Antes del amanecer (Before sunrise, 1995)

  29 Julio 2014

Conociendo a Jesse y Celine

antes-amanecer-1Cuando en 1995 Richard Linklater y Kim Krizan crearon a estos dos personajes, no se podían imaginar la repercusión cinematográfica que les aguardaba.

Casi 20 años y dos secuelas después, podemos coronar Antes del anochecer como uno de los mejores filmes en su género de los años noventa.

Aquellos que se quejan de que no se invierte en cine y de que las productoras no arriesgan, deberían echarle un vistazo a esta película. Sus pilares, muy alejados del dinero, un guión redondo y las naturales interpretaciones de dos actores que, sin haber trabajado juntos con anterioridad, encajaron a la perfección. La belleza de Viena ayuda a completar una mezcolanza que, durante la noche que Celine y Jesse comparten, invita a soñar hasta a los más realistas, perdurando dicha sensación tras los títulos de crédito.

La naturalidad es la bandera que enarbolan valientemente director e intérpretes: ni maquillaje tras el que esconderse, ni un vestuario en el que apoyarse (los protagonistas no se cambian de ropa durante la totalidad del metraje), ni otros compañeros con los que repartir responsabilidades (comparten solamente un par de escenas con otros actores, teniendo ellos el 95% de las líneas espetadas e implícitas). Asistimos a 101 minutos de puro cine, en los que los silencios son tan importantes o más que las palabras.

Linklater nos presenta a dos jóvenes normales, cuyas vidas podrían ser las de cualquier persona. Ni especialmente guapos, ni especialmente brillantes, dos personas, que bien podrían ser Jesse y Celine como tantos otros. Sus historias no incluyen drásticos golpes ni rompen esquemas, pero en esas corrientes vidas, con sus mundanos problemas, se esconde la grandeza de la película, el no estar repletos de traumas les permite hablar distendidamente y centrarse en conocer a la otra persona.

Se percibe en cada momento que el guión está escrito por un hombre y una mujer, alcanzando un equilibrio que, en ocasiones, parece quimérico en este tipo de cine. Son muchos los casos en los que se intenta echar la culpa a otros de sus miserables vidas, aquí los personajes se centran en vivir, alejándose de estereotipados clichés que no permitan centrarse en las cosas importantes.

El que apenas se conozcan y sus diferentes nacionalidades son hechos aprovechados por guionistas y director para facturar grandes momentos. Aunque se trate de un filme centrado en el amor y el misterio de los albores de una relación, trata acerca de cómo dos jóvenes de veintitantos años en los noventa ven la vida, sus miedos, temores y la palabra que tanto asusta en ese momento, futuro.

La aventura de lo desconocido

Jesse y Celine se conocen por casualidad, ninguno de los dos debería estar en ese tren. Él debería estar disfrutando del verano con su novia, en lugar de ello su corazón está roto y viaja por Europa a la espera de que su avión despegue rumbo a casa. Celine, por su parte, podría llegar a París en menos horas tomando el medio de transporte más lógico, el avión, pero su miedo a volar la conduce directamente a los brazos de un desconocido americano.

El azar les lleva a ser compañeros de viaje y la insistencia e ingenuidad de Jesse, unidas a la predisposición de Celine y a unas líneas irrefutables del americano, a compartir una romántica velada en Viena.

El filme gira en torno a los inicios y a la confianza, dos personas ajenas, de diferente procedencia, conectan inmediatamente, no sabemos si por la falta de pretensiones que provocan los primeros instantes de una relación o porque están hechos el uno para el otro.

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A pesar de ser una película de índole romántica, no peca de edulcorada en ningún momento, de hecho la escena con un mayor contenido romanticón, ambos subidos en la Noria de Viena y él rogando por un beso, es ridiculizada en momentos posteriores por ella. Se juega con entrar y salir del romance una y otra vez, en un momento, los protagonistas están en una cabina haciendo una escucha de un disco, sin prestarle ninguna atención para más tarde diseccionar sin escrúpulos las relaciones duraderas.

Ese tira y afloja entre creer y no creer es lo que define Antes del amanecer: por momentos se posiciona en un lugar que no cree en el amor eterno, ni la fidelidad ni los sueños, para al instante siguiente creer a ciencia cierta en las habladurías de una adivina.

La grandeza de Linklater y Krizan es hacernos creer en un amor realista pero que se empapa, cual galleta en café, de las más extremas creencias románticas. Jesse y Celine encierran en cada uno de ellos a unos soñadores que solamente dejan salir a flote cuando realmente se sienten cómodos, cuando se deshacen de esa fachada que el ser humano se ha visto obligado a llevar más y más con el paso del tiempo. Las relaciones personales se complican cuanto más avanzado es el mundo, de hecho ya podemos observar el contraste entre el filme, 1995, y la actualidad. En 1995 era posible perderse y no tener cada instante de los viajes planificados, había de preguntar para concretar planes y recabar información; hoy en día todo puede hacerse de modo informatizado, resulta mucho más complejo y extraño el intentar improvisar, sucediendo lo mismo con las relaciones amorosas, al instante ya puedes saber cuáles son las aficiones, compañías e incluso ex parejas de alguien que acabas de conocer gracias a las nuevas tecnologías, el misterio es algo pasado de moda pero que quizás habría de volver.

El tema que sobrevuela durante la totalidad del encuentro entre Jesse y Celine es el sexo, pero siempre quedando enmascarado por otras circunstancias. Finalmente, queda como algo secundario, la única escena en la que pueden o no pueden hacerlo es la única que no se ve de todos los momentos que comparten. Si nunca hubiera habido secuelas, no habríamos sabido si lo hacen o no, porque eso no es lo importante, lo realmente relevante es el conocer a una persona y poder enamorarte, no vamos a llamarlo a primera vista, pero el ser capaz de abrirte y descubrir todos tus secretos, hasta aquellos más vergonzantes.

Las ventajas que proporcionan los inicios de una relación son exprimidas al máximo por los guionistas, por ejemplo a la hora de romper o apoyar creencias o prejuicios genéricos sobre hombres, mujeres o diferentes nacionalidades. El hecho de que Jesse sea americano sirve de excusa para dar por hecho que solamente habla inglés y que es incapaz de aprender otro idioma o de mostrar deseos de hacerlo.

Las conversaciones mantenidas no son genéricas y aburridas sino que van desde lo particular a lo ajeno en un abrir y cerrar de ojos, de las historias más personales, esas que solamente se cuentan a los allegados o que incluso provocan tanta vergüenza que son ocultadas en el fondo del cajón más profundo, hasta otras que se pueden mantener en un ascensor.

La diferencia la marca la predisposición de los protagonistas por ahondar tanto en su psique como en la de su compañero de aventura, hecho que en una sociedad cada vez más deshumanizada se da con poca frecuencia. Lo que se conoce como mojarse o implicarse tanto emocional como mentalmente es un hecho cada vez más difícil en unos días de tremenda superficialidad. Si algo no son Jesse y Celine, es superfluos, tienen opinión formada sobre todos los temas y si no están dispuestos a utilizar la mayéutica para enriquecerse. La palabra es el arma de Linklater y sus guerreros tienen un léxico rico y una mente aguzada que les convierte en maestros en las artes de la tertulia.

Un paseo sin nada más se torna en una disertación sobre el ser humano que solamente causará aburrimiento o indiferencia en aquellos que para ello se esfuercen o a los que su inteligencia no les permita dilucidar las palabras vertidas en el filme, ni tan siquiera los potentes silencios que golpean como caballos desbocados a aquel que ose ponerse en pie frente a ellos.

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Viena, la otra protagonista

La ubicación del filme es una ciudad de paso para ambos, ninguno está familiarizado con ella, lo que les permite descubrirla juntos.

Se trata de una ciudad que rezuma cultura, cuya historia, como la de la mayoría, guarda grandes episodios de tristeza, como la contada por Celine en el cementerio. Pero que llena de hermosura la ya de por sí bella historia de chico conoce chica, pero esta vez lejos de casa.

Antes de amanecer muestra una Viena coqueta, calmada, un lugar perfecto para deambular por sus calles sin más motivo que ese, caminar.

Los planos dedicados a los sitios de la ciudad, ya sin ellos, homenajean a una ciudad que se convierte en el tercer elemento principal. Su tranquilidad, su cultura, y sobre todo esa preciosa noria desde la que las vistas no podrían ser más espectaculares, se ponen a disposición de unos elementos ya de por sí suficientes. Sí, podría haberse rodado en cualquier otra ciudad pero se trata con tanto cariño a Viena, devolviéndolo ella, que no hubiera sido lo mismo.

Escribe Sonia Molina

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