Blade Runner (Blade Runner, 1982)

  04 Junio 2013 Sueños de humano 

Blade-Runner-24Es difícil afrontar el reto de valorar en conjunto la obra cinematográfica de alguien como Ridley Scott: a los laudos de los incondicionales suelen oponerse las diatribas de los opositores, y uno no sabe muy bien si podría hallar acomodo en las opiniones de unos u otros, puesto que contando ambos con razones suficientes como para justificar su apasionamiento, resulta difícil dejarse convencer por la radicalidad de una única opción.

Esa dificultad para significarnos puede atribuirse a la irregularidad del propio Scott, que tan pronto construye un clásico como desbarata la saga a la que ha dado lugar. El director, retratado por su obra, se nos muestra como un personaje tan polifacético como hierático, que atreviéndose con todos los géneros, acaba por degenerar cada uno de sus productos en un mismo cliché.

No debe negársele sin embargo la capacidad para dibujar momentos de buen cine, aunque parece que con el paso del tiempo esa habilidad suya encanece y se esclerotiza. Sin embargo, el recuerdo de lo que fueron algunos clásicos nos hace siempre volver la vista a sus recientes estrenos, con la casi siempre frustrada esperanza de encontrar —muchos años después— algún atisbo de aquello que alguna vez lo hizo grande.

Así pues, construyendo nuestra opinión —dado que esta tribuna exige razonablemente que tengamos una— aventuraremos que Scott parece ser capaz de hacer buenas películas cuando cuenta con un sustrato original y enjundioso. El hecho de poseer  grandeza visual se muestra como un requisito indispensable para ser considerado un buen director, pero a nadie suele escapársele que la distancia de ésta con el colosalismo huero es muy corta, y que la vecindad entre una y otra apenas viene separada por el tabique de un buen guión.

Lo que lamentablemente parece sucederle a Scott  las más de las veces en los últimos años, es su dificultad para contratar a unos buenos albañiles o su torpeza a la hora de supervisar su trabajo: los sonrojantes diálogos de 1492, La conquista del paraíso (1992) o Robin Hood (2010) son sólo comparables a las absurdas situaciones dramáticas de Prometheus (2012) o Gladiator (2000).

Esos dos ingredientes son los principales de cualquier guión que se precie; cuando fallan el dramatismo y los diálogos es como cuando el arroz está pasado y el pollo está crudo: la paella resulta incomestible, por muy buen aspecto que tenga.

Suele haber consenso, sin embargo, a la hora de considerar a Blade Runner (1982) como una de sus mejores películas. Enmarcada dentro de la "trilogía indiscutible" —junto a Los duelistas (1977) y Alien (1979)— de sus primeros años como director, esta película de ciencia ficción aúna la originalidad ambiental con la destreza narrativa, si bien respecto de esto último también existe el disenso, puesto que parece haber sediciosos que se empeñan en asegurar que cada “corte del director” acaba empeorando el producto. No faltan las metáforas maliciosas, que sugieren que Scott es como un mal camello, que adultera la droga diluyéndola en múltiples cortes sólo para ganar más dinero.

Sin embargo, en nuestra opinión Scott no ha alcanzado todavía el corte definitivo y opinando como tenemos derecho y obligación a opinar, nos permitiremos sugerirle una nueva versión, de manera que pueda echarse unos euros más al bolsillo y dar cumplimiento con ella a nuestros sueños de androide.

Sea como fuere, el corpus central de la obra permanece intocado, y a él nos referiremos como objeto de estudio, si bien no podemos dejar de señalar las particularidades de cada corte en la medida en que supongan una interpretación distinta y valiosa, para no dejar de señalar los matices —que los hay, e importantes— al espectador poco avisado.

Blade-Runner-8

Hombre rico, hombre pobre

Blade Runner está inspirada en la obra ¿Sueñan los androides con ovejas eléctricas? Escrita por Philip K. Dick en 1968.

El apunte viene al caso porque no es común dar una respuesta poco contundente al comparar la calidad de una obra literaria con la de su homónima cinematográfica; lo habitual es despreciar a ésta última por razones de traicionada fidelidad, falta de originalidad o exceso de síntesis. Si la adaptación cinematográfica goza de éxito, es usual reeditar la fuente literaria no tanto para establecer odiosas comparaciones como para obtener simbióticos beneficios.

Sin embargo, algo distinto sucede con Blade Runner: casi todos los parabienes se han dedicado a la película, y la obra escrita ha guardado siempre un discretísimo segundo plano. La aparición de la gran obra de Scott no supuso una revitalización notoria de la novela. Esto no es debido a que el original literario fuera peor que la versión cinematográfica… simplemente es la constatación que la literatura de Philip K. Dick nunca ha sido de fácil digestión para el gran público, poco acostumbrado a las lecturas demasiado ácidas, lisérgicamente hablando; por cierto, entre alguno de esos delicados lectores se encontraba el propio Ridley Scott, que confesó no haber acabado nunca la novela porque le resultaba enormemente complicada.

Esta curiosa paradoja contrasta también con el hecho de que la creación literaria de Philip K. Dick sea, entre los expertos, muy valorada y reconocida: es uno de los autores que más escritos ha logrado incluir en la Encuesta Locus sobre la mejor novela de Ciencia Ficción, aunque ello no evitó que su vida fuera un relato corto (53 años) marcado por la incomprensión de su obra y la pobreza económica. No obstante la fría acogida y la escasa difusión de su literatura fuera de los círculos especializados, Dick acabó por convertirse en uno de los autores más adaptados de toda la historia de la cinematografía, y lo que debe agradecerse a Blade Runner es precisamente estar en el origen de este despegue.

No, la cuestión no es cuál de las dos versiones es mejor o peor; la cuestión es que de tan distintas resultan inconmensurables, aunque haya querido el destino que el éxito de la cinematográfica sea tan apabullante, que incluso las ediciones posteriores del libro han añadido al nombre original (que suele aparecer en segundo plano) el título de la película, cometiendo un fraude casi criminal con algunos pobres incautos de estómago delicado que esperaban leer algo parecido a una versión ampliada de lo visto en pantalla, para poder así dilucidar cuál de las múltiples versiones de Scott es la más semejante a la obra original.

Así pues, Blade runner —un término que no aparece en la novela— se ha apoderado de los sugerentes sueños de androide. La naturaleza del nombre cinematográfico es oscura, y resulta difícil establecer algo más que la sonoridad como elemento que facilitara su elección.

The Blade runner es en realidad el nombre de una novela de poco éxito de Alan E. Nourse, que sucede en un futuro apocalíptico donde los aseguradoras médicas estadounidenses son todavía más mezquinas de lo que son en la actualidad: Blade runner es aquel que suministra bisturíes —blades— y otros artículos médicos de contrabando a bajo precio.

Blade-Runner-10

Pero... ¿De qué va Blade Runner?

Esta es la pregunta del millón; probablemente, el éxito de Blade Runner radica en su amplitud temática: es una película de ciencia ficción que rompe con la estética futurista de luz y progreso, haciendo tema de las pesadillas tecnológicas, el desarraigo y el extrañamiento del diferenciado —que no realmente diferente—, además de las inquietudes religiosas que llevan de la mano las preguntas fundamentales de la existencia humana.

La película describe un futuro en el que los replicantes, unos seres fabricados a través de ingeniería genética —y no por tanto mecánicos ni robóticos— son empleados como esclavos en trabajos militares, penosos o peligrosos en las "colonias exteriores" de la Tierra. Los replicantes, fabricados por la Tyrrell Corporation y virtualmente idénticos a los seres humanos, son mucho más fuertes e inteligentes que el común de los mortales.

Los replicantes fueron declarados "inmigrantes ilegales" en el planeta madre probablemente debido al miedo atávico que produce el complejo de Frankenstein en los seres humanos. Por ello existe un cuerpo especial de la policía —los Blade Runners— que se encarga de rastrear y matar (o "retirar") a los replicantes fugitivos que se encuentran en la Tierra. Con un grupo de replicantes rebeldes y peligrosos suelto en Los Ángeles, un ex-blade runner llamado Rick Deckard es llamado a colaborar para "retirarlos".

Para detectar a unos seres en apariencia iguales a los seres humanos, debe hacérseles un test de empatía que revelará que carecen de emociones. El problema surge cuando tal mecanismo de seguridad, impuesto por la Tyrrell para evitar el complejo de Frankenstein o sencillamente para evitar la mala conciencia que genera la esclavitud, comienza a fallar.

Si bien sus planteamientos éticos y sociológicos podrían, a bulto, incluirse dentro del muy arraigado relato distópico cuyos referentes principales podrían ser la Metrópolis de Fritz Lang (1927), la Alphaville de Godard (1965), el Fahrenheit 451 de Truffaut (1966) y el 1984 de George Orwell —adaptado con mayor fortuna por Rudolph Cartier (1954) y Michael Anderson (1956) que por Michael Radford (1984)—, no resulta gratuito añadir que puede considerarse también una película de cine negro, sobre todo en su primera edición, aquélla que cuenta con una voz en off tan denostada como alabada por los incondicionales de una u otra versión.

Sin embargo, y aun siendo considerada una película distópica emparentada con las precedentes, a la bien conocida fórmula clásica añade Scott dos elementos originales que son producto de su tiempo.

El primero es un toque tenebrista que hace presente uno de los problemas con el que no contaban las viejas generaciones: la contaminación. Ni siquiera una película tan pesimista como Cuando el destino nos alcance (Richard Fleischer, 1973) escapa a la luminosidad ambiental, aún en un futuro en el que los océanos se han secado y los recursos alimentarios se han agotado debido sobre todo, al aumento de la población.

El segundo es el pesimismo tecnológico, el abatimiento del cientifismo como religión liberadora de las ataduras naturales del ser humano: no se trataría ya de advertir de los peligros de la era atómica, mediatizada por la posibilidad de emprender, siquiera accidentalmente guerras de exterminio total, sino de señalar que tecnologías aparentemente pacíficas podían ser intrínsecamente diabólicas.

Respecto de la contaminación, debe decirse que ya se halla presente en la novela de Dick; sin embargo, ésta es debida a la radiación y resulta por ello invisible. En la película de Scott, la oscuridad originada por ella es un personaje más, puesto que juega un papel primordial y es sujeto de alguna frase afortunada: Cuando uno de los protagonistas pregunta a otro si no hay demasiada luz en una habitación en penumbra, el espectador sobrecogido se cuestiona qué entenderán los personajes de la película por oscuridad; es difícil saberlo, puesto que en toda la película no se muestra un rayo de luz, y cuando se hace, es en contra del criterio del director.

El ambiente desasosegante, plúmbeo, contribuyó no poco a la fría recepción de la película por parte de crítica y público y a su posterior división de opiniones; porque curiosamente, y a pesar de devenir clásico contemporáneo, Blade Runner no fue recibida con entusiasmo por ninguno de los dos.

Para evitar lo segundo —al fin y al cabo lo verdaderamente importante, dado que la crítica es un asunto menor— la productora tomó varias decisiones comprometidas, tanto antes como después de su realización.

En primer lugar, el productor Michael Deeley buscaba un gancho para la taquilla ¿Quién mejor que Han Solo e Indiana Jones? La elección de Ford parecía garantía de éxito, aunque como más tarde se demostró, resultaba un arma de doble filo: la gente acudía a ver una película de acción y aventuras futurista para después encontrarse con un oscurísimo y lento delirio metafísico.

No sólo el público, sino aún la crítica, acusaron a Blade Runner de ser insufriblemente lenta; algunos, en España, vieron en ella poco más que una "original ambientación y escenografía". Ello sólo mostraba que la ciencia ficción era —a pesar de 2001, una odisea del espacio (Kubrick, 1967)— un género del que la crítica no parecía esperar nada serio.

A ello contribuía el hecho de que el estreno de la película fue un 25 de junio, en plena temporada estival, dado que la productora contaba con los precedentes de los de Star Wars y Alien (ambas un 25 de mayo) y pretendía obtener un éxito similar. Pero eso orientó de un modo erróneo el filme a determinado tipo de público. Considerando que la fiebre por la ciencia ficción estaba en pleno apogeo debido al reciente estreno de E.T, el extraterrestre (Steven Spielberg, 1982) tan sólo quince días antes, teníamos todas las papeletas para tener un estreno fallido con un target equivocado.

Los productores no eran tontos, y algo debieron olerse cuando tras dos visionados de prueba en Denver y Dallas el público acabó desconcertado. Así pues el posible fiasco intentó solucionarse antes del estreno en la sala de montaje, donde se obligó a Scott a clarificar un tanto el "mensaje" de la película, profundamente pesimista, con una voz en off explicativa no siempre desafortunada y un happy end absolutamente postizo del que se derivaban serias incoherencias para las conclusiones del film, que hubo de retocarse en algunos aspectos a mitad de metraje.

Como es evidente, esto enrareció muchísimo el ambiente entre productores y director, que ya de por sí se vio enrarecido durante el rodaje, debido a los sobrecostes y a las tensas relaciones de Scott con el equipo norteamericano. El hecho de que se hayan producido tantas versiones de la película se debe precisamente a que nunca ha habido un diálogo fluido entre las dos partes.

Esta vía de aproximación al segundo tema de la película no es baladí; el hecho de que existan varias versiones, hace que algunas interpretaciones sean casi contradictorias entre sí. Pasaremos pues a desgranar algunas de las diferencias y a realizar alguna aproximación temática.

Blade-Runner-11

Entia non sunt multiplicanda praeter necessitatem

¿Por qué multiplicar las versiones? ¿Era realmente necesario?

La primera versión de la película, proyectada en sesión privada, provocó una reacción en el público que asustó a los productores, de manera que se apresuraron a retocarla para hacerla comprensible.

Uno se pregunta muchas veces qué hubiera hecho Kubrick en ese caso, y llega a la conclusión de que a Scott le falta algo más que talento para llegar a ser un director de su talla. 2001, una odisea del espacio era una película exigente y difícilmente comprensible para el gran público. No obstante, el respeto a la inteligencia del respetable hizo que se quedara como estaba. Si acaso, posteriormente se escribió una novela para explicarla un poco.

Pero Blade Runner no tuvo la misma suerte: fue gravemente tergiversada en la sala de montaje, cambiando por completo el sentido original, aunque quizá hubiera que decir que el hecho de ver la versión retocada nos animó a muchos a seguir el proceso de regeneración del corte del director, y que gracias a eso hemos comprendido muchas cosas que no se hallan en la edición comercial.

Ésta última, que vio la luz en 1982, había eliminado gran parte de la ambigüedad y la atonía moral de los personajes. Había añadido a su vez un final feliz y una voz en off explicativa para dummies que daba un toque de cine negro no excesivamente reprobable dentro de todas las atrocidades que se habían cometido con el argumento.

Pero al hacer la película más comprensible, la habían hecho también más banal, menos sofisticada moralmente. En ello se observaba también una poco disimulada condescendencia con un público que se suponía no podía tolerar personajes que no fueran de una sola pieza, buenos o malos sin claroscuros. En España, ese paternalismo para con la inteligencia de los espectadores, dio una nueva vuelta de tuerca en la traducción y doblaje.

La cosa es más o menos como sigue: el personaje principal, Rick Deckard (Harrison Ford), aparece gracias a la voz en off como un personaje hastiado y atormentado por el desagradable trabajo que desempeña. De no mediar esa explicación suplementaria, se nos presentaría como un ser medio autista poco desarrollado emocionalmente y hasta autoritario en sus relaciones amorosas, tal y como queda de manifiesto en la sarta de imperativos con que pretende atraer a Rachael hacia su lecho.

Nada de esto resultaría digno de mención de no ser porque el principal cambio se produce en una escena eliminada que representa el sueño/recuerdo (según versiones) de Deckard con un unicornio; si esa escena se vincula a una de las secuencias finales, se sugiere la posibilidad de que el propio blade runner sea un replicante, y con ello se explica su disfunción emocional, su capacidad para "retirar" androides sin apenas remordimientos y su excepcional resistencia al dolor físico.

Pero el hecho de introducir un final feliz en el que el protagonista se fuga con la chica hacia un incongruente oasis de luz y aire limpio desbarata esa posibilidad... Siendo un replicante Deckard estaría condenado a vivir sólo 4 años ¿Sería eso compatible con que Rachael no tuviera fecha de terminación? Si se añadía un happy end, habría que justificar que Deckard era humano, por pura coherencia temporal y argumental, y entonces la escena del unicornio sobraba.

Las consecuencias para el subtexto son claras: si Deckard no es un replicante, la película habla simplemente del enfrentamiento entre el hombre y el androide, en una suerte de remedo de Frankenstein cuya originalidad, por lo trillado, resultaría más que discutible. Toda la película estaría basada en una mera persecución rutinaria en la que como casi siempre, el perseguido resulta el hijo no deseado de la conciencia y la voluntad humanas.

Sin embargo, caso de ser Deckard un replicante la cosa varía muchísimo; ahora podríamos interpretar la trama desde un punto de vista —por decirlo así— marxista: se nos hablaría entre muchas otras cosas de una "lucha de clases" cuyo resultado deriva no en el enfrentamiento directo entre las dominantes y las dominadas, entre los señores y los esclavos... sino en el del proletariado con el lumpen-proletariado, una subclase de la que curiosamente Deckard y no los replicantes rebeldes sería representante.

Deckard aparece así como una especie de traidor a los suyos que desempeña sus funciones siempre en beneficio de la clase superior, personificada aquí en Eldon Tyrrell, el ingeniero semidiós que habita en las alturas de la gran empresa capitalista que produce nada menos que... esclavos.

Blade-Runner-12

La metáfora cristológica

No es tampoco inocente la mencionada interpretación religiosa. Aunque es conocida la afinidad política de Scott con los conservadores, parece menos notoria su adscripción al agnosticismo religioso.

Lo que llamaría la atención si nos paramos a reflexionar un poco, es que estando como está Blade Runner plagada de metáforas religiosas, pudiera interpretarse a su vez como un panfleto izquierdista. Nadie dice que ambas posturas sean incompatibles —como si no hubiéramos oído hablar de la teología de la liberación— sino que de darse juntas en una misma película, Scott parecería traicionar doblemente sus convicciones, lo que a todas luces resulta una carga demasiado pesada para sus hombros de caballero del Imperio Británico.

En realidad, todos esos pormenores se hallan en el guión, y no en la atormentada conciencia de Ridley Scott. Esta circunstancia casaría perfectamente con la tesis antes sostenida: al británico no le interesa particularmente el contenido del libreto, sino su plasmación en imágenes. La palabra escrita es cosa de los albañiles que levantan el muro de contención para el  colosalismo visual.

El guión fue en un principio elaborado por Hampton Fancher a partir de la novela de su amigo Philip K. Dick y más tarde profusamente reconstruido por David Peoples.  Fancher llegó a declarar ante preguntas sobre la supuesta carga ideológica de la película lo siguiente: “Blade Runner siempre pretendió ser un grito de alarma. Para empezar, se rodó en los inicios de la Era Reagan. Y a mí me aterraba Ronald Reagan y todo lo que defendía. En cierto sentido, toda esa política cruel que se intuye en la película es mi réplica al reaganismo”.

Por lo que respecta a David Peoples, el encargado de retocar el guión primigenio de Fancher, nos bastaría hacer un repaso de su carrera como escritor de cine para hacernos una idea de sus afinidades ideológicas y de su aparente compatibilidad con las de Fancher. Peoples es el guionista de películas de profunda carga moral como Sin perdón (Clint Eastwood, 1992) —cuyos paralelismos con Blade runner son asombrosos— o Doce monos (Terry Gilliam, 1995) que nos habla de un futuro post apocalíptico originado en los males del presente.

Es más difícil rastrear el origen del subtexto religioso de Blade Runner. Quizá la metáfora estuvo servida desde un principio, cuando el dios creador de pseudo seres humanos se enfrenta a su hijo que debe irremisiblemente morir salvando a la humanidad. Ante una idea tan sugerente —y a su vez tan blasfema— pudo darse la circunstancia de que Scott y Peoples sólo completaran con guiños simbólicos la imagen de un Jesucristo redivivo en androide que ya se hallaba presente en el guión.

En efecto, el personaje de Roy Batty (Rutger Hauer), cuyo nombre evoca siquiera casual y lejanamente el concepto de Rey Bautizado, es una clara alusión al Jesucristo del nuevo testamento: varias ideas diseminadas a lo largo del filme así lo demuestran.

En primer lugar Batty es llamado hijo del "Creador", Eldon Tyrrell, en una conversación en que no están exentas las referencias a la parábola del hijo pródigo y la inevitabilidad y necesidad de la muerte para ascender a los cielos. En segundo lugar, Batty se atraviesa la mano nada menos que con un clavo en los instantes previos a su muerte, simbolizando claramente una crucifixión que se verá consumada cuando en el momento final culmine su tarea "salvando a la humanidad" representada en Rick Deckard. Por último, en el momento de la muerte, Batty liberará una paloma blanca que simboliza el espíritu santo que asciende hacia la luz entrevista en un cielo despejado (que no había aparecido en su forma natural en toda la película), con lo que tendríamos representados los tres elementos  clásicos de la trinidad católica.

Esta interpretación religiosa contribuye, junto con otros giros de la trama, a redibujar radicalmente la esencia de los personajes de Batty y Deckard: la villanía cambia de acera, del mismo modo que el replicante cambia de edificio en un salto acrobático para situarse en disposición de salvar al héroe caído, ahora lo sabemos, en desgracia.

Deckard es un simple asesino de mujeres; no consigue retirar a un solo replicante si no es desarmado y por la espalda. De no ser por la voz en off, ni siquiera parecería mostrar compasión o empatía, lo que viene a ser signo de su encubierta inhumanidad.

Sin embargo Batty, aparente asesino sin escrúpulos, se nos muestra como más humano que los humanos —tal y como reza el lema de la Tyrrell Corporation— cuando es capaz tanto de ejercer la más fría venganza como de dispensar el perdón, pero siempre desde el propio convencimiento y nunca desde la fría ejecución de las órdenes impartidas por los superiores jerárquicos.

En realidad, Batty no es tan fiero como lo pintan. Quizá lo sea más, según reza el adagio clásico, el propio Leon (Brion James), que protagoniza una escena paralela y calcada en el diálogo a la de Batty con Deckard, aunque de interpretación y desenlace absolutamente diferentes.

No. Batty resulta tan ambiguo en su comportamiento que hasta los traductores / dobladores españoles hubieron de echar un cable a su imagen de villano, trastocando radicalmente la percepción del personaje: cuando en la tienda de Chew, éste le asegura que ha fabricado sus ojos, el Nexus —adelantando el contenido de su diálogo final con Deckard— le dice: “Si pudieras ver las cosas que he visto con tus ojos”. Eso —ambigüedades del posesivo aparte—- no quiere decir nada más que Batty ha sacado buen provecho de sus diseños genéticos. Sin embargo la traducción española dice algo diferente: “Me gustaría que pudieras ver lo que hago con tus ojos”, lo que nos hace intuir que la suerte de Chew está echada y además de un modo atroz; parece que a Chew lo torturarán hasta la muerte, a pesar de producirse una elipsis que no muestra el supuesto desenlace fatal de la entrevista.

Esa traducción es errónea, y nos habla de una crueldad sin límites que no parece hacer justicia con el espíritu de Batty: es cierto que mata a Eldon Tyrrell y consecuentemente se deshace del testigo del crimen, J. F. Sebastian. Pero esto sucede sólo cuando el objetivo primordial de la entrevista, la regeneración de su biograma, no se consigue. Una vez los nexus se han delatado, sólo pueden emprender una huida desesperada, dejando un rastro de cadáveres a su paso… ¿o no?

En realidad, en la última de las versiones Batty se da cuenta de que Sebastian ha sido testigo del asesinato, y se apresura a disculparse y a rogarle que no huya. Parece darse a entender que es de la histeria de Sebastian de lo que se deriva un asesinato no planeado.

Blade-Runner-14

Lo que Batty vio con los ojos de Chew

Blade Runner ha pasado a la historia de la cinematografía por muchas cosas: por su ambientación, por su temática, por el subtexto y por la construcción de sus personajes. Pero también cuenta con un sitio en el ranking de las frases más famosas de la historia del cine. La línea de diálogo más famosa de blade runner, en boca de Roy Batty comienza así: "Yo he visto cosas…”.

Pero muchos de los que citan esa frase, obvian la consideración previa del replicante, tan sencilla como impactante. Ese aspecto es, curiosamente, un añadido del propio actor que no aparecía en el guión, de la misma manera que lo es la sentencia comparativa de “como lágrimas en la lluvia”.

Veamos lo que dice el guión:

I've seen things... (long pause) seen things you little people wouldn't believe... Attack ships on fire off the shoulder of Orion bright as magnesium... I rode on the back decks of a blinker and watched c-beams glitter in the dark near the Tanhauser Gate. (pause) All those moments... they'll be gone”.

Y lo que dice, según la versión definitiva en celuloide, la secuencia completa; dejo en cursiva los añadidos de Hauer:

"Es toda una experiencia vivir con miedo ¿verdad? Eso es lo que significa ser esclavo. Yo he visto cosas que vosotros no creeríais. Atacar naves en llamas más allá de Orión. He visto Rayos-C brillar en la oscuridad cerca de la Puerta de Tannhäuser. Todos esos momentos se perderán en el tiempo como lágrimas en la lluvia. Es hora de morir".

¿Por qué es tan importante esa frase y por qué nos llama tanto la atención?

Es el momento culminante en el que se confirma que Roy Batty es uno de los nuestros, con nuestras aspiraciones de eternidad, con nuestra capacidad de maravillarse ante lo bello, ante lo distante. Una persona que ha contemplado aquello que todos nosotros desearíamos ver y que nunca podremos ver. Es el ser humano cumplido, el ser para la muerte en su instante final.

Quizá nos fascina tanto porque sabemos que alguien —un ser humano, después de todo— lo ha visto y sabe darle el valor que tiene haberlo visto: un valor fugaz, como la vida misma, pero que compartido, hace que nunca muera.

Blade-Runner-23

Esa es también la maravilla de la literatura y el cine, puesto que la frase, según es naturalmente reconocido por los guionistas, está inspirada en un poema de Rimbaud que dice lo siguiente:

Arthur Rimbaud: El barco ebrio, 1871 (extractos)

Sé de cielos que rompen en rayos, y de trombas,
Resacas y corrientes; sé también del ocaso,
Del alba entusiasmada cual tribu de palomas,
¡He visto varias veces lo que ver cree el hombre!

¡Vi al sol poniente, sucio de místicos horrores,
Iluminando vastos coágulos violetas,
Y lejos, cual actrices de antiquísimos dramas,
Olas rodando al paso su temblor de postigos!

¡Soles de plata, heleros, alas de nácar, cielos
De brasa! ¡Horribles pecios engolfados en simas
Donde enormes serpientes, comidas por las chinches,
Con negro aroma caen desde torcidos árboles!

¡He visto siderales archipiélagos, islas
Cuyo cielo en delirio se abre al bogavante!
–¿Son noches abisales en que exiliado duermes,
Oh tú, Vigor futuro, millón de aves áureas?–

¡Cierto: mucho he llorado! El alba es dolorosa.
Toda luna es terrible, y todo sol, amargo.
El agrio amor me hinchó de embriagantes torpores:
¡Que mi quilla reviente! ¡Que me hunda en la mar!

No podemos dejar de hacer notar aquí, como pequeño homenaje, que el doblaje español de Constantino Romero —de quien curiosamente se dice que no recordaba haber doblado la película hasta que alguien le preguntó si era su voz— da un valor añadido al momento.

Esta escena es, a su vez, objeto de polémica; cuando la paloma que abraza Batty alza el vuelo, en las primeras versiones puede verse los rayos de sol atravesando un cielo azul. Aunque esta escena se incluyó en 1982, donde en el corte varía incluso la iluminación y la textura, se hace patente su inautenticidad e incoherencia: No parece razonable que un cielo tan denso pueda llegar a limpiarse tras una noche de lluvia.

En la última de las ediciones, la paloma se aleja hacia la contaminación y la bruma, sin asomo de esperanza. Pareciera, en la versión de 1982, que una vez extinguido el mal encarnado por Batty, amaneciese de nuevo en Los Ángeles.

Blade-Runner-17

El auténtico Blade Runner

Justo después de esa escena, aparece un personaje aparentemente menor: Gaff, el aspirante a blade runner que habla una jerga poco comprensible... para alguien no versado en ella.

La importancia de este personaje no debe ser subestimada; en realidad, llega a casi todas partes antes que Deckard, y parece testigo ¿mudo? de los acontecimientos que sufre el protagonista. Le devuelve la pistola como recriminándole el modo en que ha retirado a Batty, aunque le reconoce el haber hecho un trabajo de "hombres". Por otro lado, parece dejarle escapar con Rachael pensando que vivirán juntos menos de cuatro años, lo que le convierte en cómplice de Deckard al negarse a retirar a la androide. ¿De dónde surge esa complicidad?

Gaff no es en absoluto “mudo”: simplemente su comunicación no verbal es mucho más sutil —y clarificadora— que la verbal.

Él se comunica mediante figuritas de origami, la papiroflexia japonesa, dejando mensajes ocultos y diseminados a lo largo de la película, y sólo reconocibles —como la jerga policial— para los entendedores atentos.

La más famosa de sus figuritas de papel es la ya mencionada: el unicornio que pone en tela de juicio la humanidad de Deckard. El hecho de que Gaff conozca los sueños del blade runner hace conjeturar dos cosas: la primera es que Deckard no es humano, pero la segunda es que tiene acceso a sus recuerdos, memoria y procesos mentales. ¿Por qué tiene ese acceso?

La respuesta puede resultar sencilla: Gaff es un blade runner y como tal puede acudir a la Tyrrell para recopilar esa información. No obstante, se nos da a entender que esos contenidos están "archivados", y eso no explicaría la anticipación de Gaff a los actos y emociones que Deckard ejecuta y desarrolla. Pero sí la omnipresencia de Gaff se debe a que conoce anticipadamente los pasos que dará Deckard... ¿Cómo los conoce?

La respuesta menos sencilla es mucho más sugestiva: Gaff posee los recuerdos de Deckard porque... son los suyos propios.

Hay dos figuritas de origami más que tienen un papel no menor en el filme: la primera es una gallina que Gaff hace en la oficina del comisario Bryant; Gaff está sugiriendo que Deckard tiene miedo ante la tarea que Bryant le está encomendando. ¿Por qué lo sabe? Porque lo conoce como a sí mismo.

La segunda es mucho más significativa: una figura antropomórfica con el pene erecto que Gaff deja en el departamento de uno de los nexus, después de la visita de Deckard a la Tyrrell; en este caso, Gaff se ha dado cuenta de que a Deckard le gusta Rachael. Lo sabe porque a él también le gusta.

Una vez puestas las premisas, podemos extraer algunas conclusiones.

Gaff era en realidad el blade runner por excelencia; no obstante, en algún momento resultó herido (recordemos que cojea). Su merma física, añadida a su posible reticencia moral a retirar seres humanos virtuales, le lleva a abandonar el trabajo de calle.

Pero nadie puede ejecutar el trabajo de blade runner mejor que un replicante, que carece de emociones. Por lo tanto, instruir a un replicante mediante la inserción de los recuerdos y habilidades de un verdadero blade runner debería producir la máquina de matar perfecta. Ese es por cierto, el apelativo que le da Bryant a Deckard después de que León muera: "Gaff, podrías aprender de este hombre, es una maravillosa máquina de matar, eso es lo que es".

La culminación del proceso es la muerte de Batty. Cuando Gaff le dice a Deckard que ha hecho un trabajo de hombres, sencillamente está sugiriendo que de hecho no lo es. Que lo deje escapar con la chica, es una especie de premio entre colegas que comparten algo más que profesión.

El personaje de Gaff fue seriamente reconstruido a partir del guión, y lo que vemos en pantalla es poco reconocible en él mismo. De hecho, lo que Gaff habla es simplemente japonés, y no la jerga policial que sugiere la voz en off.

De modo que podemos asegurar que el proceso de su asimilación a Deckard se dio durante el rodaje, y muy probablemente Scott estuvo implicado en él. Esta es, probablemente, la mayor aportación de Scott a la historia en sí misma, y una de las "muchas señales que nos ha dejado a lo largo de la película" según sus palabras, para interpretar la verdadera naturaleza de Deckard.

Es, además, la muestra de que hubo un tiempo en que Scott poseyó algo más que talento visual y colosalismo huero. Lo que quizá explica la pérdida de esa capacidad, es que la película fuese mutilada de la manera en que lo fue para hacerla comprensible al gran público. Scott pareció salir escaldado de esta experiencia, y desde entonces también parece prodigarse poco en esas habilidades. Es una lástima.

De todos modos, ya que nos comprometimos a sugerirle una nueva versión, nos gustaría que en ella tratase un poco más en profundidad el personaje de Gaff; nos consta que hay material inédito sobre el mismo, y podría servir para reivindicar a un actor, Edward James Olmos, que siempre nos ha resultado fascinante.

Gaff se mostraría así como el verdadero protagonista de una historia de sueños inalcanzables que otros viven por él, pero también, ineludiblemente, gracias a él.

La lástima es que él mismo no pueda vivirlos, pero... ¿Quién vive?

Escribe Ángel Vallejo

Blade-Runner-25