Furia (Fury, 1936)

  23 Octubre 2013

El director 

furia-0Si algo caracteriza la estética del cine de Fritz Lang es el expresionismo, utilizándolo hasta el extremo en su etapa alemana, y algo más depurado y puntual en sus cintas estadounidenses. Reflejo de sus estudios pictóricos son los retratos individuales que realiza de las hordas de actores que dan forma  a los grupos exaltados de personas que son tan habituales en sus películas.

Un gentío que, como en este film, está dirigido por un fanático, un hombre con el único propósito de destruir a un inocente. Un loco que resulta ser el antagonista de la justicia y la libertad, un reflejo cinematográfico de Hitler.

La voz de la conciencia y representación del raciocinio es la figura femenina, no el protagonista masculino, el cual se verá transformado por su búsqueda de venganza.

Sed de venganza

En su mundo perfecto, Joe y Katherine piensan contraer matrimonio, la falta de dinero hace esto se retrase y que se mantengan separados durante más de un año, hasta que el ansiado día por fin llega. Toda su felicidad y su futuro se verán truncados cuando Joe sea confundido con un secuestrador.

Detenido y encarcelado a la espera de alguna prueba más concluyente que unos cacahuetes y un billete de cinco dólares, una muchedumbre exaltada asalta la prisión y le prende fuego. La ira que se despierta en el lo transforma. Haciéndose pasar por muerto llevará a sus asesinos a un juicio en el que serán condenados a la horca.

La ira es un sentimiento muy común. El perfecto Joe encarnado por Spencer Tracy, imagen del ciudadano ejemplar, cambia drásticamente cuando se ve traicionado por unos valores en los que él creía firmemente.

Entre las llamas de la prisión fallecen la ley y la justicia, al permitir que un inocente sea asesinado. La muerte entre el fuego del protagonista no será física, pero sí perderá sus ideales y bondad. Lo que en él únicamente sobrevive tras el incendio es la venganza, el deseo de ver ahorcados a aquellos que lo ajusticiaron. Algo que siempre ansiará pese a perdonarles la vida. Un perdón que tan sólo obtienen por el amor que profesa hacia Katherine, no porque le importen las vidas de los veintidós imputados.

La bondad y compasión que lo caracterizaban ya no existen, sin embargo, demuestra ser mejor que ellos, conservando la integridad y capacidad de raciocinio, no como sus asesinos.

furia-4

Las masas exaltadas

Un populacho exaltado y enfurecido es quien lo condenó sin atenerse a razones o pruebas, ellos lo juzgaron y condenaron. Una masa enloquecida similar a la que el director ya representó en M, El vampiro de Düsseldorf, sólo que ahora el perseguido es un sujeto inocente y no  un homicida de niñas.

La escena de la hoguera en la que asesinan a Joe, Lang muestra retratos individuales de los captores, rostros histriónicos en primer plano que son como máscaras grotescas y deformadas por la alegría ante la atrocidad que estaban cometiendo, como en una medieval quema de brujas sólo que en un actual país democrático. Como bien nos recuerda Katherine  a todos, a Joe y a nosotros, los veintidós acusados “formaron parte de una masa y las masas no piensan”. Algo que sobradamente sabía Fritz lang, quien  dejó patentes sus ideas respecto al nazismo en esta su primera película estadounidense.

El juego de la justicia

Además de masas exaltadas hay otra temática común: la diferencia de clases. En esta cinta más sutilmente representada que en otras ocasiones, y sucediendo en Estados Unidos, siendo ahora los políticos quienes se elevan sobre los demás estamentos, sobre un populacho al que deciden no detener, pues es año de elecciones, dejando así que el caos y la injusticia se afiancen, jugando con la vida de un inocente, pues él representa sólo un voto. Las vidas no importan, la democracia y la justicia son suyas y con ellas juegan, ejerciendo su poder.

En Furia, Fritz Lang ya se había separado del dúo formado con su segunda esposa Thea Von Harbou, junto a quien había concebido algunas de sus mejores obras, como el clásico Metrópolis.

Con el nazismo en alza se trasladó a París durante un corto periodo de tiempo. Finalmente, y como otros tantos artistas que huyeron de Europa, terminó en Estados Unidos.

furia-2

 

Fue Furia su primera cinta en este país, abanderado de la democracia, justicia e igualdad, términos criticados en el argumento, que no dilapida completamente estos valores del país que le acogió, pues respira un final feliz y una ligera moralina en algunos monólogos.

Aún así, su habitual duda sobre la justicia presente en diversas cintas, es el punto central de esta historia, que pone en tela de juicio un sistema que lejos de ser igualitario e imparcial, está manejado por una élite poderosa, unos políticos que juegan a ser dios.

La protagonista femenina

El único personaje que pese a todo sigue el camino correcto es Katherine, su novia, quien no se deja atrapar por el ansia de venganza, buscando sólo la justicia, siendo suya la ya mencionada frase: “las masas no piensan”, refiriéndose a la muchedumbre que ajustició a su novio. Un símil muy evidente con lo que el nazismo estaba provocando por Europa, pues fue todo un pueblo instigado por una sola persona el que trató de asesinar a Joe.

Aunque Fritz Lang no fue muy religioso tenía orígenes judíos, un pueblo  que, al lograr  el nazismo el poder, fue perseguido por una muchedumbre  para exterminarlo.

Las hordas exaltadas, los primeros planos de rostros casi deformados por el uso del claroscuro, rayanos a las pinturas negras de Goya, y una decepcionante justicia son algunos de los temas recurrentes en su obra, que también aparecen en su primer largometraje made in Hollywood de este director de oro, que supo sobrevivir y adaptarse al cine sonoro, creando desde los inicios obras clásicas indispensables que configuran la historia del cine.

Escribe María González

furia-5-lang