El simbolismo en “El silencio de los corderos”

  18 Marzo 2017

el-silencio-de-los-corderos-71Muchos aspectos enigmáticos

Si pensamos en el cine, nos damos cuenta de que nada en una película está hecho casualmente. Todo conlleva un estudio anterior que, en un cierto modo, da un significado más intrínseco, que va más allá de lo que vemos en la pantalla. El simbolismo cinematográfico se esconde detrás de objetos en una habitación, encuadres, tomas, miradas: cualquier detalle no es un caso, sino que simboliza otro aspecto invisible a ojos “desnudos”, ya que se necesita una cierta capacidad interpretativa.

En El silencio de los corderos, una película que contiene muchos aspectos enigmáticos no solo en la trama, sino también en la estructura narrativa y en el montaje, esconde una continua alternancia de símbolos.

Empezando por el cartel, uno de las más famosos sin duda alguna en la historia del cine: vemos a una mujer en primer plano (la misma Jodie Foster) con una polilla en los labios. Esta mariposa nocturna es un insecto de por sí simbólico, llamado también esfinge de la calavera: esta expresión tiene una motivación muy clara y es que en la parte dorsal del animal hay una mancha blanca con unos puntitos negros, que recuerdan una calavera. Para crear un efecto aún más inquietante, ha sido colocada, en lugar de la mancha verdadera, una fotografía artística de Salvador Dalí y Philippe Halsman, titulada In Voluptas Mors, donde los cuerpos desnudos de las siete mujeres representadas forman justamente una calavera.

La decisión de utilizar esta foto es una metáfora que llama el eterno dualismo entre Eros y Tánatos, el amor y la muerte, provocando, en este sentido, un mensaje subliminal en el observador.

Pero ahora vamos a la historia en sí. Clarice y Hannibal son los protagonistas principales que mueven los hilos de una trama llena de enigmas y de secretos. En su libro Símbolos y mitos en El silencio de los corderos, Olavo Carvalho, a través de las continuas referencias citadas que Hannibal Lecter hace respecto a la filosofía de Marco Aurelio, ve entre estos dos personajes el conflicto entre la inteligencia humana y la astucia diabólica o, más bien, entre las virtudes del hombre (personificadas por Clarice) y las tentaciones del diablo (interpretado por Hannibal), que intenta corromper a la joven, aunque sea siempre en vano.

Muy interesante también la comparación simbólica que Carvalho realiza entre los personajes. Hay una especie de hilo que conecta a los cuatro protagonistas que él define como opuestos complementarios, es decir, Clarice, Lecter, Gumb y Crawford. Peculiar la relación entre Lecter y Gumb (nombre que deriva de gumbe, un tambor africano hecho de piel): Lecter es una persona fría, sólo mata a sus verdugos y prueba desprecio hacia ellos: se considera superior y las juzga; Gumb es pasional y no tiene autocontrol, sólo mata a víctimas inocentes que aprecia y hacia las cuales prueba una especie de atracción: mata a las personas que tienen algo que a él le falta.

Lecter además se come a sus víctimas, hasta englobarlas: las mata para seguir existiendo;  mientras que Gumb quiere entrar dentro de ellas hasta vestirse con su piel, pero mata para morir como un hombre desgraciado en búsqueda de una muerte que le permita volver a nacer.

En fin, Lecter y Gumb se parecen porque ambos predican el mal, pero lo hacen de forma distinta. Carvalho recuerda que la relación entre los dos es el aspecto más enigmático de toda la historia, y nosotros añadimos que quizás se quede irresuelto hasta el final (la película nos hace intuir que ya se conocían, pero no se entra en los detalles de este contacto anterior), ya que lo que necesita el espectador no es aclarar estas relaciones, sino entender los mecanismos psicológicos que se instauran entre todos los protagonistas y que, inevitablemente, se influencian mutuamente. El filme sugiere y esto es parte del juego narrativo: los símbolos sólo son pistas.

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Clarice Starling (cuyo nombre significa “claridad” y su apellido “estrella luminosa”, es decir la que hará luz a una situación oscura en la que está viviendo) es una mujer que se mueve muy bien, ya que entiende que la clave para hablar con Lecter es la sinceridad. De hecho, ella misma se “desnuda” completamente, contándole su trauma más íntimo, es decir el que tuvo escuchando a los corderos “llorar” durante el proceso de matanza.

Lecter (“lector”, el que lee en las almas), al revés, es un personaje que insinúa siempre algo más allá de lo que dice. Hay una frase muy peculiar, quizás una de las más famosas en la historia del cine, que pronuncia Hannibal: “Me comí su hígado acompañado de habas y un buen Chianti”. Con esta citación inquietante, Lecter quiere hacer entender a Clarice Starling que su mente no está ofuscada por los fármacos.

Esto porque en un manicomio criminal los detenidos toman unos medicamentos inhibidores que, acompañados por algunos alimentos específicos, podrían ser muy dañinos para el organismo. El doble sentido genera un cinismo y una ironía que caracterizan no sólo el personaje de Hannibal, sino también el atmosfera de la película.

Es preciso recordar también que en el filme hay una presencia enorme de la mitología, que subraya la presencia de unos mismos arquetipos que se repiten continuamente en la psicología humana. Lecter es una especie de Caronte, guardián del infierno, que guarda secretos oscuros. A esto hay que conectar el significado de la mariposa de la especie de las Acherontia atropos, es decir Aqueronte, el río que separaba el mundo de los vivos del mundo de los muertos.

La sugerencia, el simbolismo, el sarcasmo, el cinismo, son todos ingredientes necesarios para que la película asuma una cierta solemnidad mítica, ya que más que un cierto punto o significado no podemos alcanzar y el resto se queda en las interpretaciones que cada uno de nosotros realiza y construye.

Y lo más inquietante es que ninguna de ellas será equivocada.

Escribe Serena Russo

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