Entre el gótico y el fantástico

  11 Noviembre 2018

Fanny y Alexander, de Bergman

fanny y alexander-80Desconozco la versión para televisión en formato miniserie de Fanny y Alexander (Ingmar Bergman, 1982), pero la traslación para cine de tres horas de duración presenta una estructura en dos secciones simétricas de signo claramente opuesto: una primera, donde los niños Fanny y Alexander viven felices con sus padres, tíos y abuelos en la mansión de la familia Ekdahl; y una segunda parte, donde los infantes sufren variadas desventuras con su padrastro, el obispo Verguerus y su aterradora familia.

Los Ekdahl conviven en un ambiente de libertad creativa, moral y sexual, donde reina la armonía. La decoración de su casa es hermosa, plena de belleza y luz, de vivos colores, como también los son sus moradores, librepensadores ajenos a los convencionalismos. Allí los niños son especialmente felices. Es la muerte del patriarca Ekdahl la que va a desencadenar la tragedia, con el subsiguiente enamoramiento de su viuda del obispo Verguerus y el traslado de esta con sus hijos a la mansión del religioso.

A partir de ese momento el film vira hacia una narrativa gótica por oposición o por contraste con ese mundo maravilloso dejado atrás, resaltando las diferencias entre estas dos concepciones de la vida tan radicalmente opuestas.

Es precisamente en esta segunda mitad donde el director desarrolla las líneas más oscuras de la historia, emparentándolo en muchos momentos con el cine fantástico o de terror. Bergman trabaja sobre unos personajes en los que descubrimos rasgos sádicos que rayan la psicopatía y lo plasma en imágenes que priman lo lúgubre y tenebroso: las estancias inhóspitas, las tormentas, los barrotes, los castigos físicos y las reclusiones, las apariciones fantasmagóricas.

Este aspecto de la puesta en escena es resaltado por Quim Casas en un estudio reciente sobre Bergman: «…como ocurre con otros muchos directores, hay a veces en el cine de Bergman una cualidad de lo fantástico que está más allá del constreñimiento a una temática, unos personajes y al mismo género y sus códigos: es la puesta en escena lo que da relevancia fantástica a algunas películas de los mejor de su repertorio» (1).

Serán los personajes y sus actos y la imaginería que los rodea lo que definirá lo fantástico en Fanny y Alexander.

Dejando de lado las apariciones fantasmagóricas de Oscar Ekdahl, el padre de Alexander, mostradas con un naturalismo rayano en la cotidianeidad más pasmosa, el personaje con un halo gótico más conseguido corresponde al obispo Verguerus. Su caracterización como un hombre retorcido e implacable, de un integrismo religioso sofocante, porte distinguido y vestido con levita negra nos recuerda al Drácula de Terence Fisher (1958) y, al igual que éste, caerá sobre sus víctimas con elegante sofisticación.

La atracción que siente la bella Emile Ekdahl por el obispo, buscando una falsa seguridad y respetabilidad, es la pulsión suicida que muestran muchos de nuestros héroes por el lado más siniestro de la existencia y del ser humano. Como resalta Savater refiriéndose al papel del monstruo en la narrativa fantástica: «“Hacia el monstruo sentimos miedo o repulsión, pero también un extraño y salvaje afecto. El monstruo nos repele, aunque también nos atrae, es decir, nos tienta. Lo monstruoso del monstruo, sea Macbeth o una tarántula gigante, es que representa nuestra tentación» (2).

Alrededor del obispo Verguerus se mueven toda una serie de personajes que componen una galería bizarra. Destacamos a la madre y la hermana de Verguerus, tándem diabólico, puritanas estrictas, adictas a las normas y celosas al extremo, capaces de amargar la existencia de la nueva ama de la casa, remedando a la inquietante señora Danvers de la Rebeca de Hitchcock. Sin olvidar a la monstruosa tía del obispo, de aspecto terrorífico, retrasada, obesa y siempre recluida en una habitación. La atroz muerte de la tía envuelta en llamas se concatena hábilmente con la venganza de la viuda Emile sobre el obispo, en un pasaje lleno de magia y extraña premonición.

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En el tramo final del relato, cuando el judío Isak logra liberar a los niños de la mansión de Verguerus ocultos en un arcón, en realidad una suerte de ataúd, estos se toparán en casa del judío con otra de las figuras más inquietantes del film. Nos referimos a Ismael Redzinsky, sobrino de Isak que vive encerrado en una mazmorra. Es un ser pálido, de andrógina belleza (no en vano está interpretado por la actriz Stina Ekbland), con un aura vampírica y con extraños poderes. Ismael es capaz de convertir en realidad los deseos más ocultos de Alexander, entre ellos la anhelada muerte del obispo Verguerus. Ismael  lo verbaliza: «Realmente eres un extraño personaje, Alexander. No quieres hablar, no quieres confesar lo que piensas… Una muerte te obsesiona. No digas nada, yo sé muy bien en quién piensas».

La puesta en escena y la dirección artística ayudan también a crear este halo fantástico y atosigante. La mansión de Verguerus se nos muestra lúgubre, sin adornos, de paredes grises y monótonas. Los niños encerrados en sus habitaciones contemplan solemnes la tormenta a través de los barrotes.

Y es precisamente la lluvia la que nos indica la presencia maligna del obispo en oposición a la luz y el calor de las escenas en las que interviene la familia Ekdahl. La vivienda del religioso está circundada por un riachuelo crecido por el aguacero incesante. Vemos un primer plano del esqueleto de un perro en el río y mediante un barrido vertical pasamos a renglón seguido a las ventanas donde están recluidos los hijos de Emile.

Por último, resaltar la dirección de arte y el atrezzo de la casa de judío Isak, quizá la parte más fantástica del film. Allí encontramos marionetas, engendros mecánicos, momias, en un ambiente recargado, asfixiante, que abona las pesadillas del propio Alexander.

En la mazmorra en penumbra habita Ismael, el demiurgo que finalmente hará realidad todas nuestras quimeras y fantasías.

Fantasías que para Alexander supondrán la muerte de lo oscuro y retrogrado y el triunfo de la luces y la alegría de vivir.

Escribe Miguel Ángel Císcar


Notas

(1) Fantasía y terror: cuestión de puesta en escena. Quim Casas. Especial centenario Ingmar Bergman. Dirigido por… Julio-Agosto. 2018.

(2) Fernando Savater. Misterio, emoción y riesgo. Editorial Ariel. 2008.

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