Life Aquatic (crítica del estreno en 2005)

  09 Agosto 2015

Náufragos de la realidad

life-aquatic-11Seguramente el comentario que más va a sonar cuando se haga referencia a esta película va a ser el de “inclasificable”. ¿Qué es Life aquatic, una comedia o una tragedia? ¿Es un juego o va en serio? No hace falta decir que la confusión se debe a que la película es todas estas cosas (y más) al mismo tiempo, y que de esa mezcla surge su particular personalidad.

Veamos. La historia gira alrededor de un peculiar grupo de investigadores del mundo marino capitaneados por el melancólico Steve Zissou, quienes a su vez también realizan documentales con sus aventuras. Durante uno de sus proyectos, el segundo de a bordo muere a causa del ataque de una nueva especie de tiburón, por lo que Zissou —que en él tenía a su mejor amigo— decide ir en busca del animal para matarlo (1).

Esta búsqueda quedará ya de entrada relegada a un segundo plano en la película, donde las relaciones entre los personajes (Zissou y su reencontrado hijo, una periodista embaraza, Klaus, el celoso ayudante de Zissou, un brasileño que versiona en portugués canciones de David Bowie…) serán el foco de interés.

De hecho, la acción pura y dura del relato avanza de manera confusa a través de estrambóticas situaciones como el abordaje por parte de unos piratas filipinos, o el posterior rescate de un miembro de la tripulación que ha sido secuestrado por éstos, al más puro estilo comando militar.

Las rarezas del filme no terminan ahí. Los animales marinos son retratados casi como si fueran dibujos animados, y los decorados desprenden aire a cartón piedra (como la maqueta a escala real del barco de los protagonistas, por el cual se nos hará un recorrido en un momento de la historia). Claramente se está buscando un distanciamiento del espectador respecto de aquello que está viendo. A ello responden todas las situaciones absurdas, y contribuyen las brechtianas interpretaciones de los actores.

Y a pesar de todo esto (o, quizás, gracias a ello), resulta curioso cómo la película llega a emocionar en muchos momentos. Porque aunque todo en general parezca una broma, los personajes —en su simplicidad— son tratados con seriedad y respeto, y ya he dicho que sus problemáticas y relaciones son el auténtico centro del relato.

Por su parte, la puesta en escena también contribuye a dar fuerza e idiosincrasia a la película. A pesar de la heterogeneidad de los elementos que maneja consigue darle al conjunto una gran unidad formal, basada en la creación de un mundo verdaderamente irreal y pretendidamente naïf.

Pero aunque la caprichosidad de la película resulte llamativa, no se puede ocultar que al final uno no acaba de saber bien qué es lo que han pretendido explicarle. No cabe duda de que Wes Anderson llega a proponer elementos cinematográficamente interesantes, pero tal vez debería hacerlo volviendo a la senda de Academia Rushmore (Rushmore, 1998), donde el laconismo y frialdad de sus historias y su puesta en escena eran aplicadas al malicioso retrato de una sociedad frustrada.

Escribe Jordi Codó


(1) Durante el estreno de su documental a Zissou le preguntan por qué quiere matar al tiburón, ya que puede tratarse de una especie única, a lo que él, casi sorprendido, responde simplemente: “Por venganza”.

(Crítica publicada en el nº 48 de Encadenados, en verano de 2005, con motivo del estreno del film en España)

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