Mar adentro (crítica del estreno)

  29 Noviembre 2015

No todo es emoción

mar-adentro-31Tras el thriller negro de Tesis y el suspense de Los otros, Amenábar se enfrenta a otro género: el melodrama. Todos conocemos la historia de Ramón Sampedro, el tetrapléjico gallego que puso sobre la mesa el debate sobre la eutanasia a costa de su propia experiencia vital.

Puesto que esta película se basa en una historia real cuyo final es sabido por el espectador, no es el interés por el argumento lo que impulsa a ver este filme, sino contemplar lo que el director y su equipo han realizado con ese fragmento de vida, conocer el punto de vista que se ha proyectado sobre los hechos, saber si se propone una u otra tesis sobre el derecho a morir con dignidad.

El primer mérito de Amenábar ha sido la valentía de enfrentarse a un problema que está en la sociedad y ante el que  las posiciones están muy enfrentadas. El segundo es el modo de presentar la historia y los personajes implicados, mediante un guión sólido que hace creíbles los pensamientos y sentimientos de los participantes en el conflicto, que traslada las emociones al espectador sin ofuscar su mente, sin hacer trampas.

El guión se ajusta a la historia y nace motivado por el libro que Sampedro publicó en 1998, Cartas desde el infierno, aunque el mismo Amenábar reconoce que no se trata de una adaptación sino de una versión cinematográfica.

Lo más reconfortante de la película es la percepción del interior de los personajes, la comprensión paulatina de los conflictos que sufren, la contemplación del proceso que los ha llevado a la posición en la que están. Ramón Sampedro (Javier Bardem) quiere morir, reclama su derecho a gestionar el fin de su vida. Desde la cama en la que yace inmovilizado establece una dialéctica brillante con los que le rodean, con los que le apoyan y con los que no le comprenden.

Ése es otro mérito, el de un guión bien construido y unos diálogos inteligentes, a veces tiernos, a veces dramáticos y a veces irónicos. Así se produce un efecto de identificación con el drama que vive el enfermo, desde varias perspectivas, que pueden ser también las de los espectadores.

Mediante algunas retrospecciones se van mostrando retazos del pasado que contrastan con las ansias de un futuro con libertad para volar. El protagonista interactúa con los miembros de su familia, en la que su hermano se enfrenta a su cuñada representada por Mabel Rivera, espléndida en su papel.

Todos los actores dan la talla: Lola Dueñas da vida a la amiga que se entrega a la causa de Sampedro tras verlo en televisión. Belén Rueda queda bien en su primera incursión en el cine, aunque es un personaje insertado para dejar clara la otra opción a la eutanasia: acabar como un vegetal a causa de la enfermedad degenerativa que padece. Cada una de las mujeres que rodean al protagonista simboliza un tipo de amor: platónico (Belén Rueda), familiar (Mabel Rivera) y como salvación (Lola Dueñas). Bardem resulta convincente, rotundo, lleno de matices. Sabe transmitir ternura y sarcasmo, estimula la razón y la pasión.

Amenábar es el artífice, el mago que convierte la vida en sueño y nos regala una película que transforma la muerte en un canto a la vida y a la libertad.

Gloria Benito


Esta crítica se publicó en Encadenados en noviembre de 2004, con motivo del estreno del film en España.

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