La noche americana (La nuit américaine, 1973) de François Truffaut

  22 Abril 2014

Detrás de las cámaras

la-noche-americana-1¿Quién no se ha preguntando alguna vez lo que acaece durante el rodaje de una película?, ¿cuál será la relación de aquellos a los que consideramos estrellas?, ¿qué papel juegan productores, equipo y demás personas en la realización de nuestros filmes favoritos? Eso es lo que Truffaut nos relata en 115 excelsos minutos.

El cartel de La noche americana refleja a la perfección lo que el director francés expone, sus pensamiento y la manera de ver ese mundo. Las estrellas —los actores— en un deslumbrante primer plano y tras ellos más disimulado, y apagado, el director. Esa es la imagen que cualquier persona ajena al mundo del cine capta y sobre la que probablemente no se cuestione más. Aquellos que disfrutan del séptimo arte quieren saber más, si bien los actores juegan un papel crucial, la figura del productor, director y guionistas, entre otros, cuenta con una innegable importancia muchas veces no reconocida.

Los actores son la punta de un iceberg que se mantiene a flote gracias muchas cabezas pensantes que lo sostienen, si bien son ellos los que conseguirán que despunte, si la base no es sólida el filme se hundirá cual Titanic. Hay que mirar las películas como un todo que al final quedará reflejado por unos pocos.

A pesar de los esfuerzos de publicistas y productores porque las películas funcionen tanto durante como después de que las cámaras cesen su actividad, muchos son los acontecimientos que pueden truncar su devenir. Desde distantes o difíciles relaciones interpersonales hasta accidentes, pasando por ajustados presupuestos entre otras muchas vicisitudes. Innumerables son las variables a tener en cuenta al comenzar, en principio se puede contar con un planning perfectamente estructurado que en casi ninguna ocasión se podrá completar en esa manera pero sin el cual sería imposible comenzar.

El aclamado director francés nos explica algunos de los hechos que pueden modificar un tranquilo rodaje, por ejemplo es de vital importancia el estado de ánimo de los actores. Podemos ver cómo la volatilidad de los sentimientos hace que un actor sea capaz de lo mejor o de lo peor en función del momento en que se encuentre en su vida privada.

Existen situaciones incontrolables e imprevisibles como es la de la muerte de uno de los actores principales, motivo que no solamente afectará personalmente a los miembros del rodaje sino que puede suponer un cambio en el guión o en algunos casos la cancelación definitiva del filme.

Hace pocos años nos encontramos con este suceso con la muerte de un joven Heath Ledger, quien había rodado algunas escenas para El imaginario del Doctor Parnassus, en lugar de finiquitar el rodaje y quedar en el olvido, fueron compañeros y amigos del actor los que la finalizaron. En el caso de actores jóvenes resulta un doble golpe pero sin tener en cuenta la edad, siempre será uno de los golpes más duros a muchos niveles para el desarrollo de la película.

El director se ve ligado a un presupuesto que le ofrece unos medios y sobre todo días exactos de trabajo que pueden verse reducidos en función de cómo se desarrolle el rodaje. No solamente es de suma importancia el guión sino que existan las condiciones adecuadas para que pueda funcionar.

Uno de los papeles que queda relegado a un segundo plano y que casi siempre es crucificado es el del productor. Como en cualquier relación con dinero de por medio se producen choques entre la persona que busca una alta rentabilidad y aquella que quiere hacer arte o su trabajo de la mejor manera posible. En este caso Truffaut, quien se interpreta a sí mismo, no demoniza la figura del productor sino que lo pone manos a la obra a conseguir la mantequilla requerida para que pueda finalizar la cinta, haciendo que “se manche” enseña cómo en este caso se involucra en la película y suma enteros para que se logre finalizar con éxito.

Siempre hemos de tener en cuenta que la figura seria y calculadora no va a encajar en un mundo que se rige por el arte y la imaginación pero no hemos de olvidar que hasta los artistas más famosos necesitaban de mecenas para poder dar vida a su obra y aquellas personas no miraban la calidad de Miguel Ángel sino que su obra fuera rentable para sus arcas.

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El factor humano

La noche americana retrata no solamente el lado terrenal de los actores sino cómo un filme no está al fin y al cabo hecho sino por seres humanos con sus millones de problemas individuales que se acaban por reflejar en un grupo.

Una película no deja de ser una empresa con administrativos, directores y gente que finalmente da la cara. Como en cualquier empresa cualquier fallo desde la persona que se pueda considerar menos relevante hasta la más visible puede provocar un desajuste.

Resulta obvio que sin actor no hay película pero lo que no se ve en un primer momento es la importancia de los asistentes como apoyo a los propios actores, director y demás personas.

Al no ser una máquina perfectamente engrasada se producen constantes desarreglos como imprevistos embarazos, actrices que a pesar de su reputada fama no son capaces de aprenderse el guión o novias de actores que los desestabilizan largándose con el especialista.

Los filmes perduran en el tiempo pero provienen de la mayor de las desestabilidades, de personas de sentimientos a flor de piel. Truffaut nos muestra a los actores como seres tremendamente sensibles y sobre todo muy inseguros.

La película no se centra en un punto de vista concreto, sino que nos muestra cómo ven el rodaje todos sus componentes. Nos enseña que el resultado final no es sino la suma de las partes, el saber sacar lo mejor de cada persona en todo momento y sobrevenir a las vicisitudes que provoca la inexactitud del carácter humano. Las herramientas de las que se disponen no son mecánicas sino que son de carne y hueso, siendo capaces de lo mejor y de lo peor.

Incluso aquellos humanos de belleza innegable como Jacqueline Bisset pueden sufrir la peor de las crisis, aunque no se pueda asimilar en un primer momento, Bisset se verá envuelta en situaciones que no son ajenas a cualquiera que posea sentimientos. La imagen y la visión pública de un actor pueden provocar grandes errores, el personaje de la actriz inglesa muestra el modo que el modo en que la prensa la retrata está muy alejado de la realidad, las inferencias que realiza el ser humano son erróneas. Para la prensa se trata de una actriz volátil capaz de arruinar películas cuando en realidad se torna en una de las mayores artífices de la finalización de la cinta.

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Entre entelequia y realidad

Aquí entra en juego el título de la película, la noche americana se refiere a grabar una escena a plena luz del día pero que finalmente en la cinta será la más oscura de ellas.

Truffaut no deja de jugar en todo momento con elementos fantásticos para explicar la más dura realidad de las cosas. Desde fuera un rodaje puede parecer de lo más ameno y sencillo pero nada más lejos de la realidad, una de las primera escenas del filme que podría resultar terriblemente sencilla a primera vista se muestra como compleja, hasta lo más natural ha de estar milimetrado por las cámaras, un niño en el fondo ha de correr a la velocidad adecuada, una señora con un perro no puede entorpecer ni acaparar más tiempo del requerido. Todos estos detalles corren a cargo del director, afectando a todos los miembros participantes al haber de repetir una misma escena en varias ocasiones, retrasando otras, perdiendo el momento de luz adecuado y otras casuísticas intrincadas.

Hoy en día todo queda nublado por Internet, los seguidores pueden observar todo lo que acaece en los rodajes a través de Facebook, Twitter, Instagram y un largo etcétera. Cuando se rodó La noche americana todo aquello quedaba muy lejos, la información no era de primera mano, quedando relegada a los periodistas que no contaban con el exceso de información de nuestros días. Ante la falta de información se recurría a extender aquellas declaraciones vertidas en las ruedas de prensa, mientras que ahora se juega con la ambigüedad que se genera de la sobreexposición de los actores.

El misterio que dejó Truffaut ha quedado destruido por un intangible llamado Internet y su acceso total. La imaginación ha quedado relegada a un segundo plano, pudiendo acceder a fotos e información privada de los actores y rodajes desde cualquier lugar.

Por mi parte, abogo por la visión del filme francés y prefiero dejar fluir los pensamientos más allá del explícito mundo en el que vivimos.

Escribe Sonia Molina

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