Bernie (Bernie, 2012)

  12 Agosto 2014

No es oro todo lo que reluce

bernie-1Bernie es considerada como la comedia negra por excelencia de toda la cinematografía de Richard Linklater, director de la naturaleza eclética que se ha cimentado en las más diferentes salsas fílmicas, realizando obras muy distintas entre ellas.

“In a small town, people will always suspect the worst of someone. But they’ll also suspect the best” (“En un pueblo pequeño, las personas siempre sospecharán sobre lo peor de alguien. Pero también sospecharán sobre lo mejor”). Esta cita representa el corazón de la película, que se desenvuelve alrededor de Bernie Tiede, el director de una funeraria de un pequeño pueblo de Texas. Además de dedicarse con constancia a su trabajo, Bernie es también un ciudadano ejemplar que se dedica a las injusticias de la pequeña sociedad en la que vive, hasta que no encuentra a Marjorie, una viuda millonaria que le cambiará completamente la vida.

La historia de Bernie es el cuento de una sociedad occidental que se conforma a las creencias y a la buena apariencia sin contar con lo malo que pueda pasar: lo que importa es la forma y nada más. Eso es cierto cuando consideramos el temperamento pacato y amable del protagonista al punto que tampoco unas “malas” acciones puedan ser definidas como tales, si se hacen con un “buen corazón”.

Aunque la historia de esta película esté inspirada a un hecho real, Linklater ha sabido reconstruir un personaje desde cero, único pese a insertarse en el género fílmico de la black comedy muy desarrollado y repetido en la historia del cine, sobre todo de los años ochenta.

Bernie es el protagonista por excelencia, a pesar de que los personajes de acompañamiento sean muy peculiares. Por ejemplo, Matthew McConaughey en la parte del sargento con sombrero de vaquero y aire de orgullo tejano; o Shirley McLaine, perfectamente encajada en su parte de millonaria solitaria.

Bernie es un personaje de una “pieza”: no tiene matices, es un clásico “buen chico”, respetado, admirado, amado y querido por el pueblo entero. Nada se le escapa, nada está fuera de sitio, todo está precisamente metido en su perfecta forma de hombre bueno y respetuoso. Justo por esta perfección que supera a veces la realidad rozando lo cómico y el absurdo, la película se mantiene uniforme con picos sorprendentes, en particular hacia la mitad del film, cuando ocurre el acontecimiento que cambiará para siempre la vida de este hombre.

El desarrollo de la historia es intrigante y al mismo tiempo somete a dura prueba la sensibilidad del espectador, que se encuentra en una situación de incomodidad o, mejor dicho, indecisión delante de un personaje tan peculiar como Bernie y de todo lo que ocurrirá alrededor de su vida.

La película está estructurada en dos partes: la primera es una descripción de la vida y del carácter del protagonista, donde se resaltan sus costumbres, sus hábitos, sus actitudes con la gente; mientras la segunda es una revelación de cómo la naturaleza humana (y, en este caso concreto, de Bernie) puede mostrarse imprevisible delante de las pruebas “más duras”.

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Linklater en Bernie nos enseña la doble cara de la humanidad en un contexto muy preciso y cerrado como un pueblo de Texas con su sociedad tradicional y sus principios irrefutables. El instinto y la razón, el “Yo” y el “Super yo” freudianos que se encuentran e impactan continuamente hasta el punto de poner en discusión qué es lo que vale, que cuenta y lo que no.

En esta película el concepto de juicio al que estamos acostumbrados cambia completamente de perspectiva y nos hace entender realmente qué es el punto de vista y en qué se basa. Lo que sorprende de este filme es la posibilidad de que otra perspectiva pueda ser igualmente posible, aunque no encaje con lo que la historia nos ha contado hasta un determinado momento.

Linklater juega con un montaje fluido y preciso, que con diferencia nos ofrece una narrativa fílmica sin inconvenientes ni impedimentos, alternando entrevistas a la historia del protagonista, en forma documental que no deja nada a la imaginación, pero que nos sorprende repentinamente con un acontecimiento que lo cambia todo.

Bernie es una película que no se puede categorizar, porque es ecléctica: sentimental, cómica, trágica, conmovedora, imprevisible y, sobre todo, absolutamente posible.

Escribe Serena Russo 

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