Sevilla, ciudad de cine

  21 Septiembre 2014

Cines, rodajes, escenarios, festivales... 

giralda1896 fue el año en el que el cine llegó a Sevilla. Y su presencia fue recibida, como en muchos otros lugares, como una atracción o divertimento sin mayores pretensiones.

Pese a ser en esas fechas la cuarta ciudad española en número de habitantes (145.000), Sevilla atravesaba en los años finales del siglo XIX un periodo de estancamiento económico, enmarcado en la etapa de la Restauración, con la regencia de Doña María Cristina. La alta burguesía terrateniente y una amplia base popular de obreros y jornaleros constituían el sustrato social de la ciudad.

El Cinematógrafo B.L.M. —parece que se trataba del sistema denominado Animatógrafo—, fue anunciado en la prensa local y se presentó el 17 de septiembre de 1896 en el Salón Suizo de la calle de las Sierpes, gracias a la iniciativa del empresario Ricardo Mosquera. Entre 30 y 60 céntimos costaban las entradas. Las primeras diez películas (cuadros) proyectadas, según el programa fueron, entre otras: Maskeline, El jardinero regando flores, Llegada del tren expreso a la estación de Joinville, Danza de la bella Chiquita, etc.

El genuino Cinematógrafo de los hermanos Lumière llegó a Sevilla en enero de 1897; el día 8 comenzaron las proyecciones en la calle Sierpes, un local en el número 68, con un enorme éxito popular. Artillería española, Una balsa en el mar o La plaza de San Fernando en Nápoles, son algunos de los títulos estrenados en Sevilla. La renovación de los títulos era constante. Los mayores éxitos fueron las películas sobre la Exposición Universal de París de 1889 y los documentales sobre las inundaciones de Sevilla ocurridas a finales del XIX.

En el año 1905 el empresario Antonio de la Rosa instaló en su barracón de la Feria de Sevilla, sita en el Prado de San Sebastián, un Cinematógrafo, y una vez terminada aquella, se trasladó a otra ubicación de la ciudad para proseguir con su espectáculo de proyecciones. Después llegaron otros emprendedores que prolongaron la presencia del Cinematógrafo en Sevilla, como Vicente Llorens y Pedro Portela, posibilitando la existencia de salas estables dedicadas de manera exclusiva al espectáculo cinematográfico. El Cine Pathé fue el primer espacio específico concebido en la ciudad como cine: ubicado en la calle Cuna, fue diseñado por Juan Talavera y Heredia; se inauguró en el año 1925.

En cuanto a rodajes, Sevilla fue desde los inicios una ciudad muy atractiva para el mundo del cine. Las primeras filmaciones que se realizaron en Sevilla fueron los documentales del operador Henry W. Short, que trabajaba para la empresa inglesa de Robert W. Paul y sus títulos fueron: Danza andaluza (1896), Sevilla, salida de misa (1896) y Toreros (1896). Por su parte, la empresa de los hermanos Lumière filmó: Procesión en Sevilla (1898), Corrida de toros (1900) y Danzas españolas (1900). Gaumont rodó imágenes inmortalizando el puerto de Sevilla, la Catedral, la Torre del Oro y la Giralda.

Los viajeros románticos del siglo XIX como Richard Ford, Washington Irving y Prosper Mérimée difundieron a través de sus obras una imagen exótica de Andalucía, descubriendo en ella el embrujo de la civilización hispano musulmana. Ello propició un imaginario que mitificaba el mundo de los toros, las manifestaciones religiosas populares o el mundo del flamenco y sus personajes.

En ese marco, Sevilla ocupó un lugar relevante. La ópera, el teatro, la arquitectura regional o la pintura entre otras muchas artes contribuyeron a dimensionar la imagen de Andalucía y de Sevilla como un destino exótico especialmente atractivo. Personajes literarios como Don Juan Tenorio o Carmen, creados por Zorrilla y Mérimée, suponen una contribución muy relevante a la construcción de esa imagen mítica de Sevilla. Desde un punto de vista cinematográfico, cabe señalar la relevancia de esta ciudad como espacio escénico, pero también como personaje propiamente dicho, y como imagen recreada de otros lugares, reales o imaginarios.

En la Exposición Iberoamericana de 1929 de Sevilla, acontecimiento que supuso un gran impacto para la ciudad, el cine estuvo también presente. Hubo exhibiciones cinematográficas diarias en los pabellones de Argentina, Brasil, Portugal y Estados Unidos,  en este último se construyó una sala de cine permanente, que se mantuvo una vez que finalizó la Exposición y que posteriormente se transformó en un teatro.

jalisco-canta-en-sevillaDesde un punto de vista temático, en los años que preceden a la guerra civil, e incluso durante la propia contienda, la tendencia folclorista en el cine español se refuerza por el fortalecimiento progresivo de la incipiente industria cinematográfica, gracias a productoras como CIFESA o CEA. Títulos como La hermana San Sulpicio (Florián Rey, 1933), Currito de la Cruz (Fernando Delgado, 1934), María de la O (Francisco Elías, 1936), El barbero de Sevilla (Benito Perojo, 1938) o Carmen la de Triana (Florián Rey, 1938), entre otros muchos, van configurando a Sevilla como escenario idóneo para este tipo de narraciones, donde los toreros, las tonadilleras, la copla andaluza, el baile por sevillanas y las pasiones amorosas entre miembros de clases sociales diferentes tienen lugar.

Las coproducciones a partir de los años cuarenta contribuyen a consolidar la imagen folclorista que toma a Sevilla como un escenario habitual. Así, películas como Jalisco canta en Sevilla (1949), Una cubana en España (1951), Pan, amor y… Andalucía (1958) son una buena muestra de este tipo de cine. La visión de una Sevilla costumbrista y folclórica, característica de buena parte de las cintas rodadas hasta la década de los años setenta, empieza a modificarse con nuevas propuestas con la llegada de la transición política.

Una de las primeras en cambiar ese enfoque fue la del cineasta Gonzalo García Pelayo, que en 1978 rodó Vivir en Sevilla, película pionera del llamado cine andaluz, en el que afloran valores y visiones acordes con los nuevos tiempos democráticos. La primera productora de cine sevillana fue Galgo Films, que produjo entre otras cintas La espuela (1976) dirigida por Roberto Fandiño.

Quiero dedicar un apartado específico para citar a Luis Buñuel, el gran director español y de manera específica Ese oscuro objeto de deseo, su última película, estrenada en el año 1977, adaptación libre de la novela de Pierre Louys La mujer y el pelele. En el filme la historia transcurre, en parte, en Sevilla, de donde es Conchita, personaje interpretado por dos actrices (Ángela Molina y Carole Bouquet), versión española de la femme fatale, que llega a obsesionar al personaje otoñal interpretado por Fernando Rey. En ese filme, en el que son fácilmente identificables el barrio de Santa Cruz o la estación ferroviaria de San Bernardo, Sevilla aporta un marco espacio-temporal fundamental para definir las características de sus protagonistas.

Por su parte, el cine de Hollywood ha contribuido de manera significativa a dar forma a la iconografía cinematográfica de Sevilla: una mezcla entre realidad y ficción.

Así, en Sangre y arena (1941), película basada en la novela de Blasco Ibáñez, Rouben Mamoulian recrea una Sevilla tópica con escenarios perfectamente reconocibles como el barrio de Triana, la plaza de toros de la Maestranza o la capilla del Cristo del Gran Poder, aunque la cinta se rodó en Hollywood.

Posiblemente una de las películas más relevantes que contiene algunas escenas rodadas en la ciudad hispalense es Lawrence de Arabia (1961), filme épico dirigido por David Lean. La Plaza de España es la referencia más reconocible. Se rodó también en la Plaza de América (Parque de María Luisa)  donde se filmó la escena de la protesta en la que los extras españoles se disfrazaron de árabes de Damasco. También en el Alcázar de Sevilla se filmó la llegada de Lawrence de Arabia (Peter O’Toole) al cuartel general de El Cairo después de derrotar a los turcos en Áqaba. Igualmente, se filmó en el Casino de la Exposición. 

También se rodaron en Sevilla algunas escenas de una de las entregas de la saga Star Wars: El ataque de los clones (2002), en la que se identifica la Plaza de España. También Rojos (1980), de Warren Beatty, tiene escenas rodadas en el Alcázar sevillano, o 1492: La conquista del paraíso (Ridley Scott, 1992). El interés de Hollywood por rodar en Sevilla se mantiene hasta nuestros días, lo que atestiguan películas como El reino de los cielos (Ridley Scott, 2005), Noche y día (James Mangold, 2010) o El dictador (Sacha Baron Cohen, 2012).

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El cine español de la democracia también ha utilizado a Sevilla de manera habitual hasta hoy, siendo muy amplio el número de rodajes realizados en la ciudad de la Giralda.

Haciendo una selección más o menos apresurada podemos reseñar filmes destacados, que responden a géneros muy diversos como: Malaventura (1988) de Manuel Gutiérrez Aragón; Más allá del jardín (Pedro Olea, 1996); Solas (1999) opera prima de Benito Zambrano; Nadie conoce a nadie (Mateo Gil, 1999); Carmen (Vicente Aranda, 2003); El capitán Alatriste (Agustín Díaz Yanes, 2005), Siete vírgenes (2005) y Grupo 7 (2012) de Alberto Rodríguez; Carmina o revienta (2012) y su secuela Carmina y amén (2014) ambas dirigidas por Paco León.

Blancanieves (2012), película muda dirigida por Pablo Berger, y premiada con varios Goya, aporta la particularidad de que la Sevilla que vemos representada en las imágenes —la historia transcurre en 1910— se apoya en fotografías de la época, presentando una imagen casi onírica de la ciudad, aunque la película no se rodó en Sevilla.

Otros filmes destacables de los últimos años en los que Sevilla es referente son El mundo es nuestro (Alfonso Sánchez, 2012) cuya acción transcurre en el barrio de Triana; A puerta fría (Xavi Puebla, 2012) y no podemos dejar de citar la muy exitosa Ocho apellidos vascos (2014) de Emilio Martínez Lázaro, parte de la cual se rodó en Sevilla.

Uno de últimos rodajes realizados en Sevilla, con la ciudad como escenario es el de La ignorancia de la sangre, filme dirigido por Manuel Gómez Pereira y de inminente estreno en este mes de septiembre.

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Las producciones de series de televisión también han mostrado su interés por Sevilla. Cabe citar a Falcón, producción europea, estrenada en España por Canal + en diciembre de 2012. Se trata de un thriller policíaco, dirigido por Pete Travis, basado en las novelas de Robert Wilson, cuya acción se sitúa en Sevilla.

En estas fechas se está desarrollando la pre-producción de la quinta temporada de la serie Juego de Tronos, de la cadena norteamericana HBO y que va a utilizar el Alcázar de Sevilla como escenario, además de la villa de Osuna.

En síntesis, Sevilla ha sido desde los inicios del cine una ciudad de gran atractivo, y por tanto, con una presencia constante en la producción de películas. También debe señalarse el interés de la ciudad por esta manifestación cultural, lo que se constata ya desde la época de la Segunda República en la que proliferaron los cine-clubs, dependientes de los diferentes partidos políticos.

Otro signo del interés de los habitantes de Sevilla por el cine es la presencia de diferentes festivales, que se inició con el I Festival Internacional de Cine de Sevilla, celebrado del 20 al 26 de octubre de 1980. En esta primera edición su director fue Francisco Millán, un prestigioso crítico de cine andaluz. Se contó con la asistencia de Otto Preminger, quien presentó El factor humano, su despedida del cine; también acudió Paul Mazursky, junto con otros conocidos cineastas como John Landis, el compositor Elmer Bernstein, Pedro Almodóvar, Pilar Miró y Bernardo Bertolucci. La sevillana Antoñita Colomé, una estrella cinematográfica durante la II República recibió un cálido homenaje. Este evento celebró cuatro  ediciones.

Casi veinte años después de desaparecer, comenzaron los preparativos para el I Festival de Cine y Deporte, cuya primera edición tuvo lugar en noviembre de 2001. Esta propuesta tampoco pudo mantenerse en el tiempo. Sin embargo, las iniciativas continuaron y en el año 2003 se inauguró la primera edición del Sevilla Festival de Cine Europeo. La próxima celebración en el mes de noviembre, de la XI edición de este certamen, habla del afianzamiento de este tipo de acontecimientos que confirman a Sevilla como una ciudad de cine.

Escribe Juan de Pablos Pons

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