Blow (2001) de Ted Demme

  17 Junio 2015

La narración corrupta

blow-1Esta es la historia de un ascenso y de un descenso. Es la vida de un chico americano que sube la escala de la sociedad y de la riqueza gracias al “mérito” de haber introducido la cocaína en los Estados Unidos. Es la caída de un hombre engañado por sus mejores ayudantes, metido en la cárcel por su mujer y destinado a terminar sus años de vida en una prisión.

Esta es la historia de George Jung, brazo derecho de Pablo Escobar, plasmada en película en el 2001 y dirigida por Tedd Demme, con el gran Johnny Depp interpretando magistralmente el rol del protagonista.

La película recorre esencialmente toda la vida de George Jung, desde su éxito hasta su completa destrucción no sólo desde el punto de vista “profesional”, sino también desde el lado sentimental y afectivo, que lo llevará sufrir no solo por la pérdida de su enamorada, sino también por el alejamiento de su amada hija.

Jung empieza su “carrera” a través de la venta de marihuana para pasar sucesivamente a la venta de cocaína por todo el territorio de América, de Colombia hasta los Estados Unidos. Se verá enfrentado con sus enemigos, pero también con sus amigos que no acabarán de seguir dándole la espalda hasta traicionarlo y llevarlo a la ruina. Un todo que implica la derrota familiar y sentimental.

Blow es un filme  absolutamente corrupto, no solamente por la historia que narra, sino también por el estilo cinematográfico que Tedd Demme le regala a todo el conjunto de actores, banda sonora, moda kitsch años setenta y colores. Todo corrompe lo normal, lo cotidiano, el aspecto socio-moral. Lo que más impresiona es justamente la interpretación amoral de Johnny Depp que parece estar dispuesto a todo para conseguir su sueño.

Cierto es que lo que más encarna esta película es el alcance del sueño americano, este deseo que durante décadas ha caracterizado el objetivo de muchos y que representa el hilo conductor de toda la historia del filme. Observaremos que durante toda la narración siempre habrá una referencia al conseguimiento del poder, que se revelará fútil y poco sólido. De hecho, la película se divide en dos partes que representan las dos caras de una misma moneda: la primera, donde el protagonista vive la omnipotencia del éxito; y la segunda, donde decae en la soledad más triste.

El ritmo de la película es bastante cautivante y hace referencia a muchos de los acontecimientos vividos por el protagonista a lo largo de su vida. No obstante, no encontramos en ella un carácter esencialmente documentalista, por el hecho de que, sobre todo su historia de amor y la relación con su hija, aparecen bastante romanceadas, aunque pertenezcan a la realidad.

Hablando de Penélope Cruz, no podemos reconocerle en este caso un gran mérito, considerando su interpretación bastante escasa y poco determinante, por el hecho también (y no solo) de que la película concentra todas sus atenciones sobre el protagonista.

Blow es, de hecho, una mirada hacia lo inefable e inalcanzable sueño de potencia que Estados Unidos reclama y ha reclamado durante toda su historia. Quizás pudiéramos identificar este título “blow” no tanto como un viento que, como se reclama en la misma película, sople siempre en la justa dirección, metáfora del camino que George podría interprender, sino como la ligereza de este sueño que desaparece como un soplido a la primera dificultad. Es la precariedad de una situación que se escapa de las manos y que se convierte en algo meramente fútil, como hemos afirmado precedentemente.

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Una estrategia narrativa utilizada dentro de esta película es seguramente el enfrentamiento, el cara a cara entre dos personajes, el confrontamiento continuo propuesto en el que se establecen distintos tipos de equilibrios humanos que revelan siempre un aspecto corrupto, manchado, sucio y no claro.

Incluso en la escena en la que los padres de George lo acogen en casa preocupados por lo que su hijo hace de su vida: improvisadamente, durante un diálogo tierno con el padre, el protagonista se da cuenta de que ha sido engañado por los mismos progenitores, porque la policía está irrumpiendo hacia su casa repentinamente. En este sentido, la corrupción está presente también en este tipo de escenas donde los personajes que aparecen “fiados” y “fiables” de repente, aunque sea con una buena intención, revelan su finalidad doble respecto a la integridad y honestidad que el espectador se espera de ellos mismos.

Blow, en fin, es una película biográfica, pero también simbólica de toda una sociedad americana corrupta y de un sueño incumplido con el que esta misma sociedad ha sido ilusionada durante enteras generaciones y épocas, acabando abandonada en su desilusión de un deseo perdido e, incluso, tristemente desconocido.

Escribe Serena Russo

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