Escuchando al juez Garzón (2010) de Isabel Coixet

  05 Julio 2015

Corrupcion  y  democracia

escuchando-juez-garzon-1Que son incompatibles, en la medida que sea y como se quiera, de derecha a izquierda y de izquierda a derecha. Y si cohabitan, como han cohabitado, y cohabitan, pese a todos los desmentidos, de entonces y de ahora, es que algo empieza a pudrirse, allanando el camino a cualquier régimen autoritario que se precie, desde asilvestrados, o educados, gobernantes que dicen actuar en nombre del pueblo, a dictadores que están al acecho, sin olvidar a esos militares que quieren salvar a la patria de lo que sea, corrupción incluida, faltaría más.

En cambio, y no por contraposición, precisamente, corrupción y política sí son compatibles, como esta serie de artículos está demostrando, por si alguien lo había olvidado.

Constatar

Que en 1998, en plena juventud, Isabel Coixet sorprendió a propios y extraños con una singular y atípica película, cuyo título lo dice todo: A los que aman. Fue muy bien recibida y dejaba constancia de que había surgido una nueva mirada en el panorama, algo anquilosado, a veces bastante, de nuestro cine, y que todavía dura. Cinco años después, Mi vida sin mí atestiguaba que el acierto no era casual.

Estábamos ante alguien que sí sabía contar con imágenes, y a través de ellas, que eran el sustento de su cine —como debe ser— que se corroboró dos años después con La vida secreta de las palabras, sin duda una película excelente se mire por donde se mire.

Todo sin alharacas, sin levantar la voz. Y si hemos citado sus obras más significativas es para comprender mejor su incursión en una suerte de documental que ha quedado como testimonio de documento, porque ya sabemos que no siempre ocurre así.

Constatar, igualmente, que su sencillez ha sido la mejor baza para que el documento siga funcionando, a día de hoy, con el rigor y la pertinencia adecuadas, dando la impresión de que se filmó ahora mismo. Así pues, vamos a intentar encontrar, más que sus intenciones, que están suficientemente claras, sus claves para que la suavidad de su puesta en escena, y cómo los interlocutores se responden, hayan dado en la diana de una época tan cercana que aún es hoy, pese a quien pese.

Eso sí, queremos que quede testimonio de una expresión de Samuel Johnson que se cita al iniciarse su película: “Una injusticia en cualquier lugar es una injusticia en todas partes”.

Testimoniando

No había duda alguna que tenía que filmarse en blanco y negro, así las sombras, unas y otras, quedarían más resaltadas y elocuentes. En cuanto al interlocutor ¿quién mejor que Manuel Rivas? No sólo por solvencia y prestigio; estaba el sentido de la historia y de contestar a tantos adiestrados publicitarios que escriben en periódicos, de una y otra tendencia, empeñados en la tarea de complacer a ciertos políticos aterrados ante los descubrimientos de un juez que según sus palabras siempre quiso “lo legal y lo justo”.

Así, Isabel Coixet organiza los planos, siempre cercanos, con ese fondo de ventanas que parecen como enrejadas, y deja que Rivas y Baltasar Garzón hablen, a veces a sugerencia de uno, otras por la inercia de lo que se está diciendo, que es como decir contando. Y si recurre al primer plano, siempre de Garzón, es para resaltar su manera de hacerse entender.

Es una forma de estructura que semeja a la organización de que hacen gala todos los imputados en los autos del juez. Desde el perfil del terrorismo, sea de ETA, de los Grapo, o el internacional, para terminar en los GAL, es decir lo que se conoce como guerra sucia. Sin olvidar la organizadísima “Operación Nécora”, que hizo saltar las alarmas entre los narcotraficantes gallegos, alertando sobre las andanzas de este juez que parecía atreverse con todo lo establecido y consentido…

Por no dejar de mencionar el llamado caso Pinochet… ¿Cómo se atrevía a ordenar detener al presidente de un país, aunque fuese un dictador? Sobran los comentarios. Y más cuando las fuerzas, nunca puestas al descubierto, de la extrema derecha española —no desmanteladas en la transición, digan lo que digan Manuel Fraga y los suyos— estaban haciendo campaña para arremeter contra ese juez inoportuno y que era un falsario y un atrabiliario, que quería, nada menos, poner patas arriba la dictadura del general Franco, removiendo las tumbas de los muertos, si era necesario.

Además, y tomando el caso de Italia, si allí consiguieron desacreditar, y al final eliminar, al juez Giovanni Falcone, que estaba descubriendo la corrupción y los tejemanejes de la Mafia, aquí se podía aplicar parecido procedimiento. No se llegó a tanto, aunque no por falta de ganas e intenciones.

escuchando-juez-garzon-4

Resolviendo

Lo que parecía no tener remedio, empezó a ocurrir casi de forma solapada: acusar al juez Garzón de prevaricador, y acabar así con sus investigaciones. El momento escogido fue cuando se inició el caso Gürtel, empezando toda una campaña, por tierra, mar y aire, de acoso y derribo a su persona y su posición judicial, y desde todos los ámbitos.

Es en ese momento cuando los gestos y las palabras de Baltasar Garzón tienen un significado, tan evidente, con lo que ahora mismo parece acontecer. Sus palabras, sobre su acoso y derribo, son ciertamente contundentes. No se sentía culpable, aún sin haberle juzgado, pero sí le hicieron “Sentirme condenado”.

Fue destituido de sus atribuciones y relevado de sus casos, pasando a ser un proscrito, dejando de ser el juez “estrella” que muchos le achacaban. ¿Quién era él para investigar los fondos reservados utilizados en la guerra sucia, o “los crímenes del franquismo” (la denominada memoria histórica), como si eso fuese necesario, posible o deseable?

Y todo porque sabía que “la corrupción es el cáncer de la democracia”.

La sutileza de la cámara de Coixet no engaña: tenemos sus gestos, sus palabras, sus miradas, sus dudas. Y a ellas nos remitimos. Sabemos cómo termina la historia, que se sigue escribiendo. Y aunque le han absuelto, en febrero de 2012, muchos siguen desconfiando de un hombre que se empeñó en desbaratar el crimen organizado, sea éste cual fuese, y que no dudó en enfrentar su vida con los poderes de unos políticos que se creían, se creen, con derecho a todo.

Porque para vivir en “un mundo sin miedo”, según Baltasar Garzón, hay que tener claras las prioridades, siendo la principal, aquella que dice que de todos los sistemas políticos que hemos conocido, y conocemos, el mejor para la convivencia es la democracia. Y ya sabemos las incompatibilidades que ésta tiene. No dudamos en repetirla: “La corrupción es el cáncer de la democracia”.

Gracias a Isabel Coixet por recordárnoslo y dejárnoslo bien patente; al mismo tiempo que le hizo un excelente servicio al documento-testimonio filmado: de esa manera sabemos un poco más sobre nosotros mismos y los que dicen gobernarnos. Y todo sin desmerecer de la política ni de los políticos; al contrario: poniendo a cada cual en su sitio. Las imágenes, que forman el cine, las películas, son nuestro aliado para saber y convivir mejor.

Escribe Carlos Losada

escuchando-juez-garzon-5