercido una enorme influencia en grandes directores, como es el caso de Chantal Akerman y su fabulosa D’Est (1993), donde la realizadora belga recoge, a través de varios viajes por el este de Europa y Rusia, la desesperación e inmovilidad del antiguo bloque soviético al inicio de su unificación con la Europa occidental.

James Benning (Milwaukee, Wisconsin, 1942) se define como un artista que emplea el cine como medio, hecho significativo que explica su particular modo de realizar sus filmes. Con formación matemática, sus inicios en el séptimo arte están ligados a la corriente de cine estructural, ala dura del cine experimental norteamericano. En sus películas, más de sesenta títulos en algo más de medio siglo de carrera, se establece una delicada relación entre el paisaje y el tiempo, donde observar y escuchar es, según sus palabras, lo más importante a la hora de definir la forma y el contenido de sus films.

Benning trabaja por regla general solo, él mismo filma, hace el sonido y edita sus películas. A bordo de su coche, como en antaño hicieron fotógrafos como Walker Evans o Robert Frank, entre muchos otros posteriores. Realiza largos viajes en busca de locaciones, escuchando horas y horas de música y durmiendo en moteles que encuentra por el camino, hasta vislumbrar algo que le hace detener el coche, salir y preparar minuciosamente el equipo. Se toma el tiempo necesario para buscar el ángulo adecuado para el encuadre. Una vez encontrado, registra las imágenes y sonidos y espera a que el paisaje se manifieste.

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Con el nuevo milenio, tras más de cuatro décadas realizando cine en celuloide, Benning comienza a trabajar en digital y, con un estilo muy depurado, realiza Small Roads (2011), donde filma 47 carreteras secundarias en doce estados diferentes de Norteamérica. Aquí, los leves movimientos de cámara y travellings de su primera etapa desaparecen, y el filme se compone únicamente de tomas estáticas, al estilo de las vistas de los Lumière, que se suceden una tras otra, como ya hizo en 13 Lakes (2004) y Ten Skies (2004), quizá sus filmes más conocidos.

Este modo de estructurar las películas a modo de «colección de temas» —lagos, firmamentos, o en el caso de Small Roads, carreteras—, es una de las estrategias (de tipo serial) que junto a la concepción del tiempo fílmico (tomas fijas muy largas), constituyen las características más esenciales de los documentales observacionales de Benning. Ambas estrategias fueron ya trabajadas por uno de los antecedentes al cine estructural como lo fue Andy Warhol y sus filmes Kiss (1963) o Empire (1964), de quién Benning nunca escondió su admiración, y que se hace todavía más evidente en Twenty Cigarettes, 2011 una especie de tributo a los Screen Tests de Warhol.

El estatismo compositivo y la duración de los planos busca incitar una actitud contempladora en el espectador, pero al contrario de lo que pueda parecer, parte de una pauta Zen que John Cage defendía para enfrentarse al aburrimiento: «Si algo te aburre después de dos minutos, inténtalo durante cuatro. Si aún te aburre, inténtalo durante ocho, dieciséis, treinta y dos, y así sucesivamente. Finalmente descubrirás que no es aburrido en absoluto, sino muy interesante» (1).

Como podemos apreciar en Small Roads, este entusiasmo por la duración, al contrario que en la imagen fija —ni tan siquiera de una serie de fotografías o de pinturas— permite al espectador percatarse de infinidad de cambios (y de las transiciones de estos) que se producen en el paisaje; cambios de luz, el movimiento producido por el viento o el paso de algún camión, así como, de las diferentes capas de la historia como en Deseret (1995) o Easy Rider (2012), de la que hablaremos más abajo.

Por otro lado, películas como Small Roads, llevan implícito un trasfondo ecológico importante. Si pintores como Turner o los impresionistas franceses mostraban las primeras evidencias de la Revolución Industrial (humo, máquinas de vapor, chimeneas, etc.,) con cierto optimismo, aquí el paisaje se muestra desde un nuevo sublime, el del tráfico de la mercancía en el tiempo de la globalización, donde la carretera, metáfora de la construcción del país, pero también de su devastación, aparece como un elemento que invade todos los espacios naturales sin dar tregua alguna.

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Una de las nuevos retos que emprende Benning en su etapa digital es la relectura de películas, ya sean propias —One Way Boogie Woogie/27 Years Later (2005)— o clásicos del cine americano, como Faces (2010) de John Cassevetes o Easy Rider (2012) de Dennis Hopper.

En el remake del film de Hopper, Benning divide la película original en escenas que luego reemplaza, cada una, por una «vista» en la ubicación original y, aunque incorpora algunos diálogos de la película original, las legendarias canciones de la película del 69 son sustituidas por otras que el director escucha en la actualidad.

Su intención no es otra que la de establecer un diálogo entre la efervescente y contestataria década de los 60 con la actualidad de los EEUU. ¿Dónde está la contracultura de hoy?, parece preguntarse Benning, ¿acaso en los inmigrantes del sur que llegan al país en busca de una mejor vida? Al comienzo de la película se escucha a un grupo de hombres hablar castellano —en el film original los protagonistas llegan a un bar buscando a un dealer—. ¿Quizá en supervivientes como Susan Dietrich Schneider (The Space Lady) que a día de hoy continúa tocando para nostálgicos del sci-fi disco? Su versión del Born to be wild de Mars Bonfire suena a mitad del film, ¿o tal vez la contracultura se ha convertido únicamente en un souvenir que sólo podemos encontrar en la música o el cine?

Benning, muy crítico con la dirección que está tomando su país en los últimos años, ha manifestado en varias ocasiones que en sus películas se hace patente la frustración que le produce ser americano y la relación de amor-odio que tiene por su propio país. Las contradicciones o incoherencias de un país como Estados Unidos son perfectamente aplicables a la mayoría de los grandes estados de este complejo mundo, seguramente esté implícito en nosotros mismo y en cualquier cosa que nos dispongamos a hacer.

Pero lo cierto es que Benning parece necesitar constantemente subrayar este hecho en sus películas. Quizá sea por un apego demasiado incondicional hacia su país cuando era joven o, más bien, hacia las cosas que ama, como la música, la contracultura de los sesenta o autores a los que admira como David Thoreau, John Cage, Maya Deren o Robert Smithson, por mencionar sólo algunos.

Su cine se empeña en hacernos contemplar y escuchar el paisaje, observar sus cambios, leer su historia, tratar de entender su significado, para quizá así, llegar a conocernos y entendernos a nosotros mismos. Nos señala que, si bien la cultura estadounidense puede parecer estática y uniforme, en realidad, es muy dispar y está en continuo cambio, llena de ciudades y pueblos, algunos de ellos muy recónditos y completamente diferentes entre si.

Lugares como los que aparecen en Easy Rider nacieron a consecuencia de la construcción de extensas vías de carretera que vertebran el país, pero han permanecido escondidos y olvidados del progreso y de los políticos. El Partido Demócrata, que tradicionalmente ha sido el principal impulsor de la clase trabajadora, parece sin embargo, haber dado la espalda a una parte importante de la sociedad americana, sin percatarse de que alguien se aprovecharía de esta falta de comprensión entre las dos américas y lo utilizaría a su favor para acabar siendo presidente.

Escribe Rubén Marín Ramos


 

Nota

(1) Silencio: conferencias y escritos. John Cage. Árdora Ediciones. 2013.

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