Sabotaje (Sabotage, 1936)

  13 Mayo 2018

La premonición del terrorismo urbano

sabotaje-1La exitosa carrera de Alfred Hitchcock en la industria del cine se apoya en una serie decisiones clave que permiten al cineasta británico ir mejorando sus condiciones de trabajo y situando su carrera en el camino hacia el éxito. Esto ocurre desde su empleo inicial en el año 1920 con la Famous Players Lasky, elaborando los intertítulos para las películas mudas. Fue en esta empresa donde conoció a Alma Reville, su futura esposa, persona clave en su carrera, que trabajaba como guionista.

Después fue contratado por la Gainsborough Company, por iniciativa del productor Michael Balcon; productora en la que va pasando por diferentes responsabilidades como director de arte, asistente de dirección guionista y director.

Posteriormente fue contratado por la British International Pictures. En estos años desarrolla su periodo de aprendizaje, dirigiendo diferentes títulos, entre los que cabe destacar El enemigo de las rubias (1927) y La muchacha de Londres (1929), la primera película sonora rodada en Inglaterra.

En 1933, ya en pleno desarrollo del cine sonoro es contratado por la Gaumont British, de nuevo por iniciativa del productor Michael Balcon, al que Hitchcock debe mucho en su etapa inglesa. Es en este periodo, importante de su carrera, cuando Hitchcock filma una serie de películas de espionaje y misterio, apoyadas en tramas criminales, que le consagrarán como «maestro del suspense». Los cinco títulos relevantes que rueda entre 1934 y 1938 son: El hombre que sabía demasiado, 39 escalones, Agente secreto, Sabotaje y Alarma en el expreso (The Lady Vanishes). Estas películas son las que le abrirán las puertas de Hollywood, después de recibir una oferta de contrato por parte de David O. Selznick.

Como es habitual en el cineasta británico, sus películas siempre se han apoyado en una base literaria. En el caso de Sabotaje (Sabotage, 1936), el guión se escribió tomando como referencia una novela de Joseph Conrad, publicada en 1907 con el título de El agente secreto. Al haber utilizado este título en su película anterior, Hitchcock y sus productores, eligieron el título de Sabotaje (en Estados Unidos se comercializó con el nombre de The Woman Alone).

La trama de esta película transcurre en Londres y aborda la cuestión del terrorismo urbano de manera premonitoria. Hitchcock y su guionista Charles Bennett modificaron la novela de Conrad, cambiando la época del relato, llevándola al presente y ubicando la acción en la capital londinense, concentrada en cuatro días.

Hitchcock ha valorado como un error que en esta historia muera un niño de forma violenta y explícita. Así lo reconoce en el famoso libro-entrevista con François Truffaut (El cine según Hitchcock). Sin duda hay que contextualizar esta valoración en su tiempo y circunstancias. La novela de Conrad en la que se basa la historia pone el foco en el movimiento anarquista de principios del siglo XX, profundizando en sus causas y presentando algunas acciones que dieron visibilidad a este movimiento político.

Sin embargo Hitchcock, que habitualmente realizaba profundos cambios sobre los textos de los que partía, obvió las justificaciones de naturaleza política de los saboteadores, lo que resta coherencia a la trama de la película, tal como puntualiza Homero Alsina Thevenet en su libro Historias de películas. Hitchcock insiste en su conversación con Truffaut en que Sabotaje es un filme que no le gusta mucho, y del que solo salvaría algunas escenas.

Sin embargo, cabe hacer algunas reconsideraciones en relación a esta película, transcurridos 82 años desde su rodaje. Si en 1936 los londinenses al ver esta película pudieron pensar que las explosiones provocadas en su ciudad eran inconcebibles, hoy estas representan una infame y triste realidad.

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La historia, desarrollada con una lúcida capacidad de síntesis, presenta a Karl Verloc (Oscar Homolka) que regenta una sala de cine, pero que en realidad es la tapadera de unos terroristas. La esposa de Verloc (Sylvia Sidney) trabaja como taquillera en el cine y el matrimonio se aloja en la planta superior, donde también vive el hermano pequeño de la mujer, Stevie (Desmond Tester). Junto al cine hay una tienda de ultramarinos donde se encubre un detective (John Loder) que trata de desenmascarar a los saboteadores.

En un determinado momento Verloc pide al hermano de su mujer que entregue unas latas de películas, que contienen una bomba camuflada y programada para explotar, que debe ser entregada en el centro de Londres. Stevie se retrasa en el camino y muere en la explosión cuando todavía está viajando en un autobús lleno de gente. Cuando el matrimonio conoce la noticia, quedan ambos abrumados y la mujer, en una escena ambigua pero visualmente brillante, parece tomar la decisión de matar a su marido con un cuchillo, aunque también se da a entender que él trata de suicidarse, culpándose por lo ocurrido.

Con grandes remordimientos y sentimiento de culpabilidad ella toma la decisión de entregarse a la policía, pero el detective, que se ha enamorado de ella, propicia un desenlace, que está directamente copiado de La muchacha de Londres (1929), y en el que la mujer queda a salvo de la justicia. El fabricante de la bomba acude a la casa de Verloc para borrar las posibles pruebas de su implicación en el atentado, y accidentalmente vuela por los aires el edificio, volviendo irreconocible el cuerpo de Verloc.

La historia plantea un dilema moral desde diferentes aspectos, algunos de los cuales no quedan suficientemente resueltos en el filme. Así, las motivaciones políticas de Verloc para cometer los atentados son sustituidas por un interés económico, el detective-tendero se enamora de la esposa de Verloc y se aprovecha de su cargo para favorecer sus deseos, o el sentimiento de culpa de aquél al conocer que ha asesinado a su pequeño cuñado, generan en los espectadores un desasosiego moral que no queda resuelto con el desenlace del filme.

Como señala Donald Spoto en su obra El arte de Alfred Hitchcock: «los protagonistas de esta historia presentan una desconcertante mezcla de inocencia y culpabilidad, por lo que es imposible juzgarlos categóricamente». Al público se le aboca al papel de cómplice, ya que conoce las intenciones de algunos personajes y las acciones de otros. El desenlace resulta insatisfactorio desde un punto de vista moral. Hitchcock consigue desasosegar al espectador.

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El elenco artístico de Sabotaje está encabezado por la actriz norteamericana Sylvia Sidney y por Oscar Homolka, actor austrohúngaro, en los papeles principales. Hitchcock se quejó de la actuación de John Loder, en el papel del detective, del que considera que no cumplió las expectativas, se trata de un actor británico que estuvo casado con la actriz Hedy Lamarr. El personaje debía haber sido interpretado por Robert Donat, pero no fue posible contar con él. «Durante el rodaje me vi obligado a reescribir el diálogo porque el actor no era el adecuado» (El cine según Hitchcock).

También expresó su insatisfacción por el trabajo de Sylvia Sidney. Es conocido el poco aprecio del director inglés por los actores. Así, manifestó su admiración por el control que podía ejercer Walt Disney sobre sus estrellas, ya que se podían volver a dibujar o borrar fácilmente.

La peculiar manera de (des)considerar a los actores y actrices queda reflejada en la anécdota recogida por Charlotte Chandler en su libro Hitchcock íntimo, recordando una conversación con Sylvia Sidney, a propósito del rodaje de Sabotaje. La actriz relata la situación de lo que en principio se suponía era una broma de Hitch con la que el director parecía divertirse mucho, pero que en realidad era una broma pesada, dirigida al adolescente que interpretaba el papel del hermano de la actriz, Desmond Tester, al que se refería reiteradamente como «Desmond Testicle». El chico estaba abochornado. El director podía llegar a ser muy cruel con las personas que trabajaban con él.

Enrique Alberich en la monografía que ha dedicado al director (Alfred Hitchcock. El poder de la imagen) se refiere a Sabotaje como una película en la que cabe destacar la concisión narrativa y el uso de la cámara como creadora de una atmósfera dramática.

Sin duda uno de los filmes notables de la etapa inglesa del maestro del suspense, donde ya es apreciable su estilo y su capacidad para narrar historias.

Escribe Juan de Pablos Pons

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