Maridos y mujeres (Husbands and wives, 1992) de Woody Allen

  11 Enero 2014

El fin del romance 

maridos y mujeres-1La presión social determina el comportamiento humano en tal medida que si éste fuera consciente de ello se vería abrumado, así que se prefiere creer que cada individuo es único y excepcional. Si una persona no sabe de qué modo comportarse en cierto momento su primer instinto será buscar a otra que comparta características con él, si es una mujer buscará a una mujer, un niño a un niño y así sucesivamente para ver qué es lo que la sociedad espera de él/ella y poder escenificarlo.

Si existe un cineasta que se caracterice por estudiar el comportamiento del ser humano ese es, sin duda, Woody Allen. En sus filmes, Allen se centra en exponer sus principales miedos que, generalmente, coinciden con los de la especie humana. Desde la temida muerte a la soledad, pasando por diversas crisis que sobrevienen a la mayoría de los individuos en algún momento u otro.

Lo hipocondríaco del carácter de Allen convierte la mayoría de sus trabajos en ensayos sobre la psique humana, cada una de ellas no es sino una terapia particular que en la mayoría de ocasiones acaba por ser una genial obra. Es más, los filmes que se alejan un poco de la introspección y estudio de su mente se convierten en los menos brillantes y obras prescindibles de cineasta newyorkino.

Maridos y mujeres es una disección de las relaciones de pareja de mediana edad, aquellas que ya dejaron atrás la fase enamoramiento y tienen que conectar para mantenerse unidos más allá de unas responsabilidades que dejan de tener. Es un fenómeno común en Estados Unidos cuando los hijos se van a la universidad y en España cuando hacen lo propio a sus propios hogares que los padres sientan un vacío que les haga dudar de su relación. Las rutinas han de cambiar y son esos momentos en los que el ser humano se cuestiona sus acciones y pensamientos, el mayor control de la sociedad se realiza mediante un status quo, cuanto más estables son las situaciones más fáciles de predecir y por tanto de controlar. En las interacciones sucede lo mismo, siempre será más sencillo y cómo lidiar con una cara familiar que enfrentarse a alguien nuevo, diferente y del que no se sabe qué se puede esperar ni de qué modo va a reaccionar.

Eso acaece del mismo modo en las relaciones de pareja, cuando la relación es duradera en el tiempo, las discusiones e incluso las conversaciones corren el riesgo de convertirse en las mismas porque es lo más cómodo para los sujetos que la componen. Depende de cada persona el que su relación se acomode y mantenga estancada en lo mismo durante 50 años o bien aumentar el interés y la viveza de la pareja o, al menos, mantenerlo.

Cuando la relación ha sido la misma durante un largo período de tiempo —por ejemplo: trabajo, hijos, vacaciones y eso repetido—, resulta difícil adaptarse a una nueva ecuación en la que se altera uno de los factores. Eso es lo que les sucede a Jack y Sally en el filme de Allen, sus vidas están encalladas en unos elementos recurrentes, al verse modificados, no saben cómo reaccionar y deciden separarse. Dicha medida no solamente les afecta a ellos sino a su universo inmediato.

Gabe y Judy ven su mundo revuelto dado que en su cabeza daban por hecho que sus mejores amigos estarían juntos para toda la vida y al no ser así no son capaces de manejar la información quedando desamparados. Como ya hemos comentado, el ser humano no deja de compararse constantemente con sus semejantes más cercanos y en este caso eso implica el que ellos se encuentren en una situación diferente a la suya, provocando la inestabilidad de la pareja.

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En toda relación sentimental hay un momento en el que el romance de ilusiones inicial se rompe, en la mayoría de casos se decide continuarla sin ilusión porque es “lo que hay que hacer”, en otros se opta por acabar con la relación sin trabajar en ella y son muy pocos los casos en los que se enfoca de modo positivo y se construye una relación más fuerte.

En Maridos y mujeres se habla del desamor o de la falta de ilusión o cómo las cosas más ínfimas pueden hacer que una relación de años se tambalee, ya sea por una situación desconocida o por la comodidad de empezar a conocer algo más simple y revivir la llama de los primeros instantes.

Allen da una visión derrotista del amor, la relación de Jack y Sally acaba por mantenerse por pura inercia, creen que tienen que estar juntos pero no saben por qué, mientras que Gabe y Judy acaban por separarse para emprender nuevas aventuras con los mismos errores. Mientras en otros momentos aboga por el amor, aquí el director se queda con el lado más negativo, el desgaste y la búsqueda de nuevas ilusiones.

Celos

Una emoción básica del ser humano son los celos, motivo por el que muchos matrimonios finalizan muchas veces sin hechos reales, solamente el poder de la mente. La confianza en amigos, pareja, etc. es esencial para un funcionamiento sano y correcto de las relaciones, en ocasiones se cortan lazos solamente por creencias sin más oportunidad para el que no sabe qué ha hecho.

La mente humana es muy fácilmente moldeable, el inducir o incluso introducir pensamientos dentro de ella es sencillo si se sabe cómo hacerlo. El arte de la manipulación se torna en un hecho determinante en ciertos momentos.

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Woody Allen es un maestro mostrando las motivaciones humanas, en Maridos y mujeres observamos cómo las relaciones de los protagonistas sufren altibajos solamente guiados por sus mentes. Más importante que los hechos, son los pensamientos. Los más manipulados son los hombres y las manipuladoras las mujeres, hecho que suele repetirse tanto a la vida real como en la ficción, desgraciadamente para la abajo firmante, es un hecho demostrado que el género femenino es el que mayoritariamente ejerce su influencia sobre el masculino. No se podría afirmar científicamente porque no hay genes que así lo puedan certificar pero las mujeres poseen mayor habilidad a la hora de manejar a sus congéneres.

En la película existen dos personajes que encarnan a perfectas reinas del drama y de las artes manipuladoras: son Judy, de personalidad aparentemente frágil pero que siempre consigue sus propósitos; y Rain, cuya relación con Gabe se mueve al ritmo que ella marca.

Allen escribe un personaje creado total y absolutamente para convertirse en la diosa del tejemaneje, Judy es una mujer con cara angelical y aparentemente vulnerable pero se trata de la protagonista con un mayor grado de maldad del filme, o si no llamémoslo egoísmo. Es la personalidad en la sombra, se esconde tras lo demás haciendo ver que no se trata de una personalidad apabullante como finalmente se descubre. En su relación con Gabe es ella la que marca el compás, superficialmente no, pero si se indaga las decisiones importantes son tomadas por ella. Es Gabe el que se siente atraído por otra mujer pero es ella la que le deja por un hombre al que considera más apropiado y al que, haciendo un análisis de su modo de ser, manejará a su antojo.

Maridos y mujeres alberga entre sus protagonistas a dos manipuladoras totalmente opuestas, mientras Rain no oculta sus intenciones y solamente engaña a Gabe, Judy se esconde tras una piel de cordero degollado para mostrarse finalmente como realmente es, una depredadora que no duda en dejar presa a su paso, ya se trate de su pareja o de su mejor amiga, a la que dejará a un lado para emprender una nueva relación. El único que sabe cómo es realmente y al que ya no disuaden sus artes es su ex marido, se trata de una persona difícil de interpretar al mostrarse opuesta a lo que finalmente es.

Allen desmenuza, una vez más, relaciones de pareja para descubrir que todos los seres humanos, mejores o peores, se encuentran perdidos en un mundo que no saben descifrar o están muy ocupados con ellos mismos y sus pequeños universos como para discernir sus grandes misterios.

Escribe Sonia Molina

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