Los otros (The others, 2001)

  26 Octubre 2015

 

La verdad está ahí dentro

los-otros-1Los niños tienen un sexto sentido, como bien nos dejó claro M. Night Shyamalan en la película del mismo título. Ellos lo pierden cuando se hacen mayores, cuando expulsan todo aquello que se considera infantil. Rendidos a las alas de la imaginación, el miedo a tan temprana edad tiene una realidad que se puede tocar. La oscuridad debe proteger a los inocentes, pero no es así, porque esa oscuridad nunca está vacía.

Son los niños de Los otros los únicos que entienden. No lo dicen en voz alta, sobre todo a su madre. Tampoco lo comentan entre ellos, porque lo que saben es aterrador. Anne (Alakina Mann, vista posteriormente en La joven de la perla), habla con su hermano pequeño Nicolás (James Bentley, visto a su vez en Llámame Peter) de cuando “mamá se volvió loca”. Él no quiere recordar, y ella se burla de él. “¿Qué paso? ¿Qué pasó?”. Nicolás arruga la cara, como si fuera a llorar, y Anne se ríe. Tener poder sobre él es divertido.

Esta es una película sobre la negación. También es una película sobre lo que la señora Mills (Fionnula Flanagan) dice: “A veces el mundo de los muertos y el mundo de los vivos se mezclan y conviven juntos”.

La casa en Jersey (en realidad se trata de un caserón localizado en España, concretamente en Las Fraguas, provincia de Cantabria) luce aislada y prohibida, marco ideal para desatar tanto los fantasmas del presente como los del pasado. Estamos en 1945 y la guerra acaba de terminar. Gracia (una impresionante y muy versátil Nicole Kidman en la que es sin duda una de sus mejores interpretaciones de su carrera) espera noticias de su marido (Christopher Ecclestone) que ha estado luchando en Francia en el transcurso de la Segunda Guerra Mundial. Ella mantiene a los niños en habitaciones con las cortinas permanentemente echadas, en la creencia de que la luz del sol puede llegar a dañarles. De manera compulsiva y sin importar dónde esté, cierra todas las puertas al entrar o al salir.

Mientras tanto, atemoriza a su prole explicándole pasajes bíblicos especialmente tenebrosos. La presión ejercida por las normas de contención y por el constante mal humor de la dueña no es sencilla, lo que se traduce en que muchos de los empleados del servicio acaban por marcharse. Todos menos la Señora Mills, respetuosa, diligente y de gran corazón, y los recién llegados Tuttle (Eric Sykes), el nuevo jardinero, y una chica muda (Elaine Cassidy), quienes llegan al lugar justo en el momento adecuado estableciéndose de forma rápida.

Cuando Amenábar filmó Los otros todavía no había cumplido treinta años. Su precocidad para cocinar un plato tan exquisito y complejo a la vez dejó anonadados a todos los que habían puesto en tela de juicio su supuesta maestría a la hora de acometer un proyecto internacional de envergadura como era este. Si bien Tesis y Abre los ojos le habían revelado como un realizador español (aunque nacido en Chile) diferente y original ahora se trataba de bregar con estrellas de relumbrón como la australiana ex de Tom Cruise (quien por cierto en la cinta ejerce labores de producción).

Y lo cierto es que pasó la prueba con nota a la hora de crear una atmósfera de inquietud simplemente perfecta. Aquí cuanto menos se ve, más se cree. Y sin necesidad alguna de echar mano de esos apabullantes pero estériles efectos especiales generados por ordenador que empezaban a estar de moda y que aparte de socavar su propia eficacia en su exageración destrozaban cualquier atisbo de buen cine en pos del espectáculo pirotécnico puro y duro (tan sólo hay que acudir a otros films de temática y fecha de estreno parecidas como La guarida, de Jan de Bont o El último escalón, de David Koepp, para ilustrar lo comentado).

Los detractores del film, que también los hubo y se hicieron escuchar (verbigracia el conocido crítico de El País Jordi Costa, quien tachó al director de “ser el epítome de un modelo cinematográfico basado en el simulacro del talento, la competencia técnica y la asfixia de lo dionisíaco”), se quejaron de la falta de efectismo, de la falta de escenas de auténtico terror y suspense y, por qué no decirlo, incluso de la ausencia de derramamiento de sangre.

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Es cierto que durante el primer tercio del film prima sobremanera el interés por crear atmósferas magnéticas y que en ocasiones el guión puede pecar de repetitivo y algo moroso. Pero cuando los acontecimientos se disparan, los brillantes giros argumentales acaban por sorprender al más desprevenido, siempre y cuando los listillos de turno no te lo hayan “spoileado” antes, claro.

Pero nadie puede negar que tanto la puesta en escena como el diseño de producción lucen apabullantes: los mantos de niebla matutinos que rodean la casa (un personaje más en la historia); las rojizas y muy otoñales hojas crujientes caídas de los frondosos árboles; los suelos de mármol y madera pulida; los elegantes muebles y enseres tapados con sábanas; las mantas cuidadosamente tejidas; los suéteres y chaquetas ligeramente arrugadas… todo te envuelve y da autenticidad a la época en la que se contextualiza la acción.

La fotografía es otro de los aspectos a destacar. Javier Aguirresarobe es uno de los grandes en la materia (y si no sólo hay que echarle un vistazo a alguno de sus más logrados trabajos, como El perro del hortelano, Secretos del corazón, que le abrieron las puertas internacionales para trabajar con directores de la talla de Woody Allen o John Hillcoat). Aquí nos ofrece un auténtico recital de claroscuros innovador y brillante, siendo el tema de la luz (tanto su presencia como su ausencia) uno de los leitmotivs fundamentales para entender el film. El juego de contrastes de cada secuencia es siempre el adecuado, con planos de una gran belleza y densidad. Los tonos ocres palpitan misterio y magia, vistiendo de manera adecuada las imágenes que describen el argumento de Amenábar; la historia requería un tipo de fotografía fantástica y zúrrela y en verdad que Javier supera la prueba con nota. Y todo ello acompañado de la envolvente partitura de, asómbrense, el propio Alejandro Amenábar,  quien aprendió música de manera autodidacta para poder musicalizar sus primeros cortometrajes.

La inspiración de Los otros se puede rastrear con facilidad en Otra vuelta de tuerca, el relato de Henry James publicado en 1898 en el que una institutriz acude al cuidado de dos niños en una vetusta mansión victoriana. Pero si hurgamos un poco también vamos a encontrar referentes al cine de Hitchcock (Rebeca), Roman Polanski (El quimérico inquilino), Jack Clayton (Suspense), Stanley Kubrick (El resplandor) o Herk Harvey (El carnaval de las almas). El realizador hispano-chileno escoge de cada uno lo mejor para orquestar un divertimento en formato de thriller clásico que, encima, no nota para nada el paso de los años en su revisionado.

Escribe Francisco Nieto

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