Cine político y corrupción en la Filipinas del Siglo XXI

  08 Junio 2015

On the Job y Norte, the end of history

 On the Job

on-the-job-0Sorprende de entrada el ajustado guión (firmado a cuatro manos por el propio director del film, Erik Matti, en compañía de Michiko Yamamoto) de una película cuya cuidada ambientación está muy por encima de otros films filipinos de última hornada.

Se nota que tanto los guionistas como los encargados del diseño de producción (en este caso a cargo del también filipino Richard Somes, especialista sobre todo en películas de terror) se han esmerado de forma considerable a la hora de desarrollar una trama dividida en una serie de líneas argumentales y hacerla lo más creíble posible (la relación entre los dos primeros y los dos últimos son los que dan la profundidad emocional de la película más allá de las escenas de acción y de los purulentos momentos localizados en la andrajosa prisión, fotografiada a base de imponentes travellings cenitales).

Si bien es cierto que, tras un inicio arrollador, donde con cuatro pinceladas se define a la mayoría de los personajes y podemos atisbar lo descarnado de una acción que se enseña y se ensaña sin contemplación alguna (magnífica la escena de arranque con un asesinato a quemarropa), pasamos a una fase exponencial en la que se quieren dejar muy claros los paralelismos narrativos, lo que se traduce en unos cuantos minutos de metraje en los que parece que no pasa gran cosa pero que en realidad no es más que la calma que precede a la tormenta.

Vale la pena esperar para asistir a un tramo final en el que las piezas del rompecabezas encajan de forma tan apabullante como efectiva, un acto conclusivo con unos giros de guión tan sorprendentes y contundentes que sólo el más avezado en la materia habrá podido adivinar, porque al resto sólo nos queda aplaudir la valentía de un realizador que se atreve a poner en solfa todo un engranaje podrido y nauseabundo que arremete contra cualquier pequeña esperanza de luz al final del camino.

Tan sólo alguna fuga humorística, como la historia de ese sargento malhumorado a perpetuidad que nunca ha podido medrar en el cuerpo por culpa de la corruptela imperante y que acaba tan harto que… (aquí no vamos a desvelar uno de los puntos más divertidos de una propuesta por otra parte dura y áspera, muy difícil de digerir).

Personajes soñadores, mentirosos compulsivos, marginados o inadaptados que se confrontan con una realidad que les gana por goleada e individuos en constante conflicto con la maldita sociedad en la que les ha tocado vivir, transitan entre fotogramas en una lucha desesperada por conseguir algo de la dignidad de la que se les impide disfrutar.

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El elenco actoral luce espléndido en unos roles en los que se desenvuelven como pez en el agua. La típica relación entre aprendiz y maestro tantas veces reutilizada y gastada por el cine hollywoodiense toma aquí unos derroteros trágicos que barnizan de originalidad unas escenas que, con menos firmeza, podrían haber caído en el tópico más absurdo (aderezadas con unos diálogos certeros y punzantes, del tipo: “cuando uno está empezando en el negocio, debes saber balancearte de un lado al otro como el bambú”).

Sin embargo, no estamos ante arquetipos sino ante personas de carne y hueso, que sufren y padecen las consecuencias de unas decisiones en las que nunca llegan a tener ni voz ni voto. O pasas por el aro de la depravación o te puedes dar por muerto. Un mensaje tan terrorífico como cierto en un entorno que, desde luego, no invita precisamente a pasar unas vacaciones idílicas. 

Por  poner un pero a este destacable trabajo diremos que los personajes femeninos son mínimos y están tratados de forma bastante somera, además de que alguna escena de venganza amorosa queda un tanto desdibujada y marginal al lado de lo que es el meollo argumental.

En definitiva, una visión despiadada de una sociedad decadente servida en formato de vibrante thriller tenebroso trufado de ideas inteligentes que hará las delicias del público amante de la acción más visceral en cuanto nos presenta a unos héroes y asesinos cotidianos con sus problemas para llegar a final de mes y sus ilusiones por dar a sus hijos la mejor de las educaciones, aunque sea pagando los libros a base de pegar tiros a bocajarro.

Y es que en la Filipinas de Erik Matti no hay escape ni para los impíos ni para los santos.

Norte, the end of history

norte-1No suelo ser un gran seguidor de las películas que duran más de dos horas. Supongo que debido a mi educación cinéfila estándar, o porque siempre he creído a pie juntillas aquella máxima de Baltasar Gracián que decía que “lo bueno, si breve, dos veces bueno”, lo cierto es que suelo huir de todas aquellas propuestas que a priori se vayan a alargar en demasía. 

Lav Diaz, uno de los cineastas más representativos de lo que algunos han dado a llamar la Nueva Ola Filipina, se ve que no es de la misma opinión, pues sus propuestas se caracterizan por la extrema dilatación del metraje y en las tomas, que intentan atrapar la realidad social y política actual de su país. Suyas son la monumental Evolution of a Filipino Family, de “tan sólo” 540 minutos (2004) o Melancholia, de 450 (2008).

Aparte de constituir un auténtico atentado hacia la vejiga ajena, que por mucho ejercicio de concentración que se precie acaba por derivar en auténticas carreras hacia el lavabo más próximo en cuanto asoma el primer título de crédito final, en esta ocasión se trataba de ver un film suyo que tan sólo duraba cuatro horas: Norte, the end of story.

Aunque seguramente en la cabeza de este maestro del ensanche temporal esté la idea de que ha rodado algo así como un cortometraje, 250 minutos no son moco de pavo. De todas maneras, después de haber leído en alguna entrevista que le gusta rodar películas largas para dar por saco a los programadores de su país, hechizados por el influjo hollywoodiense que les ha llevado a obviar cualquier proyecto nacional en aras de mecerse en los brazos del blockbuster más alienante, ya me apetece un poco más eternizarme en la butaca, y el resultado final tras la proyección no es para nada el de aburrimiento, sino más bien lo contrario. 

Diaz traza de manera excelsa el recorrido de unos personajes a través de una coherencia estética sublime, y así todo lo que entra en el cuadro respira una verdad y una sinceridad absolutas. Norte es una película que está muy bien, con momentos muy acertados y otros que quizás prolonguen demasiado una idea que se podría haber concentrado en menos tiempo.

Para quien no sea muy avezado en historia política filipina, este film supone una auténtica lección avanzada sobre la materia. Aprovechando que el dictador Ferdinand Marcos vivió en la zona donde se localiza la acción, se nos explica con todo lujo de detalles narrativos cómo a partir de su figura se extendió el fascismo por todo el país, convertido en la actualidad, según comenta en un par de ocasiones el protagonista, en una auténtica democracia de la corrupción.

Fabián, el antihéroe de la función, piensa que hay que partir de cero y destruir todas las ideologías anteriores, aunque la forma en que lleve a cabo sus revolucionarias prácticas no sea precisamente la más correcta, y acabe metido en un follón bastante considerable; lío al que, sin comerlo ni beberlo, también se verá arrastrado un pobre hombre sin oficio ni beneficio que cargará con unas culpas inmerecidas.

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La cámara se mueve en ocasiones con ritmo paulatino con el objetivo de ensalzar los momentos reflexivos de los personajes que aparecen en pantalla (ésta es una de las causas directas de lo prolijo del desarrollo argumental) intentando captar unos momentos de silencio que se mezclan de manera atinada con algunas largas y verborreicas conversaciones donde se discute sobre lo divino y lo humano.

Si bien hay que achacar en el debe de la función el poco protagonismo que se le da a las mujeres para que opinen sobre los temas que se ponen sobre el tapete, y sean los hombres los únicos con derecho a dictar sentencias y reflexiones sobre los cambios que debería adoptar un sistema político y social tan podrido y denostado como el que impera en Filipinas, es digno de aplauso la manera en la que se nos muestra el alarmante inmovilismo en el que malvive una sociedad que no ha evolucionado en los últimos cuarenta años.

Escribe Francisco Nieto


 

On the Job

Año: 2012 País: Filipinas. Director: Erik Matti. Duración: 121 m.  Género: Drama, Thriller. Protagonistas: Piolo Pascual, Gerald Anderson, Joel Torre, Mark Andaya, Al Tantay, Vivian Velez, Lito Pimentel, Rosanna Roces.


 

Norte, the end of history

Año: 2012 País: Filipinas. Director: Lav Díaz. Duración: 250 m. Género: Drama. Protagonistas: Sid Lucero, Angeli Bayani, Archie Alemania, Solimán Cruz, Hacel Orenzio, Ian Lomongo, Mae Paner.

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