Clandestino y caballero (Cloak and dagger, 1946)

  20 Octubre 2013

A la búsqueda del arma más potente 

Clandestino-y-caballero-1Esta película es la última que Fritz Lang (1890-1976) realiza en la década de los cuarenta sobre la guerra y el nazismo. Antes ha realizado, y por este orden, El hombre atrapado, Los verdugos también mueren y El ministerio del miedo.

Entre ésta última y Clandestino y caballero realiza esa maravilla sobre el funcionamiento del subconsciente que es La mujer del cuadro, una autentica lección sobre las teorías del Freud, y la más discutible Perversidad. Y cuatro años después del filme que comentamos volverá a lanzarse al mundo de la guerra recién terminada pero cambiando el lugar y a el enemigo. Se trata de la poco efectiva Guerrilleros en Filipinas.

Los cuatro filmes antinazis del periodo de los cuarenta parten de relatos de afamados escritores o cuentan con buenos guionistas. El hombre atrapado tiene como guionista a Dudley Nichols, mientras que en Clandestino y caballero colabora Albert Maltz, uno de los diez de Hollywood, es decir, de los perseguidos por el macartismo. Por su parte, Los verdugos también mueren es un relato de Bertold Brecht que además interviene en el guión, mientras que El ministerio del miedo se basa en una novela de Graham Greene.

No es raro que Lang en estos años realice películas antinazis. Más bien si no lo hubiera hecho sería difícil de entender ya que Lang desde muchos años antes se había posicionado, aunque fuera de forma sibilina, en contra del dictador alemán. Y eso que estuvo casada con una ferviente seguidora del Führer como era Thea von Harbou (además de su esposa guionista de muchas de sus películas alemanas).

Varios de los títulos que dirige Lang en la década de los años veinte y en el comienzo de la década de los treinta tienen un claro sentimiento contra el nuevo partido que está en el poder. El doctor Mabuse queriendo adueñarse del mundo es todo un símbolo del desmedido afán de poder de Hitler. Mabuse es, sin duda, el espejo que refleja la subida y el ansia de dominio del dictador alemán. No es raro que M, el vampiro de Dusseldorf se llamase inicialmente Un asesino entre nosotros, título que hubo que cambiar ante el temor de las, lógicas, suspicacias que pudiera suscitar.

La historia es conocida: Lang fue citado por Goebbels quien le ofreció la dirección de los estudios UFA. Pidió una tregua para pensarlo, tiempo que utilizó para huir a Francia, donde realizó Lillion, para pasar posteriormente a Estados Unidos donde realizaría muy importantes obras, terminando por volver a Alemania para realizar remakes de filmes de la etapa muda y terminar prácticamente como realizador con Los crímenes del doctor Mabuse (1960). Años más tarde, haciendo de sí mismo, intervendrá en Le mepris (1963) de Godard. 

Lang será uno de los más destacados tuertos que han dirigido cine (al menos de los que se ponían un parche en uno de los ojos, aunque en el caso de Lang se decía que ese parche variaba de ojo según los días) y entre los que también se encuentran, entre otros, John Ford, Raoul Walsh, André de Toth…

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Curiosas coincidencias

Se ha dicho que Clandestino y caballero debe mucho al cine de Hitchcock. Algo muy relativo ya que el sentido de aventura, de momentos seriados, persecuciones y sorpresas aparece en gran parte de la primera obra de Lang. Sí, efectivamente la persecución de una pareja (aunque con esposas) había sido un elemento personal en algunas películas de Hitch, como por ejemplo 39 escalones o Sabotaje (su película americana de 1942), y puede recordar la huida del profesor Alvah (Gary Cooper) y de Gina (Lili Palmer), la mujer que trabaja para la resistencia. De todas maneras su historia de amor apasionada y desesperada no tiene trazas del autor de Psicosis.

Lo más curioso es que, aparte de lo que posteriormente indicaremos, la historia narrada de acercarse a Hitch sería más a alguna de sus últimas películas, y por tanto muy posterior a esta. Concretamente a Cortina rasgada, por el hecho de ser el protagonista (aunque aquí trastoca su personalidad) un afamado físico que pasa a territorio enemigo para tratar de tomar contacto con otro físico que vive detrás del telón de acero para descubrir los secretos de una investigación que se está llevando a cabo en la Alemania Oriental. En eso, y en una secuencia, el asesinato por parte de Paul Newman y una campesina en una granja, del policía que le está siguiendo. Años antes, en esta película, Lang había plantado una secuencia parecida con la lucha y muerte del policía nazi en el portal de una casa, ayudado por Gina.

De cualquier forma, la identificación de este filme con la obra de Hitch de forma más precisa está en la historia narrada y en el año de producción, 1946.

¿Qué se narra? Al parecer partiendo de un suceso real, la búsqueda de unos científicos que se encuentran en manos de los alemanes debido a que están trabajando en una bomba de gran potencia, exactamente la que sería la bomba atómica que aproximadamente un año antes de la realización de esta película (en agosto de 1945) había sido experimentada sobre dos poblaciones japonesas, Hiroshima y Nagasaki, ocasionando miles de muertos.

En los últimos años de la segunda Guerra Mundial se produjo una carrera entre ambos bloques, el eje y los aliados, para construir ese arma que representaría el poder sobre el mundo. El filme de Lang habla incluso de algunos hechos que consiguieron retrasar la consecución por parte de los alemanes de la bomba, como fue el volar en Noruega el complejo donde se producía el agua pesada (compuesto necesario para producir el artefacto destructor). Una historia que en los años sesenta sería contada por Anthony Mann en Los héroes de Telemark.

Pues bien, si Lang cuenta en 1946 esta historia, sobre un hecho ya pasado, pero que hace referencia a la búsqueda de la bomba atómica, Hitchcock en el mismo año realiza Encadenados, centrada en el mismo tema: la construcción, y los elementos necesarios, de una bomba más allá de todo lo conocido. Pero mientras la película de Lang se escribe cuando todo ya se ha producido, la de Hitch se había concebido con antelación, ya que el director tenía noticias de una serie de experimentos secretos en los que entraba el uranio como elemento principal. Por razones más o menos de seguridad nacional, Encadenados tuvo que retrasar su rodaje. No se podía permitir que una película abriera una rendija por la que se filtrase un secreto.

Esa, la historia sobre la bomba atómica, sería sin duda la mayor relación que se podría encontrar entre Lang y Hitch. Lo demás es, claramente, accesorio. El  llegar a relacionar la película de Lang con Con la muerte en los talones, como algunos han hecho, carece de fundamento.

Sí, claro, alguna secuencia, debido a ser construidas con un cierto tono de suspense, pueden llevar a una identificación, poco exigente, entre ambos autores. Por ejemplo, la secuencia de la camioneta que no arranca en el control alemán, con todos los guerrilleros —incluido el protagonista que acaba de llegar a Italia en su peligrosa misión— dentro del vehículo, mientras un soldado alemán intenta ver si el camión lleva algo sospechoso. Una secuencia bien construida, por otra parte, típica y tópica en este tipo de películas y no made in Hitch.

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Amor y muerte

El personaje del protagonista está construido, por momentos, con una cierta sorna y, a pesar de su fácil y rápido patriotismo para llevar a cabo la peligrosa misión, se desprende un discurso humanista. En el momento en que el jefe de los espías, amigo de Alvah, va a visitarle al laboratorio donde trabaja para encomendarle la misión, éste le plantea el poco sentido de los gobernantes en gastar dinero para armamento y no preocuparse en invertirlo para vencer enfermedades.

Posteriormente, y a pesar de los acontecimientos, no pierde su sentido casi inglés: Lang nos lo representa en algunos momentos (el chantaje que realiza sobre la espía nazi) jugueteando con una moneda; en uno de los escondites al lado de un tiovivo se dedica a escribir formulas sobre el movimiento oscilatorio de la subida y bajada de los caballitos de feria; en la entrevista en el laboratorio utiliza una manzana para hablar del sin sentido de la humanidad.

En toda la aventura vivida por Alvah tanto en su estancia en Suiza como posteriormente, el científico actúa, contradiciendo el encuentro en el laboratorio, como un consumado espía. Algo lógico en la estructura de este tipo de películas, pero desconcierta el cambio producido sin razón lógica. Estamos, por supuesto, dentro de las reglas del género y por lo tanto así se admite

Quizá el personaje más intenso sea el de la guerrillera italiana Lina, sin un claro presente y un oscuro futuro. Su historia de amor con Alvah, negándose a pronunciar la palabra amor y solamente intentando vivir en lo que tiene de presente, es dramática. Un personaje que ha perdido todo, y en ese todo, dado por una fotografía que tiene en su casa, se incluye un joven que acompañaba su vida en un pasado anterior. La forma de indicar su muerte, y la realidad de su vida, es cruda. Al igual que la propia presentación de Gina eliminando a un soldado alemán con saña, escondiendo su figura femenina en un amplio traje. De ahí la sorpresa del científico cuando, en el camión donde junto a otros guerrilleros van escondidos, descubre a la mujer, a la luz de una cerilla, mientras ella se cambia de atuendo.

La historia de amor queda en suspenso en el mismo final, después de que el avión que traslada a Alvah y el científico que acaban de rescatar inicie su vuelo hacia el territorio aliado, Lang nos muestra un primer plano de Gina viendo cómo el avión se marcha. Las promesas de volver a buscarla en un mañana forman parte de un futuro incierto. El rostro de la mujer clarifica la existencia, para ella, de una felicidad, que ni probablemente será realidad mañana. Porque para ella no existe.

El filme es aquí, en esta existencia de Gina, en su ansia por vivir una relación, por sentirse unida a alguien, salir de la soledad que nace de su propia lucha. Conocida con un nombre que a lo mejor ni es el propio. Sólo eso, es Gina.

Amor, deseo, necesidad de sentir cerca, unirse a alguien, de huir de una soledad o de un pasado que le aterra. Entre el día y la noche, la bienvenida y la despedida, se mueve Gina, configurando una relación quizá del momento aunque trate de pensar que existirá un mañana. Ese tiempo que, incluso, quizá ella no alcance a vivir.

En cada lugar donde Alvah y Gina se refugian se producen una serie de coincidencias que les obligarán a dejar el lugar y buscar otro refugio. Cualquier sitio es bueno, incluso debajo de un puente. El destino, en forma de personajes o situaciones, señal personal de Lang de la existencia de un destino juguetón, lleva a los protagonistas a buscar continuamente ese lugar imposible de paz y tranquilidad. Cualquier hecho, aun el más mínimo, es el responsable de lo que posteriormente acontecerá. El evitar ser fotografiado al llegar a un aeropuerto, charlar con un desconocido, auxiliar a un gato, dar una limosna a unas verdaderas o falsas monjas es motivo para desconfiar y seguir huyendo. En la huida se irá rompiendo la relación glaciar del comienzo entre el hombre y la mujer perseguidos, cuya amistad y amor surgirá del efecto huida hacia adelante sin saber siquiera si existirá un mañana.

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Juego de espejos

El filme, que se permite incluso jugar con distintos géneros, posee detalles propios de Lang en una serie de brillantes momentos. Señalemos, en lo genérico, el ataque de los alemanes a la casa, rodado como si se tratase de una secuencia de un western en la que los malos (indios, confederados o sudistas, malhechores…) rodean una casa. Toda la tipología de ese tipo de momento es desplegada con su heroísmo y sus tópicos.

Secuencias como la del gato maullador, la de la entrevista de Alvah con el científico en la casa donde le tienen retenido, o el detalle, dentro de la lograda secuencia de la lucha en el portal de una casa, del ruido de alguien bajando unos escalones y que resulta ser una pelota, certifican al gran realizador que es Lang. Y que logra así enmendar los errores que tiene este filme demasiado irregular.

Lo que existe, además, es un sorprendente dominio del tiempo narrativo con sus elipsis, una fotografía excepcional y una presencia omnipotente en ciertos instantes de los espejos (y aquí si habría que pensar también en Hitch, sin olvidar que Lang no es la primera vez ni la última que utiliza tal elemento), hasta el punto que en algún caso será el dominante de toda la escena.

Ocurre en el instante en que Alvah recibe la explicación de que la mujer con la que se encontraba en el bar es una espía alemana. La planificación toma a la persona que habla con el científico reflejada en el espejo evitando, y no sólo eso, el contraplano.

Se dará en algunas otras secuencias, pero sobre todo en dos.

Una de ellas corresponde a la primera noche que pasan juntos Gina y Alvah en la habitación de ésta. Es un momento espléndido con ellos dos acostados y charlando (entre otras cosas sobre el gato que no deja de maullar), ella en la cama y a la izquierda del plano, él en el sofá, a la derecha. Y en el centro, y al fondo, iluminando prácticamente el plano, un gran espejo. De esa manera alcanza todo el protagonismo del instante.

La segunda señala la despedida de la nueva casa donde se encuentra refugiada la pareja. Y donde la tirantez entre ellos ha ido desapareciendo. Gina se mira en el espejo, vacila, juega, se pregunta si acaso no es bella. Todo ello para posteriormente dejar claro que nunca deben enamorarse. Eso hará daño, lo otro, el aceptar simplemente esa situación y vivirla, es otra cosa.

No son los únicos instantes en los que los espejos dominan el momento. Algo lógico en un filme donde todo es más o menos una representación, una falsa apariencia para poder seguir adelante con el plan establecido. Ambos son y no son en sus identidades alteradas o incompletas. Seres que deben actuar siempre para impedir ser capturados. Recelosos de todo en una sucesión de huidas sin saber hasta dónde podrán llegar.

Por esas propuestas, por el rigor de algunos instantes, es digno de interés este filme de Lang, el cuarto en el que desde comienzos de los años cuarenta había comenzado su personal contienda contra el nazismo alemán, que quería dominar el mundo. La guerra había terminado. A aquello que contaba le faltaba el final: la ya conocida explosión de la bomba sobre dos poblaciones niponas. Comenzaba con ello otra historia. Lang, a su vez, se había abierto a otras nuevas, a otros mundos hasta llegar a duras historias de otros poderes, otras dominaciones donde la justicia, otra vez al igual que en Furia o títulos anteriores, no es sino una palabra hueca.

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Coda: cortes y alteraciones

Como se ha indicado anteriormente, la película termina con la marcha-salvamento en un avión del protagonista del territorio enemigo, mientras Gina se queda allí luchando por la liberación de su país: plano de Alvah despidiéndose antes de entrar en el aparato, plano del avión una vez despegado llenando toda la pantalla,  primer plano de Gina mirando cómo el avión toma altura.

La misión del científico inglés ha sido, pues, un éxito.

En el avión, con el protagonista va el científico que ha conseguido liberar de las garras de los malignos nazis. Es quien conoce los lugares secretos donde se está experimentando la gran bomba por parte de los alemanes.

Un final casi, casi, feliz. Para que lo fuera plenamente debería haber subido también al avión Gina, cerrando así la historia de amor. El quedarse en interrogante tampoco queda mal: ella es la mujer que se sacrifica al servicio de la patria. Y que espera un mañana nuevo.

Todo correcto si no fuera por la existencia de un pequeño o gran hecho del que pocos tienen constancia: ese que vemos no es el verdadero final del filme. Lang siempre comentó que en Clandestino y caballero faltaba la última parte (entre diez y quince minutos) que fue rodada e incorporada al filme en un primer montaje. Al productor no le gustó cómo quedaba, bien por motivos comerciales, bien porque ya se barruntaban las persecuciones hacia aquellas obras y seres que no aplaudían los hechos acaecidos o la barbarie que suponía la guerra y que se interrogaba sobre la necesidad de que se pudiera emplear el poderío destructor de la nueva bomba.

Un final, el que desapareció en un segundo montaje ante la oposición del director, que además entroncaría con las palabras que pronuncia Alvah al principio del filme, antes de ser reclutado para la misión. Palabras lanzadas sin más en la secuencia del laboratorio sobre la obligación de los científicos en buscar remedios para curar y no para matar, palabras que pueden parecer gratuitas a raíz del desarrollo posterior. No lo eran, sin embargo, en la película tal como terminaba.

La parte suprimida narraba cómo muere el científico que acompaña a Alvah y que conoce los planes secretos del enemigo ya que ha trabajado para ellos. Y fallece debido a las heridas sufridas en su huida, sin haber podido decir a Alvah todas las fábricas que utilizan los nazis para obtener la bomba mortal. Sólo habla de tres, no le da tiempo para poder decir la cuarta.

Después de bombardear los tres lugares que saben, Alvah, junto a oficiales ingleses y americanos escucha un discurso de Hitler. Dice que la guerra aún no está terminada ya que se está a punto de lanzar contra los aliados un arma que se encuentra en su poder, y que puede destruir el mundo.

Alvah, a través de una fotografía que ha encontrado en la chaqueta del científico muerto, junto al grupo de oficiales con los que ha realizado la búsqueda, logran descubrir el cuarto lugar, que es en realidad donde se encuentra el gran laboratorio alemán para construir la bomba atómica.

Cuando llegan al lugar, una gran fábrica, no encuentran a nadie. Ni tampoco la maquinaria que allí haya podido haber.

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Pasemos a relatar los últimos momentos del filme sirviéndonos del guión original, ya que actualmente de todas las copias encontradas ha desaparecido (como la maquinaría de la gran fábrica) todo rastro.

SOLDADO: Mi comandante, hemos encontrado una zona con barracones subterráneos para alojar a miles de hombres. No queda nada ni nadie en el lugar, salvo algunos muertos, probablemente fueran prisioneros demasiado enfermos y que no pudieron ser trasladados

OFICIAL INGLÉS: ¿Trasladados? ¿Es que han trasladado la fábrica entera?

OFICIAL AMERICANO: Pero ¿dónde? La mitad de Alemania está ya ocupada y el resto lo será en horas.

OFICIAL INGLÉS: No en Alemania. Aquí, y lo saben, todo ha acabado. La han llevado a otro lugar. A algún sitio en el que los nazis se encuentren seguros. A España o a Argentina (ríe irónicamente). ¡Nuestro secreto! ¡Nuestro gran secreto exclusivo y absoluto! ¿Paz? ¡No habrá paz! Es el año uno de la era atómica. Que Dios tenga piedad de todos nosotros.

ALVAH: ¡No! Que Dios tenga piedad de nosotros solo si somos así de insensatos. Que Dios tenga piedad de nosotros por haber creído que podíamos guardar la ciencia en secreto. Que Dios tenga piedad de nosotros si creemos poder llevar a cabo más guerra sin autodestruirnos. Y que Dios tenga piedad de nosotros si no somos capaces de mantener la paz en el mundo

Alvah pasa al exterior de la fábrica. Una vez fuera se para. Se pasa la mano por la cabeza y mira a su alrededor. Cerca de él un paracaidista americano en cuclillas lanza piedrecitas mientras mira al cielo

PARACAIDISTA: Bonito día

ALVAH: Sí, lo es

PARACAIDISTA: Es como en mi casa, en Ohio. Quisiera volver allí, quitarme el uniforme y no volver a ponérmelo nunca más

ALVAH: Un bonito deseo el suyo. Espero que lo consiga.

El paracaidista sigue tirando piedrecitas

PARACAIDISTA: ¡El cielo azul y los pájaros cantando! Creo que pronto volveré a ver a mi novia

ALVAH (sonríe): Sí, eso mismo pienso yo.

FUNDIDO EN NEGRO. EN LA PANTALLA APARECE THE END.

Cómo se puede comprobar, este final es mucho más certero que el que se dejó, centra el tema en dos puntos clave: la supervivencia de los nazis, o de su doctrina, y la necesidad de trabajar en pos de la paz. El científico debe experimentar para el bien no para la destrucción. Los estados deben salvar la paz obtenida. Y en este caso el país dominante será Estados Unidos. Su responsabilidad es clara.

Un final que no debió gustar en cuanto ponía en evidencia demasiadas cosas o apuntaba sobre un futuro que podía ser prometedor —ojo, podía ser—, pero para ello habría que cambiar muchas cosas. Y en el país donde Lang vivía no iba a ser así. Vendría la intolerancia, la persecución de los que pensaban distinto, la guerra fría con el temor a la destrucción total. Tiempos no tan buenos para soñar. El falso final impuesto, propio de una película simple de aventuras, de espionaje, había sustituido a otro más profundo, nada acomodaticio. A lo mejor demasiado explícito en su mensaje. En cualquier caso, eficaz y claro.

No es esta la única variación del filme. Hubo otras. Algunas se rodaron, otras simplemente se quedaron en el guión.

Entre las que se rodaron, destacan las que conducen a un encuentro menos rápido de Alvah. En la versión actual se va directamente al asunto principal con la propuesta de la misión en el laboratorio. Las escenas rodadas mostraban a Alvah escribiendo una serie de fórmulas mientas toma un café en el restaurante de la Universidad, luego habla con un niño al que lee un cómic. Posteriormente a estas escenas rodadas, Lang decidió rodar otra para dar continuidad al filme y poder suprimir ambas sin que el filme se resintiera.

Si se sigue el guión se pueden comprobar las partes no rodadas o alteradas, como es el principio que en el guión no transcurría en los Pirineos (donde los nazis descubren a unos resistentes y los matan) sino en la frontera búlgara-turca. Alvah sigue un curso de entrenamiento antes de ir a la misión, durante el cual es sometido a una prueba: lleva una información urgente a un sitio en un coche. De pronto un niño se cruza en su camino. Alvah frena bruscamente, por lo que será amonestado: el haber frenado evitando el atropello del niño supone un acto de debilidad. En la realización de una misión no se tiene que tener ningún tipo de miramiento.

Para escasos miramientos los que tuvo la Warner a la hora de destruir el brillante final que había filmado Lang. No estaba pasando unos maravillosos momentos. Su productora, con la que había llevado a cabo entre otras La mujer del cuadro y Perversidad, había sido un gran fiasco.

El mundo en el que quizá creyó alguna vez, se iba desmenuzando poco a poco. Sin  remedio.

Escribe Adolfo Bellido López

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