Los duelistas (The duellist, 1977)

  26 Mayo 2013 Asentando un estilo 

los-duelistas-03En 1977, cuando Ridley Scott afronta su primera producción, cuenta en su bagaje profesional con la realización de un cortometraje (The boy and the bicycle, 1956), algunos trabajos para la televisión y, sobre todo, con un labrado reconocimiento como realizador publicitario (1). Estas raíces del lenguaje de la publicidad, donde la técnica y la preponderancia de lo visual es clave para transmitir el mensaje, es uno de los elementos que acompañan su filmografía.

Frente a otros realizadores que se les asocia a un universo temático que se repite a lo largo de sus películas, Ridley Scott es considerado un hombre de técnica que define su corpus fílmico a través del movimiento de la cámara, el tratamiento fotográfico y la composición del plano.

Al director de Gladiator le encontraremos siempre cerca de la cámara, mirando por el objetivo, y no tanto en las tareas propias de redacción del guión (2). De hecho, Los duelistas, su primer trabajo para la pantalla grande, tiene mucho que ver en la consolidación de Scott como un realizador que premia la exquisitez del tratamiento visual frente a otros aspectos narrativos.

Enfrentamientos

Para el rodaje de su primer largometraje Ridley Scott se apoya en la novela corta de Joseph Conrad Los duelistas (The duel). La historia, basada en un episodio real ocurrido en el ejército napoleónico, describe la disputa de dos oficiales a lo largo de casi veinte años a través de una serie de duelos. En este relato, Conrad reflexiona sobre la necedad de la guerra, el sentido del honor y las tensiones provocadas entre la nobleza y la sociedad burguesa.

El guión de Gerald Vaughan-Hughes, absolutamente fiel al original literario, sustenta los temas propuestos en la novela de Conrad. En primer lugar el sinsentido de la guerra, el absurdo de los conflictos que en este caso viene dado por un incidente casi sin importancia que desata todo el enfrentamiento entre los dos oficiales del mismo ejercito; el requerimiento por parte del oficial D’Hubert (Keith Carradine), un enviado de las altas instancias del generalato, para amonestar al oficial Feraud (Harvey Keitel) por un duelo acaecido con anterioridad, supondrá la génesis de la disputa.

Los duelos se extienden durante los años del Imperio Napoleónico y durante ese periodo en que Europa está en guerra, la metáfora del conflicto se hace patente en los duelos fratricidas de los dos oficiales franceses, siendo tan solo la escena que se desarrolla en Rusia el único momento donde los soldados combaten unidos frente a un tercero.

Los personajes que encarnan Keith Carradine y Harvey Keitel representan la sociedad estamental del momento. Mientras uno, por su origen noble, disfruta de una vida más cómoda como agregado de los altos cargos del ejército, el otro, de origen burgués, asciende en el ejército de forma paralela pero con un esfuerzo mayor. Tras la caída de Napoleón, el retorno a la monarquía significara la caída del oficial Feraud, fiel a Napoleón, mientras D’Hubert continuará disfrutando de sus privilegios de sangre.

Tras el paso de los años, el filme refleja la inutilidad del conflicto, el paso del tiempo consumido en disputas y enfrentamientos y la terrible sensación de que ambos personajes tienen su papel escrito sin que puedan hacer demasiado por escapar de su destino.

Si bien es cierto que el peso temático del filme tiene su origen en el sustrato literario de Conrad, y teniendo en cuenta que la filmografía de Scott abarca todo tipo de géneros (drama, comedia, bélico, fantástico, policiaco, etc.), la cuestión del enfrentamiento sí es algo que está presente a lo largo de gran parte de sus trabajos. La lucha sanguinaria entre los dos personajes principales de Los duelistas tiene su reflejo en sucesivos enfrentamientos que iremos viendo en las siguientes películas de Scott.

Desde el inicio el enfrentamiento es la pieza que actúa como resorte para ensamblar las diferentes historias: en Alien, el octavo pasajero (Ripley y su lucha contra el alienígena), en Blade Runner (Deckard y el androide), en La sombra del testigo (el policía frente a los mafiosos). Y el enfrentamiento, entendido tanto como lucha individual (Gladiator), una lucha entre mundos diferentes (occidente y oriente en Black Rain, el norte y el sur en Black Hawk derribado, o la rutina ante la sociedad establecida, Thelma y Louise).

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Composición visual

Pero en el momento en que el guión toma forma durante el rodaje es cuando Ridley Scott imprime su sello personal. Los duelistas recoge su experiencia en el tratamiento publicitario y supone el primer escalón en una carrera que apuesta por la imagen y donde el acento se sitúa en todos aquellos trabajos que contribuyen a realzar el aspecto estético de la película.

Para ser un filme de presupuesto modesto, con un rodaje relativamente rápido, el empaque visual es el primer acierto de Scott como director. Dado que el guión tiene una funcionalidad de soporte estructural y no tanto de reflexión sobre el argumento (no encontramos grandes tratamientos de los personajes principales o secundarios, no hay líneas que desarrollen las subtramas), es en la composición de las escenas donde la película bascula con mayor fuerza.

Todo el planteamiento de Los duelistas se centra en provocar el goce estético en el espectador, de tal forma que éste pueda apreciar las diferentes composiciones con Scott crea a lo largo de todo el filme. La cámara, en muchas ocasiones, tiene la función de captar todo el trabajo que se realiza sobre las escenas donde los objetos (cuadros, ventanas, mobiliario, vajillas, adornos,  cortinajes) o el juego con la iluminación son tan importantes como los personajes que intervienen, adquiriendo un carácter de coprotagonistas en el resultado final.

El director de Blade Runner lleva este modelo al límite forzando la posición  de la cámara, como la escena donde unos personajes aparecen encuadrados a través de la barandilla de una diligencia o la falta de respeto al raccord. El objetivo es siempre buscar el efecto estético deseado, aunque para ello haya que emplear cierta artificiosidad o se note los mecanismos internos de la filmación.

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Barry Lyndon 2

Si al inicio de este artículo nos hemos referido a la adaptación de Conrad como el origen literario para la elaboración del guión, el acabado formal también tiene un referente, en este caso, cinematográfico.

Dos años antes, en 1975, Stanley Kubrick había rodado Barry Lyndon, un filme donde el tratamiento fotográfico se lleva a su máxima expresión. Desde el uso del zoom como elemento para componer el plano hasta el rodaje de escenas iluminadas por velas, gracias al empleo de un objetivo especial que permitía captar esa mínima luz, la película de Kubrick es un ejercicio visual donde la forma se impone a la historia. Y en este espejo es donde se mira Ridley Scott para llevar adelante su filme (3).

El uso del zoom para componer las escenas partiendo de objetos y elementos en primer plano, los efectos lumínicos y la presentación del plano general introductorio donde los personajes no son más que una pequeña parte del todo, son tres aspectos que remiten directamente al trabajo realizado por Kubrick en Barry Lyndon.

En Los duelistas encontramos varios ejemplos, como la escena que comienza enfocando a una mesa pequeña con una botella, una fruta y una copa, a modo de naturaleza muerta, y donde un zoom en retroceso se retira hacia atrás para componer la escena con un personaje recostado en una cama tocando la flauta; con ese retroceso pasamos del primer plano a uno más amplio, donde el montaje se efectúa en ese mismo plano.

Pero a pesar de estas similitudes, inspiraciones o referencias que hemos citado, sí es cierto que esta apuesta por la estilización es un recurso que Scott irá modulando de una manera ascendente en su filmografía.

La estilización que comienza en Los duelistas, y que será utilizada como arma arrojadiza para valorar positiva o negativamente su obra, termina constituyendo la marca personal de Ridley Scott. El gusto por la forma y la manera de impregnar las escenas con elegancia es mérito exclusivamente suyo.

Si analizamos la última escena de la película, aquella en que la que sobre un amanecer muy estilizado (rayando lo forzoso), la figura de Feraud se recorta recordando a Napoleón, es el mejor ejemplo de cómo expresar el contenido (la vinculación del antiguo oficial con el ya caído Emperador) empleando únicamente elementos formales.

Escribe Luis Tormo

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Notas

(1) Esta faceta no sería abandonada del todo por Scott. De hecho, tras rodar los filmes que le encumbraron como director (Alien, el octavo pasajero y Blade Runner), rodaría el que es uno de los anuncios más conocidos de la historia de la publicidad, el anuncio de 1984 para el lanzamiento del ordenador Macintosh de Apple.

(2) En la filmografía de Ridley Scott, la escritura del guión siempre pertenece a diferentes guionistas, reservándose Scott la dirección y, a partir de La sombra del testigo, las tareas de producción o producción ejecutiva.

(3) Ridley Scott quiso realizar el mismo tipo de escenas que Kubrick rodó en Barry Lyndon. El problema es que como le indicó su director de fotografía, no contaban con los objetivos que permitían captar la luz en interiores con la luz natural. En relación con la película de Kubrick hay incluso un homenaje con la pequeña intervención de la actriz Guy Hamilton al principio de Los duelistas, actriz que también aparecía en el inicio de  Barry Lyndon.

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