Matar al mensajero (2014) de Michael Cuesta

  10 Junio 2015

Tras la estela de Todos los hombres del presidente

matar-al-mensajero-0Recuperamos para el monográfico de "Corrupción política" este reciente film con una apasionante primera mitad que se tambalea en su desarrollo y definitivamente pierde el rumbo en el desenlace, olvidándose de su fascinante análisis del periodismo crítico para convertirse en un (melo)drama familiar cuyo mayor interés se centra en la historia “real” en la que está basada, muy por encima de lo que realmente el film nos muestra en pantalla.

En apenas una hora, el espectador pasa de una historia con la pasión de Todos los hombres del presidente al tópico más televisivo. Una pena.

Que la sombra de Alan J. Pakula es alargada podemos comprobarlo cada vez que algún nuevo director se acerca al cine de periodistas que se mueven en el delgado hilo de la denuncia social y, sobre todo, del ataque a la corrupción política.

El hombre que en los años 70 supo convertir en éxitos algunos materiales literarios de difícil adaptación cinematográfica (véase la apasionante pero anticinematográfica investigación elaborada por Woodward y Bernstein sobre el Caso Watergate) sigue siendo el cineasta de Hollywood que mejor ha entendido la forma más adecuada de llevar al cine una investigación periodística y la denuncia de la corrupción política, ya sea con el apoyo de Robert Redford y Dustin Hoffman (Todos los hombres del presidente, 1976), con la complicidad de Warren Beatty (Último testigo, 1974) o bajo la aureola liberal de Denzel Washington y Julia Roberts (El informe pelícano, 1993).

Ahora nos llega otro título que, al menos en su primera hora, sigue las directrices marcadas por Pakula en sus meditadas adaptaciones al cine de la labor de encorajinados periodistas y, como en la mayoría de los imitadores, es más atractiva la propuesta en su enunciado que en sus resultados.

La CIA, el crack y los narcos

Matar al mensajero está basada en la historia real de Gary Webb, periodista con un pasado que oculta un problema de faldas por lo que se refugia en un periódico pequeño, el San Jose Mercury News —un diario de provincias, lo llamaríamos por estos lares—, pero que en  los 90 se convirtió en el hombre que destapó la implicación del Gobierno norteamericano y de la CIA en el tráfico de drogas para la compra de armas por parte de la contra nicaragüense. Situación que, además, acabó con la aparición del crack en los barrios marginales de negros norteamericanos a mediados de los 80, en plena administración Reagan.

No es un territorio virgen en el cine. Aquella atractiva propuesta dirigida por Roger Spottiswoode titulada Bajo el fuego (1983) ya planteaba un tema con ciertas similitudes, en concreto la implicación de un periodista gráfico en la caída del régimen de Somoza en la Nicaragua de finales de los 70. En aquel caso, el protagonista abandonaba su objetividad habitual (fotógrafo: simple testigo de los hechos) para implicarse contra el régimen dictatorial haciendo una foto que cambiará el curso de la historia. Más que por su argumento, hoy se recuerda el film por un par de apartados técnicos: Jerry Goldsmith a cargo de una inolvidable banda sonora y John Alcott como responsable de una fotografía portentosa.

Volviendo a Matar al mensajero, la historia real nos dice que Webb descubrió el gran tema de su vida y tiró de la manta hasta el final, aunque fuera consciente de que eso iba a afectar a su vida familiar, a su trabajo y, finalmente, a su propia vida.

Las presiones del poder hicieron que no siguiera trabajando en su pequeño periódico y que incluso éste pidiera disculpas por los artículos publicados anteriormente. Pero Webb siguió investigando y publicó su nuevo material en forma de libro, Dark Alliance (Alianza oscura). Posteriormente, su vida y su trabajo fueron recogidos por Nick Schou en su libro de no ficción Matar al mensajero. La película es la adaptación conjunta de ambos textos.

La historia real nos dice que Webb no pudo resistir las presiones y acabó suicidándose… tranquilos, no estamos desvelando ningún secreto (eso que algunos se empeñan en denominar spoiler), más que nada porque esto es la “realidad” y no aparece para nada en el film… y segundo porque el supuesto suicido se cometió mediante dos disparos en su propia coronilla, algo muy difícil de conseguir incluso para alguien empeñado en morir como sea.

En definitiva, el hombre solo contra el sistema, el individuo contra la máquina del poder, la búsqueda de la verdad, la corrupción política como trasfondo. Una apasionante historia para contar…

Otra cosa es lo que el film realmente cuenta.

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Basada en una historia real

La trama en sí nace accidentalmente. Paz Vega le ofrece a Jeremy Renner (convincente y convencido de su papel como periodista, no en vano es también productor del film) una clave: ¿por qué un importante capo de la cocaína está vinculado con personajes cercanos al poder y, sobre todo, a la CIA?

A partir de este punto, una apasionante primera mitad nos lleva a la cárcel donde está un narco clave (Raul Julia en una breve participación), a Washington para las consabidas entrevistas alejadas de cualquier escucha sospechosa (se nota que estos chicos no han visto La conversación de Coppola), y hasta a alguna aldea perdida en Nicaragua…

Incluso, por aquello de las similitudes con Todos los hombres del presidente, nuestro periodista cuenta con su propio Garganta Profunda, ese confidente que le ofrece información imprescindible de forma enigmática: aquí en la habitación del hotelucho donde se retira a trabajar, en otra breve colaboración de un actor concienciado, en este caso Ray Liotta.

¿Cuál es el problema?

Que una vez comprobado que el Poder comienza a mover sus hilos para anular a Webb y su investigación todo se para. La película ya no avanza más.

Asistimos a la destrucción de su familia, al hundimiento de Webb (aunque sigue trabajando en su libro, ya al margen del periódico), a la sensación de que todos conspiran contra él… pero todo ello resulta redundante, no hay misterio, apenas hay tensión, todo está tan claro que necesitamos que pase algo más.

Y no pasa nada.

Bueno sí, como ya hemos comentado, unos rótulos finales nos explican que la CIA acabó admitiendo que aquello era verdad y que Webb se “suicidó” pegándose él solito dos tiros en la coronilla. Un material apasionante… pero que no está en la película.

Y la película se queda coja.

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Su segunda mitad apenas aporta nada a lo que hemos visto en la primera parte.

Para más inri, todo se resuelve a base de diálogos interminables, mientras en pantalla no pasa nada: nombre, datos, incluso las amenazas, todo es explicado a base de palabras y más palabras, muchas veces repetitivas.

Cierto, los films de Pakula también eran prolijos en diálogos, pero hay dos diferencias fundamentales entre Todos los hombres del presidente y Matar al mensajero: primera, al ser dos los periodistas en el film de Pakula, los diálogos entre ellos aportan dinamismo, acción a la trama; y segunda, siempre que había diálogos además pasaba algo en escena, había movimiento.

Aquí no. Aquí casi siempre son escenas estáticas… y discursivas.

Es un problema sobre todo achacable al guión, pero también al director Michael Cuesta, quien se dio a conocer en el festival de Sundance en 2001 con su título independiente L.I.E. y posteriormente ha recuperado el prestigio al dirigir numerosos episodios de la serie de televisión Homeland (2011-2013), un relato crítico con el Gobierno norteamericano que guarda algunos puntos de contacto con esta película, de ahí probablemente su elección como director por parte de Jeremy Renner que, recordemos, no sólo es la estrella del film, también el productor.

El balance final se deja un regusto amargo: es un film apreciable y valiente, pero se queda a mitad de camino al no saber resolver un problema clave, cómo exponer cinematográficamente la cantidad de explicaciones que tiene que mostrar en escena. Y hace aguas en su segunda mitad.

Con todo, merece la pena verlo.

Escribe Sabín

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Título Matar al mensajero
Título original Kill the messenger
Director Michael Cuesta
País y año Estados Unidos, 2014
Duración 112 minutos
Guión Peter Landesman, basado en los libros de Nick Schou y Gary Webb
Fotografía Sean Bobbitt
Música Nathan Johnson
Distribución DeAPlaneta
Intérpretes Jeremy Renner (Gary Webb), Ray Liotta (John), Robert Patrick (Ronald), Barry Pepper  (Russell), Oliver Platt (Jerry), Michael Sheen (Fred), Andy Garcia  (Norwin Meneses), Mary Elizabeth Winstead (Anna Simons), Paz Vega (Coral Baca), Tim Blake Nelson (Alan), Rosemarie DeWitt (Sue Webb).
Fecha estreno 14/11/2014
Página web http://www.deaplaneta.com/es/matar-al-mensajero