Ingmar Bergman, un innovador para la televisión

  06 Agosto 2018

A propósito de Fanny y Alexander

fanny y alexander-31Fanny y Alexander fue estrenada el año 1982 en su versión para la pantalla grande; aunque se rodó todo el material con la finalidad de realizar una serie para la televisión, que definitivamente se estrenó un año después. Fue el primer filme rodado en Suecia por Ingmar Bergman tras su autoexilio en Alemania Occidental, motivado por problemas con el fisco de su país.

El director sueco escribió una historia sobre un tiempo, los comienzos del siglo XX, y una familia burguesa, los Ekdahl, narrada a través de los ojos de dos niños, Fanny y Alexander. Para ello Bergman utiliza elementos que pueden considerarse autobiográficos, recuperando recuerdos y manejando la perspectiva del tiempo, los sonidos o el ambiente familiar, que se descubren en la infancia, dejando su impronta indeleble.

El productor británico de origen ucraniano Lew Grade, de forma sorprendente, dada su trayectoria claramente comercial, apoyó inicialmente el proyecto y después de unos largos preparativos se inició el rodaje en los estudios Bavaria, de Múnich, donde Bergman todavía permanecía exiliado. La complejidad de la producción —una versión televisiva de cinco horas, contemplando una versión más reducida para las salas de cine­—, terminó por espantar a los inversores.

El proyecto quedó entonces parado sin financiación hasta que Jórn Donner, en ese momento director del Instituto Sueco del Cine, se interesó por él, tratando de recuperar al cineasta como un activo de la cultura sueca. Esto coincidió en el tiempo con la exoneración de Bergman de sus supuestos delitos fiscales denunciados por la Hacienda sueca, facilitando así el regreso a su país natal. Donner propuso a Bergman realizar la producción en Estocolmo y consiguió el dinero necesario para reflotar un proyecto tan ambicioso.

La ficción comienza en el invierno de 1907, durante las fiestas navideñas. La familia Ekdahl se reúne en torno a la abuela Helena, antigua actriz de teatro que disfruta ya retirada de una posición acomodada. El cuadro familiar, sobre el que Bergman vierte una mirada entre idílica y jocosa, lo completan viejos amigos de los Ekdahl y la servidumbre, plenamente integrada en el clan.

En cada uno de los personajes, en las situaciones y los ambientes, Bergman deposita elementos tomados de la memoria de su infancia, figuras queridas o aborrecidas, pero trascendiendo su experiencia personal. Fanny y Alexander, los nietos de Helena, de ocho y diez años, aportan la mirada a través de la cual Bergman cuenta una historia densa en emociones, en la que la incorporación de elementos melodramáticos, a través de la aparición de la familia Vergerus, van marcando el sentido del relato.

Dirigir historias para la televisión no era una novedad para Bergman, ya que desde finales de la década de los cincuenta y durante los años sesenta dirigió varios filmes para la pequeña pantalla. Cabe destacar de esa época la miniserie Don Juan (1965) basada en la versión de Molière, y la serie El Rito (1969).

El hecho de que algunas de las series dirigidas por Bergman fueran también estrenadas en las salas de cine, es relevante ya que supusieron derrumbar la idea de que cine y televisión eran medios ajenos entre sí; idea que no tiene fundamento y que el director sueco contribuyó a reconducir. Bergman ha defendido siempre que la televisión, en su vertiente de ficción, ha sido cine producido para la televisión. Todo programa de televisión requiere de una planificación, de una puesta en escena, lo que implica una construcción y una estrategia narrativas, cuyo origen y soporte lo encontramos en el cine.

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Esta visión de Bergman que en su momento pudo considerarse pionera, y con la que siempre reivindicó la televisión como un medio propicio para la experimentación, hoy día recupera todo su valor, en función de la presencia y relevancia de grandes series producidas para la televisión, muy valoradas y consideradas por los críticos como cine de calidad.

Esta posición de Bergman le lleva a mantener su planteamiento de no desdeñar el medio televisivo a lo largo de su carrera, acometiendo proyectos que, en algunos casos tuvieron un gran éxito en su doble soporte de cine y televisión. Cabe mencionar aquí como ejemplos significativos Secretos de un matrimonio (1973), que ha tenido incluso una versión para teatro, La flauta mágica (1975) y también debe citarse Cara a cara (1976).

Fanny y Alexander se estrenó en su versión cinematográfica con una duración de 188 minutos. Tuvo un gran éxito a todos los niveles y fue premiada con cuatro Oscar. La serie de televisión, emitida al año siguiente, se configuró en cinco capítulos con una duración total de 298 minutos. Con un incomprensible retraso, el 16 de julio de 1988 Televisión Española emitió en su primera cadena los cinco episodios de la versión íntegra para televisión.

La duración suplementaria de la versión televisiva refuerza en Fanny y Alexander la densidad melodramática del relato, permitiendo un mayor desarrollo de los más de 140 personajes que aparecen en el guión con diálogos. Desaparecen en la versión cinematográfica algunos pasajes burlescos, apoyados en personajes secundarios; o las historias que Alexander cuenta a sus primos, con las que Bergman formula sugerentes representaciones en clave de parodia. En esta producción de cinco capítulos Bergman se manifiesta en su máxima plenitud expresiva. Una obra maestra de la televisión que sin duda forma parte de las mejores series de todos los tiempos.

Con posterioridad, Ingmar Bergman siguió realizando trabajos para la televisión, entre los que cabe destacar: Después del ensayo (1984), Los elegidos (1986); En presencia de un clown (1997) y Saraband (2003) producción con la que cierra brillantemente su prolífico ciclo creativo.

Escribe Juan de Pablos Pons

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