Fanny y Alexander: Teatro, cine y literatura

  13 Noviembre 2018

Bergman

fanny y alexander-60En cualquier disciplina artística ser considerado uno de los grandes maestros de la historia es un honor, pero en ocasiones puede terminar siendo a su vez una lacra.

Así ocurre con Bergman, una de las vacas sagradas del cine a quien, al tenerlo como intelectual, se le termina colgando el letrero de cine lento y por extensión pesado, algo muy lejos de la realidad. Tal vez por esa errónea creencia del público que generalmente teme enfrentarse a lo que piensa será una obra aburrida o difícil sus películas no sean tan consumidas como deberían serlo.

Fue en 1982, con Fanny y Alexander, cuando logró algo extraordinario e insólito para aquel entonces: que una película extranjera se hiciera con cuatro Oscar, por esto y otros premios internacionales, la cinta fue considerada como una obra maestra por los críticos del momento y a quienes el paso de los años ha dado la razón.

La Navidad

En la Navidad de 1907, la desinhibida y alegre familia Ekdahl, dueña de un teatro, se reúne para celebrar las fiestas en la casa de la madre, Helena. Una gran mansión donde tienen cabida sus tres hijos con sus propias familias. El título recibe el nombre de dos de sus nietos, hijos de Oscar. Fanny, una niña de unos siete años, y Alexander, el protagonista, de diez.

Su alegre, libre y creativa vida termina cuando Oscar muere en el teatro interpretando el personaje del fantasma de Hamlet de Shakespeare. Así, esta muerte supondrá la pérdida de todo aquello que tanto aman sus dos hijos, sobretodo el mayor.

La muerte paterna marca el giro del destino del protagonista cuando su madre contrae matrimonio con el obispo, el antagonista de Oscar. Algo además respaldado en el uso del color. El padre, como fantasma, vestirá siempre de blanco, es un ser benefactor que desde la muerte vela por su familia, un elemento positivo dentro del drama que sufrirán sus familiares.

En contraposición está el riguroso negro del obispo de rígidas creencias y aún más rígida educación. El maltrato físico y psicológico son sus dones. También será el contrapunto total al fantasma paterno, un espectro venido del más allá para continuar mortificando al protagonista.

La literatura

Si en algunas de sus obras, como por ejemplo Fresas salvajes, se puede observar un universo rayano al surrealismo onírico de Hitchcock (Recuerda), en Fanny y Alexander la estética de esos exteriores decimonónicos nevados, blancos, fríos y en los cuales se respira cierta jovialidad que implica una Navidad nevada y con niños, entroncan más con las estampas de Dickens.

Asimismo,  Alexander sufre las desdichas, el cambio de fortuna y el sufrimiento físico y psicológico que otros héroes infantiles de Dickens sufren, como el pobre Oliver Twist, si bien este último ya nació desdichado y con la marca de la desgracia que la orfandad pone en los personajes a los que toca.

El niño de Bergman nace en el lecho de una familia acomodada, con unos progenitores adinerados y una abuela, la matriarca de la familia, y sobre la cual giran las vidas de sus tres hijos varones y sus descendientes, considerablemente rica.

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El teatro

La opulencia se evidencia en la exuberante decoración de la casa, los juguetes de los niños como el teatrillo o la linterna mágica de Alexander, o en ese salón en el cual celebran todos juntos, sirvientas incluidas, su alegre Navidad. Salón que se asemeja a un escenario de teatro, tanto por sus cortinajes rojos de terciopelo que enmarcan la sala como el plano abierto que en él se encuadra a la abuela en su primera aparición  de forma teatral.

El teatro, el cine y por extensión la literatura son una parte importante de esta obra, los cimientos sobre los que se construye el gran palacio que es esta película. Si el niño, su infancia y desventuras recuerdan a Dickens, Oscar, el padre, sugiere a Shakespeare. Así su muerte, mientras interpreta al fantasma, es un pronóstico de su nuevo inicio, su transformación en fantasma para mantenerse al lado de los suyos.

Las artes liberales

Los actores, artistas, creadores y en general las personas relacionadas con el arte siempre han mantenido una mente más abierta y mayor libertad en la vida. De este modo lo expresa Bergman a la hora de  representar  la vida de una familia dedicada al teatro. Su libertad sexual y de pensamiento quedan patentes en su comportamiento, desde la abuela y su amante hasta su hijo y los deslices de éste con la criada.

Las figuras fuertes son las femeninas, la mujer deja de jugar el habitual rol de causante de todos los males del hombre. Es la opresión de la extrema religiosidad la que en última instancia lo hace. Pero únicamente la extrema, evidenciado en las diferencias a la hora de rezar antes de dormir de los pequeños Fanny y Alexander. Nada tienen que ver sus oraciones en la casa de su abuela con las realizadas en la intolerante y carcelaria casa del obispo.

Los mundos

Con la división de estos dos mundos Bergman establece una dicotomía entre el mundo de las luces y el de las sombras, entre el de las libertades y el de la represión, el del libre pensamiento y el de la soberbia.

Así nos muestra el que es también su mundo, el del teatro al cual siempre perteneció, un lugar lleno de bondades en el cual refugiarse.

Escribe María González

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