Abre los ojos (Abre los ojos, 1997)

  11 Octubre 2015

Una incursión en el mundo del subconsciente

abre-los-ojos-10Presentada en el Festival de Venecia en el 1997, Abre los ojos se ha considerado como una de las obras maestras de la cinematografía de Alejandro Amenábar. La originalidad de esta película reside en la incapacidad de clasificarla en un género preciso, ya que su argumentación es muy compleja y diversa. Podemos incluso considerar que no hay un hilo lógico narrativo determinado, sino que la historia se dilata en muchas historias más, que toman parte de un entramado juego psicológico al que el espectador participa intentando resolverlo.

La trama se desarrolla alrededor de César, hombre de éxito, al que le interesa exclusivamente tener aventuras con chicas diferentes. Sin embargo, una noche, durante la fiesta de su cumpleaños, conoce a Sofía (Penélope Cruz), de la que se enamora locamente. La exnovia, Nuria, decepcionada porque aún comprometida sentimentalmente con él, con una excusa lo lleva con el coche saliendo fuera de la carretera y provocando un accidente. De este incidente del destino, Nuria perderá la vida y César se quedará con la cara desfigurada. A partir de este momento, César empezará a tener alucinaciones y extrañas visiones, hasta que se presentará delante de sus ojos Nuria, viva, insinuando ser Sofía.

La realidad es visionaria

Consideramos que, no sólo a nivel narrativo, sino también estilístico, el accidente es el momento clave a partir del cual toda la película toma una forma bien precisa y empieza a convertirse en una obra compleja y en muchos puntos de difícil comprensión. Pero vamos con orden.

La vida de César aparece ser muy vacía y plana a nivel sentimental. El cambio definitivo ocurre gracias a/a causa del encuentro con Sofía que, sucesivamente, dará lugar a un impacto mortal con el accidente. Este encuentro no es sólo un cambio respecto a la vida de César, sino también respecto a su manera de ver la realidad. Llegamos a un proceso de deformación y distorsión de todo lo que ve el protagonista a partir de ahora y que, no casualmente, coincide con la desfiguración de su cara.

El rostro representa, sin dudas, la primera impresión que recibimos de una persona (aunque sea superficial). Así que su deformación, dentro del mecanismo estilístico del filme, coincide también con la distorsión de la realidad. El espectador tendrá que prepararse a un efecto matrioska de una realidad que contiene otras posibles realidades que se alternan en la cabeza o en la cotidianeidad de César. ¿Qué es lo que vemos? ¿Es real o el protagonista lo está imaginando? Todo este juego de alternancia de escenas, que en principio no tiene lógica, se puede definir como una serie de destinos que se alternan en su realización, dependiendo el uno del otro o sustituyendo el uno al otro.

El remake estadounidense Vanilla Sky (2001) parece subrayar más el aspecto fantástico de esta condición respecto a la película en cuestión, casi dirigiéndonos a la filosofía de la Scientology dura y cruda. Sin embargo, el intento de Amenábar no ha sido eso. Más bien el de mostrarnos a un hombre solo que afronta sus inquietudes internas en una lucha continua entre el consciente y el subconsciente, el pasado y el futuro, el presente y otra alternativa del mismo.

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El protagonista se encuentra siempre en la condición de tener que interpretar la situación en la que está viviendo, decodificarla y, por qué no, darle otra oportunidad. Teóricamente esta actitud, aunque en el filme asuma la apariencia de una mente perturbada, es realmente la manera en la que deberíamos actuar delante de la vida: considerar nuestra parte subconsciente y hacerla real, para que entendamos realmente lo que necesitemos y queremos.

La composición fílmica es muy detallada y la alternancia entre escenas reales con las de la mente del protagonista contribuyen a crear una atmosfera muy oscura pero fascinante, donde el espectador se encuentra a tener que “espiar” dentro de la parte más íntima del protagonista, en sus secretos más perturbadores.

Abre los ojos es la voz que resuena dentro de la mente de César, que intenta despertarle. No sabemos si del sueño o de la realidad. En este punto, cada uno debe aportar su propia interpretación.

Sin embargo, esta película es un viaje dentro del significado más intrínseco de la vida, que nos remanda a esta fatídica cuestión si nuestra existencia sea algo real o, más bien, algo que nuestra mente continuamente crea y plasma para nuestra misma sobrevivencia.

Un gran Amenábar, sin dudas.

Escribe Serena Russo

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