Matrimonio a la italiana (Matrimonio all'italiana, 1964) de Vittorio de Sica

  09 Enero 2014

Un matrimonio universal 

matrimonio-a-la-italiana-1Tormentosa y pasional, Matrimonio a la italiana es una película que casi podemos definir “universal”, porque trata la temática amorosa concentrándose en las dinámicas  hombre-mujer y en el diferente enfoque que tenemos delante del matrimonio de una manera típica aunque especial.

Esto porque en el filme los sentimientos de odio y amor se alternan, mostrando al espectador que hay vínculos eternos aunque no lo creamos, porque aunque la pasión baje, siempre hay algo más que interfiere en la vida de dos personas, que va más allá del simple vínculo sentimental.

Película de 1964 del director Vittorio de Sica, está inspirada a una obra teatral del dramaturgo napolitano Eduardo De Filippo, titulada Filumena Marturano, nombre y apellido de la protagonista de la obra. En la versión cinematográfica, una maravillosa Sophia Loren con su inseparable compañero de trabajo Marcello Mastroianni interpretan los roles de una pareja compleja, retorcida, envenenada de pasión, pero manchada por el paso del tiempo y los engaños.

Trama

Filumena y Domenico son respectivamente una prostituta y un mujeriego que tras mucho tiempo frecuentándose deciden por voluntad de él ir a vivir juntos.

Filumena, feliz y enamorada, piensa casi que Domenico es una especie de príncipe que la ha quitado de la calle por amor. Pero pronto se da cuenta de que sólo quería llevarla a casa para que se ocupara de las tareas domésticas y de su madre, tratándola como si fuera una camarera.

Tras años de sufrimiento viendo a Domenico con otras mujeres y siempre de viaje, Filumena consigue casarse con él a través de un engaño y es entonces que el mismo Domenico conocerá algo que cambiará completamente su vida: sus hijos.

La crisis como filtro de amor

En principio esta historia parece ser un torbellino de engaños y venganza, donde de amor no hay casi nada. Un hombre y una mujer que para conseguir sus intereses son capaces de todo, hasta que llega a sus vidas el amor propio, el orgullo o, más bien, la posibilidad de ser algo diferente.

Filumena y Domenico se desean tanto cuanto se odian y el sentimiento que más sobresale es la piedad por dos seres humildes e incapaces de amar. Pero, tras risas y lágrimas, la crisis entre estos dos personajes es la clave para resolver todo lo que siempre se ha quedado escondido o no dicho entre ellos. La crisis en esta situación, de hecho, se entiende justo en su significado más concreto del término,  como una serie de cambios de una situación inestable.

Estos cambios en realidad no suceden a lo largo del tiempo del filme, sino repentina y bruscamente, dando una vuelta completa a la historia y un intercambio de roles entre marido y mujer.

Desde el principio, el espectador está convencido que todo el hilo de la historia está en las manos de Domenico, cuyas acciones típicas de hombre infiel afectan a la relación entre los dos. Pero esto no es cierto, porque Filumena lleva otros hilos, los de la paciencia que antes o después explotarán en una crisis real e hilarante.

El juego de risas y dolor que encontramos en la trama de esta película es el punto más alto e intenso de una historia muy real. Y esta realidad está intensificada por la carga emocional de la gran Sophia, que interpreta un personaje con una fuerza teatral digna de la pièce en la que se ha basado el filme.

Es una obra sin edad y sin tiempo, es la historia de una relación ambigua que dura treinta años entre dos personas y esto ya vale para que sea una crisis. Sí, porque ya el hecho de compartir una vida genera unos cambios y cada pareja es una crisis. Otra cosa es establecer si esta crisis es constructiva o menos.

Seguramente, lo que no es cierto que sea o menos una buena lección es que esta crisis se resuelva a través de otras personas, es decir, a través de los hijos.

El final de la obra y de la misma película es bastante obvio: Domenico se reconoce responsable de sus hijos y se siente movido por su orgullo de padre. Lo mismo le pasa a Filumena: lo más importante para ella es dar una dignidad y una vida decente a sus hijos, el amor más grande de su vida, lo único que realmente tiene un peso y un significado. Así que se restablece el vínculo entre los dos personajes gracias al rol de padres que acaban de descubrir.

Así que: ¿es verdad que los problemas de pareja se resuelven con los hijos? Claro que no y, aunque lo parezca, no es esto lo que realmente quiere demostrar la obra. Seguramente los hijos tienen un papel fundamental, pero es el acto de amor incesante y  la comprensión que Filumena tiene por su marido, la aceptación de su ser tal y como es, que hace de ella una gran mujer y un gran personaje.

La crisis, como demuestra este filme, es parte del sentimiento: es un crecimiento y una evolución del mismo concepto de amor. Sin ella no habría bases reales para construir una historia y, por supuesto, unas personas.

Escribe Serena Russo

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