Luna (Luna, 1995)

  13 Noviembre 2015

Entre la psicopatía y el erotismo

luna-1Los aproximadamente treinta minutos de Luna (1995, España) contienen varios de los elementos fundamentales del cine de terror y suspenso psicodramático de Amenábar. En este cortometraje, uno de sus primeros trabajos, Amenábar rueda una historia de carretera sobre la base de planos en penumbras, un par de personajes limítrofes y una banda sonora que, a diferencia de varios de sus trabajos posteriores, consigue mantener a raya.

Gracias a lo anterior, el entonces novel director permite que el desarrollo dramático de esta breve historia obedezca más a la conjunción de una serie de elementos fílmicos que a la insistente presencia y superposición de sólo uno de ellos. 

En efecto, en Luna notamos una intención de constituir artísticamente planos y secuencias cinematográficas a través del montaje y del manejo dramático de elementos como la sonorización, la iluminación y el punto de vista. Amenábar sabe sacarle, en este sentido, cierto provecho psicodrámatico a una historia de escasa profundidad psicológica.

Un vendedor de enciclopedias es recogido de noche en la carretera por una chica que viaja en  coche en su misma dirección. Ya dentro del coche, la chica le propone parar en un bar a beber algo. Él se niega pero ella insiste y, simulación mediante, consigue desviarse del camino y entrar con él a un bar.

La charla en el bar se convierte en una nueva prueba de resistencia para él. La chica trata de convencerlo por diferentes medios de ir a la casa de ella a pasar la noche. Él vuelve a negarse y, viéndola a ella resentirse por dicha negativa, le da un número de teléfono falso y promete quedar con ella para otra ocasión.

De vuelta en el coche, la chica, que ya se ha dado cuenta de la falsedad del número de teléfono, le reprocha el maltrato del que ella es objeto por parte de él. La discusión va subiendo de tono y el desenlace se vuelve inevitable.

Los tres momentos de esta historia son un buen ejemplo de narrativa clásica: presentación, desarrollo y desenlace dramático son expuestos aquí a través de los tres momentos principales del corto: el abordaje del coche, la charla en el bar y el enfrentamiento en el bosque permiten seguir una línea narrativa, coherente con el progresivo enrarecimiento del ambiente que va creando la pareja de protagonistas, en el marco de un prometedor manejo fílmico de la luz, la cámara, el sonido y la edición, por parte del director.

Pese a algunos notorios baches de actuación y de continuidad en el desarrollo de la técnica del plano-contraplano durante los diálogos en el bar entre la chica y el vendedor, Herranz y Noriega se esmeran por mantener tenso el hilo psicodramático de sus personajes.

Amenábar, por su parte, contribuye a mantener dicha tensión aportando breves toques sonoros que armonizan formalmente con los arabescos trazados por el humo de cigarrillo. Trazas de humo que se convierten, por cierto, en uno de los tantos recursos estéticos que se utiliza en Luna para caracterizar el ambiente enrarecido propio de la estética de cine negro presente en su fotografía.

Luna resulta ser, pues, un logrado ejercicio de exploración de terrenos en los que Amenábar incursionará, exitosamente, más adelante. En efecto, sus dos posteriores trabajos expondrán y seguirán desarrollando, mediante dos historias distintas, el incipiente núcleo psicodramático que vemos constituirse en este cortometraje y que se traduce en una mezcla de psicopatía y erotismo.

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Entre la perfección industrial y la sublimación artística

Así, tras Luna veremos que, en Tesis (1996, España), reaparecerá el conflicto entre lo psíquico y lo erótico en el marco terrorífico del snuff, esto es, del género de películas que exhiben supuestas ejecuciones, torturas y asesinatos reales. En esta cinta, el dúo de protagonistas limítrofes de Luna se convertirá en un bien afiatado trío en el que veremos nuevamente a Noriega como una especie de huella o gesto metafílmico, dirigido a imprimir una especie de sello psicodramático visible en la, por entonces, naciente filmografía de Amenábar.

Dicho gesto se hará aún más evidente en Abre los ojos (1997, España, Francia, Italia), película que volverá con Noriega como uno de sus protagonistas principales y que continuará explotando la veta del drama psicológico a la que nos referimos.

Sin embargo, lo que había comenzado con Luna como un logrado ejercicio de expresión fílmica a partir de la articulación de significantes y significados, esto es, la articulación imaginaria de una historia a través de la disposición y el uso controlado de diversos recursos cinematográficos, se volverá en Abre los ojos más complejo y esquivo al espectador.

Producto de una extrema sofisticación en el guión y una laberíntica puesta en escena, Abre los ojos se planteará, desde el comienzo, como un juego de perspectivas y de niveles diegéticos que, poco a poco, se irán transformando en una pesadilla psíquica y existencial para su protagonista y en un rompecabezas para el espectador.

Y es que el deseo de expresión estética que vemos despuntar en Luna comenzará a transformarse en prurito de perfección formal en Abre los ojos. Prurito que veremos, luego, consumado estilísticamente en Los otros (2001, España, Francia, Italia, EEUU), tercer largometraje y debut consagratorio de Amenábar en el culto al suspenso de corte hollywoodense. Mismo culto que tomará, años después, tintes melodramáticos en las largas dos horas de Ágora (2009, España).

No obstante lo anterior, resulta interesante reparar en el hecho de que, cumplido el inicial periplo de terror y suspenso psicodramático —periplo en el que se encuentran filmes como Himenóptero (1992, España), Luna, Tesis y Abre los ojos— sea una obra radicalmente distinta la que mejor realice todo aquello que late en dicho periplo como deseo de conformar una especie de discurso estético.

Y es que el talento de crear un determinado ambiente estético sirviéndose de un núcleo psicodramático, mismo talento con el que Amenábar consigue rodar un corto como Luna, se potenciará —y sublimará—, varios años más tarde, en forma de discurso ético. Será recién entonces cuando Amenábar encuentre con Mar adentro (2004, España, Francia, Italia) el puerto de arribo para dicho periplo. Queda por ver, pues, cuál será su próxima estación.  

Escribe Carlos Novoa Cabello

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