Reflejos en un ojo dorado (Reflections in a Golden eye, 1967)

  12 Junio 2017

Incomprendido drama grotesco 

reflejos-ojo-dorado-1Difícil es contar de una película cuando ella misma ha sido un gran desafío, un filme oprimente, donde se encuentran obsesiones privadas, deseos e instabilidades psicológicas de cinco personas conectadas entre ellas.

John Huston se propuso rodar la trasposición cinematográfica de una novela homónima de Carson McCullers de 1941, realizando una obra maestra, Reflejos en un ojo dorado, una alegoría de la condición humana y de sus inseguridades y fragilidades, con una delicadeza sorprendente.

No obstante, no fue acogida de la forma esperada en 1967, cuando se estrenó.

La historia se desarrolla dentro de un campo militar en Georgia, donde dos parejas viven unos juegos de relaciones escondidas, y donde los secretos se mezclan míseramente con la realidad. Mujer bellísima e insatisfecha, Leonor (Elisabeth Taylor), desprecia a su marido el mayor Penderton (Marlon Brando) cuya presunta homosexualidad se insinúa poco a poco. Leonor no hace nada para esconder su relación con el coronel Langdon que, al revés, intenta no herir a su mujer Alison, mentalmente inestable. Mientras tanto, una persona externa, el soldado Williams, un voyeurista, será el motivo de unos equívocos que acabarán de forma dramática.

Rodado principalmente en los estudios de Roma de Dino de Laurentiis, esta película es un entramado intricado desde el punto de vista psicológico y narrativo que, sustancialmente, se desarrolla alrededor de un incidente que involucra a Penderton, Leonor y Williams: un equívoco.

John Huston actúa exactamente como sus personajes: mira, pero no juzga. Los observa, pero deja sólo a los espectadores la responsabilidad de buscar un sentido, de interpretar y de considerar lo que ocurre en la película. Quizás, este fue el motivo de la falta de éxito que tuvo el filme en esa época, la mirada alejada de un director que lo deja todo en nuestras manos o, mejor dicho, en nuestros ojos. Aparentemente, no hay ningún mensaje y esto inquieta a los espectadores que necesitan descifrar.

El ojo dorado del título es el de un pavo real pintado por el filipino ayudante de Alison que, simbólicamente, se refiere al ojo del recluta Williams, que espía y admira a Leonor o, también, el mismo ojo de Penderton que ve a Williams cabalgar desnudo y en él se construye un sentimiento contrastado de atracción y de repulsión a la vez.

¿Qué está ocurriendo realmente? ¿Lo que vemos lo estamos imaginando o es realmente lo que parece? Sobre estas preguntas, el espectador construye su lógica argumental que va más allá de la naturaleza ambivalente de cada personaje: ninguno es completo, sino todos parecen fragmentados. El mismo Penderton alterna un rigor militar impecable y un cuidado excesivo por la estética que, sin duda alguna, esconde su sentido de inferioridad por ser “diferente”.

John Huston no quiere conceder todo al espectador, lo regala poco a poco, a trocitos, en un ritmo lento y extraño, con secuencias dilatadas para crear una atmosfera sugestiva y un crescendo de emociones e inquietudes.

Los actores interpretan de una forma magistral la ruptura de los personajes y sus fragilidades: Marlon Brando en el rol de Penderton (que anteriormente tenía que ser interpretado por Montgomery Clift, fallecido una semana antes de iniciar el rodaje) es impresionante, ya que muestra algo inesperado y penetrante, en su forma de encarar un personaje tan ambiguo; Elisabeth Taylor, en el rol de Leonor, se aleja del estándar de sus interpretaciones para realizar el papel de una mujer malvada y arrogante, sin escrúpulos.

Todo se desarrolla sobre un hilo muy fino, un equilibrio inconstante que se mantiene sólo por una serie de falsedades hasta romperse en la última secuencia, un momento de un suspense único que deja caer todo y que nos deja con la boca abierta, quizás por comprender finalmente o quizás por no querer hacerlo.

El filme contiene un aspecto grotesco que pinta el drama de un filtro dorado-amarillo que es el con que se presentan todas las escenas: una caja dorada externa, con personas estupendas con sus máscaras, pero derrotadas interiormente.

Un trabajo sublime que, por falta de una evaluación moral no ha tenido la importancia psicológica que podría tener ya que ha sido simplemente considerada una exposición de los hechos ocurridos… Sin embargo, es mucho más que esto.

Escribe Serena Russo

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