La zona (serie TV, 2017), de Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo

  07 Enero 2018

Después del apocalipsis

la zona 1Después de la crisis o de la catástrofe emerge lo peor del ser humano. Ese es el punto de partida de los hermanos Sánchez-Cabezudo para narrar una historia posterior al apocalipsis, representado por un accidente en una central nuclear situada en un lugar imaginario de Asturias, creando para ello una trama que combina la oscuridad propia del cine negro con el viaje interior y exterior del western, donde además el paisaje es uno de los protagonistas absolutos de los ocho episodios que conforman La zona.

Dos accidentes: uno hace tres años y otro, oculto, hace cinco días. En ese momento comienza el episodio 1, aunque no será hasta el penúltimo, el episodio 7, cuando sepamos qué pasó en esos cinco días previos al inicio de la serie. Una estrategia interesante: no es lo mismo vivir al inicio ese intenso intento de detener la tragedia que verlo cuando ya conocemos a los personajes, a los protagonistas del drama.

La zona comienza in media res, en mitad de una persecución, una huida que acaba con un descubrimiento macabro en mitad del paisaje que rodea la central nuclear siniestrada. Una ciudad fantasma. Sin vida.

La aparición del canibalismo como tema nos trae pronto a la mente al mítico Hannibal Lecter, pero aquí los mordiscos van por otra parte. La llegada del héroe, el inspector Héctor Uría (Eduard Fernández), permite al espectador seguir sus pasos, sus investigaciones. Él fue el único que logró entrar hace tres años en la central nuclear, rescatar a trabajadores y seguir vivo para contarlo. Es una leyenda.

En su viaje, físico y espiritual, le acompaña un policía joven, que en otro tiempo mantuvo una relación con la hija del héroe, pero que hoy vive pendiente de la cama de un hospital, donde yace su actual pareja, también afectada por la central nuclear. Junto a esta pareja de policías iremos descubriendo en qué se ha convertido la nuclear y, sobre todo, el entorno que la rodea.

Descubriremos el negocio al por menor (venta de productos contaminados, robados de la zona, todo ello en un mercadillo de chatarra radiactiva) o al por mayor (políticos y grandes empresarios de la recuperación medioambiental). No será un descubrimiento inmediato, sino fruto del viaje, de la investigación… De hecho, los grandes implicados (a nivel empresarial y político) no aparecen en escena en los cuatro primeros episodios. Una graduación magistral de la información.

Descubriremos la corrupción reinante en la zona de exclusión, pero también en su entorno, en el que sobrevive cada uno como puede. Y, sobre todo, la creación de una ciudad para los trabajadores, todos ellos muertos en vida, auténticos zombis, que son obligados a trabajar allí o seguir en la cárcel (perdón por el spoiler, pero nadie en su sano juicio o con posibilidad de elección trabajaría allí).

Descubriremos policías que se dejan seducir por el lado oscuro al trabajar rodeados del mal, en el entorno de la zona (y son cómplices de ilegalidades), policías que regresan y siguen anclados en el pasado (incapaces a título personal de superar la pérdida producida por el accidente nuclear hace tres años), políticos corruptos (siempre rodeados de medios de comunicación que reproducen, miméticos, sus mentiras tranquilizadoras), médicos que miran hacia otro lado (porque lo importante es cobrar a final de mes), prostitución, drogas, tráfico de todo tipo de elementos y el placer fácil (la música, el sexo, las drogas) como forma de disfrutar de cada día como si fuera el último… porque probablemente para los desahuciados que habitan y trabajan en la zona de exclusión, cualquier día puede ser el último.

«Eso es lo que pasó en Europa tras la Segunda Guerra Mundial: la reconstrucción fue un negocio en sí mismo, como la reconstrucción de Irak es un negocio en sí mismo», apunta Alberto Sánchez Cabezudo. Seguramente es un resumen perfecto de otro de los mensajes de esta compleja trama.

la zona 4

Una trayectoria coherente

Tras el corto La gotera (1996), Jorge dirigió La noche de los girasoles (2006) y luego casi cinco años a cargo de episodios de distintas series (Hospital Central, Desaparecida, Guante blanco, Hispania), hasta que en 2011 los hermanos Sánchez-Cabezudo dieron un giro precisamente a esas series con Crematorio: 8 episodios llenos de rabiosa actualidad, con temas como la corrupción política, nunca tratados en la ficción televisiva española hasta ese momento.

Tras este gran éxito, más televisión aunque no tan personal, episodios en distintas series de cabecera: Gran Hotel, Víctor Ros, Velvet y Bajo Sospecha.

Y a finales de 2016 comenzaron a rodar los 8 capítulos de La zona. Serie estrenada el 27 de octubre de 2017 en Movistar +, en la modalidad de pago por visión. Nuevamente una novedad a nivel temático y de producción: narrativa compleja, temática adulta, tratamiento sin concesiones a los tópicos…

Y rodaje en 160 localizaciones, la mayoría en el norte de España, principalmente Asturias. Un lujo necesario para conseguir una ambientación creíble, alejada de los estudios. Unos escenarios convertidos en coprotagonistas de la historia. Una serie que nos muestra cómo será el mundo después del Apocalipsis, físico y moral.

Porque La zona es una continuación moral de Crematorio: corrupción, política, actualidad, España frente a la crisis… Si allí se reflejaba el ambiente en plena crisis, aquí se recoge lo que viene después de la crisis, en este caso simbolizada por la catástrofe nuclear. Y el panorama es aún más desalentador.

También mantiene algunos elementos de La noche de los girasoles, incluso estilísticos, como los saltos en el tiempo y la reconstrucción desde varios puntos de vista de lo que sucedió en el pasado. Una narrativa compleja para una serie de televisión.

la zona 3

Cine-cine en televisión de pago

Porque llegada la hora de saber qué pasó cinco días antes de comenzar la trama, la información se nos ofrece con varios flashbacks complementarios, narrados simultáneamente por distintos narradores (un ladronzuelo, un ingeniero…) y montado en continuidad, sin que sepamos qué parte narra cada uno a un interlocutor distinto, pero el punto de vista de cada uno de ellos colabora para que comprendamos la totalidad de lo sucedido.

No es el único detalle interesante en la realización y el montaje: los hermanos Jorge y Alberto Sánchez-Cabezudo (que han creado la serie, escriben, producen y dirigen, incluso un tercer hermano colabora como actor, Fernando) apuestan por escenas breves, intentas, diálogos cortantes, montados en paralelo con otras escenas en exteriores, sin posibilidad de aburrirse ni de distraerse. No es una narrativa acelerada, al contrario, todo se cuenta con pausa, pero exige atención para completar el puzle.

Sumemos a ello una banda sonora sin melodías, sin temas a los que agarrarse, apenas sonidos, ruidos, casi como un contador Geiger en muchos momentos: en una palabra, asfixiante.

Sumemos también una fotografía oscura, sin refuerzo de luces en muchas ocasiones, sólo la que proviene de los elementos en la propia escena: desde una lámpara a un móvil. Sin apenas luz, sin salida a los personajes: en dos palabras, también asfixiante.

la zona 2

Y sumemos, en fin, unos diálogos no siempre explicativos, acompañados de miradas muy significativas. El espectador ha de colaborar en la reconstrucción de la vida de unos personajes que, en la mayoría de los casos, siguen luchando para sobrevivir a la miseria que les rodea y a la pérdida de los seres queridos.

Todo mal conlleva otro tipo de mal necesario para arreglar el primero: es la definición que realiza el empresario corrupto (Juan Echanove) de cuál es su trabajo… y por qué se enriquece con la limpieza de la zona afectada, limpieza que no acabará nunca porque la lluvia vuelve a extender la radiactividad. Y en el norte de España llueve continuamente. Un gran negocio. Otro buen resumen de la ideología que nos invade.

En ese ambiente, hasta el héroe pierde su aura y se mancha los pies de barro, las manos de sangre y el cerebro de sustancias alucinógenas. Imposible sobrevivir en un vertedero sin ensuciarse.

Pero, como ya anuncia un personaje, siempre pagan el pato los de los escalafones más bajos, nunca los de arriba, ya sea sacrificándose para evitar una catástrofe nuclear o ya sea rindiendo cuentas por las consecuencias de productos alucinógenos o, como anunciaba el inicio de la serie, por ese canibalismo que poco tiene que ver con el de Hannibal Lecter.

Una serie que habla con claridad de nuestro presente, donde corrupción y poder van de la mano. De visión obligada para desconectar de tanta comedia pueril y tantas fantasías medievales reiterativas hasta la exasperación.

Escribe Mr. Kaplan

la zona 5