Sangre sabia (Wise blood, 1979)

  19 Abril 2017

El tormento y... ¿el extasis?

wise blood-1Si existió un director de cine en quien confiar para adaptar cualquier tipo de novela a la gran pantalla ese fue sin duda John Huston, y para muestra dos botones: El halcón maltés de Dashiell Hammett (su primera película y el trabajo que encumbró a la categoría de leyenda a su protagonista, Humphrey Bogart) y Dublinesses (Los muertos) de James Joyce (otro desafío con el que el director se despidió del cine).  

Así pues, Huston se labró una muy merecida fama de hacer películas extraordinarias de libros que parecían difíciles —quizá imposibles— de traducir al cine. En el caso que ahora nos ocupa se trató de poner en imágenes la primera novela escrita por la autora norteamericana Flannery O’Connor, publicada en 1952, sobre un veterano de la segunda guerra mundial a quien al volver a su tierra natal, una excéntrica ciudad sureña, le asaltaba una crisis de fe y decidía fundar su propio ministerio antirreligioso.

A O’Connor se le considera entre los mejores escritores estadounidenses del siglo XX: fue autora de dos novelas y 32 relatos, publicó también ensayos y reseñas. Su obra es ampliamente estudiada en el contexto de la literatura del Sur de Estados Unidos, sus personajes y el ambiente que describe son sureños y, a la vez, su obra trasciende el ámbito local para crear ficciones de alcance universal (son claras sus influencias de otros escritores como Nathaniel Hawthorne, William Faulkner o Eudora Welty).

Escribió dos novelas, Sangre sabia (Wise Blood, 1952) y Los violentos lo arrebatan (The Violent Bear It Away, 1960), así como 31 relatos breves, recogidos en dos libros: Un hombre bueno no es fácil de encontrar (A Good Man Is Hard To Find, 1955) y Todo lo que asciende tiene que converger (Everything That Rises Must Converge, póstumo 1965). Sus ensayos y conferencias publicados son de gran profundidad y agudeza. También dejó gran número de entrevistas y comentarios reveladores.

A finales de los años setenta, Huston fue abordado por un joven productor, Michael Fitzgerald, quien intentó convencerle de la idoneidad de adaptar al cine Sangre sabia. Michael fue uno de los seis hijos de Sally y Robert Fitzgerald, quienes como amigos íntimos de la escritora fueron los encargados de ir editando los escritos de O’Connor una vez que ésta falleció a los treinta y nueve años tras una larga enfermedad.

Como dato curioso vale la pena recordar que Michael Fitzgerald, aparte de firmar el libreto de la película que nos ocupa, siguió trabajando en la industria durante décadas y entre otros trabajos también se ocupó de guionizar la magnífica La Pasión de Cristo dirigida por Mel Gibson en 2004, siendo éste su último guión firmado hasta la fecha.  

La deslumbrante primera novela de O’Connor narra la hilarante e inquietante historia de Hazel Motes, un joven georgiano cuya obsesión por Dios lo lleva a huir de él tan rápido como puede, sólo para acabar estrellándose contra la pared de Jesús y la religión. En su camino hacia su redención se cruzan un falso predicador ciego y su hija, Lily Sabbath, un hombre con un traje de gorila y un intrigante tramposillo con el nombre de Hoover Shoates. Resulta obvio que se trataba de un caramelo difícil de rechazar para un director al que le entusiasmaban los retos.

Para dar vida al protagonista de la historia se confió en Brad Dourif, un joven actor de veintinueve años de edad quien cuatro años antes ya había asombrado dando vida a un joven tartamudo en la magnífica Alguien voló sobre el nido del cuco. El resto del elenco incluía nombres tan destacables como Harry Dean Staton, quien se ponía en la piel de un malvado predicador convencionalmente fraudulento; Lilly Hawks, su atribulada hija; Enoch Emery como un campesino loco que cree descubrir un “nuevo” Jesús en el museo local en forma de diminuto cadáver de un indio sudamericano encogido; Ned Beatty, un promotor de lengua viperina y que quiere manejar la carrera de Hazel como profeta, y Mary Nell Santacroce, la solitaria mujer de mediana edad que acaba rendida a los pies del héroe de la función.

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El viaje de Hazel hacia la salvación es aterrador, torturado y sangriento. Si hay una impresión clara en la novela y en la película es la inquietud sobrecogedora de Hazel y todos los que le rodean, pero sobre todo en él. Su conciencia de pecado le hunde como una losa, haciéndole revolverse desesperadamente. Todo el final de su vida, desde el momento que se ciega con cal viva, es un largo proceso de penitencia y arrepentimiento en busca de paz. Las piedras que vuelve a meter en sus botas, como cuando era niño, los alambres con los que rodea su pecho, su vagar bajo la tormenta, todoc son ejercicios de autosufrimiento, ansiando limpieza espiritual. Hasta que, en su agonizar, vemos claramente en el libro que parece haber alcanzado una cierta paz. 

Filmada en el Sur (concretamente en la localidad de Macon, cercana a Atlanta), la película nos presenta paisajes familiares en los que, sin embargo, toda la gente parece estar ligeramente alejada de la realidad que conocemos. Esto se aplica igualmente a los transeúntes ocasionales como el sheriff del condado, que aparece en una escena breve, hilarante, y al resto de personajes principales.

El film capta a la perfección la corrosión y el pesimismo que se palpa en el ambiente. Sin llegar a alcanzar cotas de malsanismo, el mensaje de podredumbre que se nos quiere transmitir viene acentuado por esa pléyade de caracteres esperpénticos que se cruzan en el camino del joven cuya fe ha sido destruida por sus experiencias traumáticas en la guerra.   

En cuanto al a ficha técnica se refiere, el encargado de componer la banda sonora fue el consagrado y ya fallecido músico Alex North, autor entre otras de las bandas sonoras de clásicos incombustibles como Espartaco, El largo y cálido verano, Un tranvía llamado deseo o Cleopatra. La fotografía corrió a cargo del británico Gerry Fisher, justo después de trabajar a las órdenes de Billy Wilder en Fedora, mientras que las tareas de montaje corrieron a cargo de Roberto Silvi, auténtico especialista en el western (suyos son los montajes de films como Tombstone: la leyenda de Wyatt Earp, Los tres entierros de Melquiades Estrada o Deuda de honor.   

En definitiva, estamos ante una auténtica rara avis dentro de la filmografía de John Huston. Un trabajo que algunos entusiastas aplauden a rabiar mientras otros lo aborrecen sin redención posible. Al menos todos están de acuerdo de que se trata de una obra que no deja indiferente y, sólo por ello, ya vale la pena adentrarse en ese universo lúcido y tormentoso propuesto por uno de los más grandes cineastas de la historia del cine.

Escribe Francisco Nieto

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