El hombre que pudo reinar (The man who would be King, 1975)

  30 Julio 2017

Épica perdedora

el-hombre-que-pudo-reinar-1John Huston explicaba en su biografía que leía a Rudyard Kipling desde niño y que podía recitar párrafos de algunas de sus novelas de memoria. Además, tenía memorizadas en el subconsciente algunas poesías que según él podía recitar si alguien leía las primeras líneas de las mismas.

Un de sus relatos favoritos de Kipling era El hombre que pudo ser rey, la historia de dos aventureros (Dravot y Carnehan) que planifican un viaje para convertirse en reyes de la región montañosa Kafiristan, en persa “el país de los infieles”. 

Aunque Huston tenía a Kipling entre sus escritores favoritos, el relato de El hombre que pudo ser rey cumplía cuatro premisas fundamentales para llevar a cabo la película: el espíritu aventurero de los personajes, el aire masónico que rodea la historia, la crítica sobre algunas formas del colonialismo bajo el Imperio Británico (1880-1930) y dos protagonistas que ofrecen un gran sentido épico de personajes perdedores, característica habitual en la filmografía de John Huston.

Joseph Rudyard Kipling, considerado como “el escritor del Imperio”, premio Nobel en 1907, fue un escritor de novelas, cuentos, poemas y literatura infantil. Incluye en su obra varias referencias al colonialismo del Imperio Británico. Aunque en algunos casos fue acusado de hacer propaganda a favor del Imperio, lo cierto es que demostraba simpatía por el mismo pero no hay que olvidar que, en la película que nos ocupa, hay una crítica suave sobre algunas formas de colonialismo del Imperio Británico. 

The Man Who Would Be King (en España El hombre que pudo reinar) es una película fiel al relato según el guión adaptado por John Huston. Este aborda en el filme los aspectos fundamentales del texto, añadiendo exteriores que dan un sentido más aventurero y épico a la historia, esto ocurre a través de las imágenes. El cine atesora ese poder, donde imaginación y visualización se fusionan encajando perfectamente en nuestro puzle mental capaz de relacionar pensamiento con imagen.

Una de las pocas variantes que introduce Huston en la película es la forma de narrar la historia, el narrador del relato es Kipling y en la película lo excepcional es que aparece Kipling en la pantalla como narrador encubierto, sin voz en off. Sin embargo Huston sí que utiliza durante algunas secuencias ficha voz en off, lo hace a través del personaje Carnehan (Michael Caine).

El espíritu aventurero de los personajes principales es uno de los cuatro pilares que sostienen la historia: Danny Dravot y Peachy Carnehan, interpretados magistralmente por Sean Connery y Michael Caine respectivamente, son la máxima expresión de seres aventureros que rebasan todos los obstáculos para conseguir su fin. Dravot y Carnehan deciden conquistar Kafiristan —situado en Hindu Kush al nordeste de Afganistan— la tierra prometida que en su día servía de paso a las tropas de Alejandro Magno (Alejandro el Grande, rey de Grecia), único en conseguir atravesar las montañas —acompañado por su ejército—para llegar a Kafiristan. Según la leyenda el aspecto de los habitantes de Kafiristan, los Kafir, con rasgos europeos y ojos claros, son descendientes de los soldados macedonios.

Después de un viaje tormentoso por las montañas atravesando Afganistán y el paso Kibur, Dravot y Carnehan consiguen llegar a Kafiristan donde encuentran un reino sin rey, sin líder capaz de aunar a las 50 tribus Kafaries que hablaban 12 lenguas distintas. Los aventureros Dravot y Carnehan aprovechan este vacío de poder para conquistar el trono. Dravot es considerado un Dios y no un Rey, en la batalla por la unificación recibe un flechazo y no hay restos de sangre, el pueblo considera que es un Dios y recibe todo el poder.

Explica muy bien Huston, siempre muy crítico en su obra con clases sociales altas o aspirantes a ellas, los comportamientos de la condición humana cuando ésta ocupa el poder absoluto, cómo todos nuestros ideales se ven alterados de repente y toda nuestra moral plebeya hasta el momento baja a los infiernos con reacciones ebrias, con el firme propósito de controlar a las masas.

La idiosincrasia del pueblo Kafarie, con la falta de conocimiento e inteligencia, endiosa a Dravot. Pero el pueblo siempre tiene la última palabra. Igual que subes puedes bajar, si crees que eres el dueño de todo estás equivocado, algo parecido ocurre en la política actual con algunos líderes que se consideran, de repente, los dueños del universo y no es así, apelando a los acontecimientos de los últimos años.

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Dravot llega a pensar que será Dios o rey hasta final de sus días, pero el pueblo Kafarie descubre, después de un mordisco de su prometida, que es de carne y hueso. La falta de conocimiento del pueblo les convierte en creyentes de lo inexistente, hecho pasado por alto por Dravot. En la cultura de los Kafaries un dios no puede casarse con una mujer del pueblo, por ello sus mentes invocan fantasmas durante la ceremonia hasta el derrocamiento del dios ficticio.

Carnehan, más inteligente que Dravot, alerta del peligro, intentando convencer a Dravot para marchar con todo el oro de la región que, según la tradición, pertenece a su dios. Pero ya es demasiado tarde. El exceso de colonialismo pasa factura.

Iniciado en la masonería a los 20 años de edad, Kipling introduce comportamientos masónicos autobiográficos en su obra, también se cita la masonería en la versión cinematográfica de El hombre que pudo ser rey.

El narrador Kipling, corresponsal del Northern Star, define en el filme que la masonería es una antigua orden entregada a la fraternidad humana bajo la atenta mirada de dios. La ignorancia de las autoridades británicas y el ego del Imperio Británico borraban cualquier acercamiento a la dignidad de las personas humanas con derecho a igualdad y también a cualquier tipo de acercamiento a la cultura del lugar colonizado. Cuando Dravot y Carnehan llegan a Kafiristan tienen la masonería muy presente, pero los hechos demuestran sus contradicciones con respecto a la teoría. La fraternidad también alberga la amistad de Dravot y Carnehan, mostrándose fieles entre sí en todo momento.

La épica de personajes perdedores en torno al género de aventuras, presente en otras películas de Huston como El tesoro de sierra madre y La burla del diablo, funciona muy bien en El hombre que pudo reinar, es un elemento del relato que explota perfectamente Huston.

Dravot y Carnehan renuncian a reinsertarse en la sociedad después de combatir en el frente luchando por lo que se llamaba el Imperio Británico. Renuncian a un trabajo normal y prefieren seguir buscando su sitio en el mundo a través de la aventura, haciendo lo que les viene en gana desde un punto de vista hedonista, pero esta forma de vida les devuelve al origen de su personalidad, un origen perdedor.

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Anécdotas sobre el rodaje

Huston siempre quiso llevar el relato El hombre que puedo reinar a la gran pantalla pero se retrasaba por circunstancias. Primero intentó la contratación de Clark Gable y Humphrey Bogart, la muerte repentina de ambos obligó a Huston a posponer el proyecto.

A principios de 1970, Huston reactiva otra vez el proyecto, en esta ocasión mantiene conversaciones con la pareja de moda del momento en Hollywood, Paul Newman y Robert Redford. Paul Newman rechaza el papel al considerar, después de haber leído el guión, que la interpretación de los personajes Dravot y Carnehan debía hacerse por actores ingleses sugiriendo el nombre de Michael Caine y Sean Connery. 

Después de realizar un viaje por Pakistán, Afganistán y la India, con la idea de complementar el argumento del pequeño relato de Kipling, Huston intenta rodar El hombre que pudo reinar en Turquía, ya que Kafiristán vetaba la entrada de extranjeros,  pero las autoridades lo prohibieron por un conflicto entre turcos y americanos.

Finalmente la película se rodó en Marruecos, en las montañas del Atlas, recreando así la tierra prometida convirtiéndose en Kafiristan. Fueron contratados más de 2.000 bereberes como extras, estos tuvieron que ser convencidos para poder filmar a las mujeres debido a su tradición ortodoxa con respecto a cómo debían de ser los comportamientos femeninos. Gran parte del presupuesto de la película fue destinado a sobornos para funcionarios que continuamente ponían trabas al rodaje.

Se construyeron varios decorados, el más significativo fue la ciudad templo, además el sacerdote autóctono fue interpretado por un lugareño de más cien años de edad que Huston se encontró cuando paseaba por la ciudad. También fue reclutada la esposa de Michael Caine de origen hindú, Shakira, sin tener ninguna experiencia como actriz hasta la fecha.

Escribe Marcos Sáez

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