La sombra del testigo (Someone to watch over me, 1987)

  19 Mayo 2013

Intro

la-sombra-del-testigo-2Es evidente que el director de obras cinematográficas como Blade Runner, Thelma & Louise o Gladiator pueda pasar inobservado cuando se atreve a realizar una película con un sujeto tan débil y sobre todo nada original como La sombra del testigo.

De hecho esta película no ha obtenido ningún éxito particular si las comparamos con las otras, pero sí que ha puesto a prueba la habilidad poliédrica de Ridley Scott, que ha sido capaz de realizar una buena historia de intriga y pasión.

Trama

Durante una fiesta, el dueño de la casa donde se celebra es asesinado por su ex socio de negocios Joey Venza, cuya cara es vista por una rica mujer, Claire Gregory.

Desde este momento, Claire es entregada a un cuerpo de policía que le asegura protección en su misma casa noche y día. Entre los policías que se ocupan del caso está Mike Keegan, un joven inspector, con mujer e hijo, que acaba de ser promocionado. Este su primer encargo le llevará a ser completamente capturado por la belleza y elegancia de la rica Claire.

¿De intriga y ficción o de ciencia y pasión?

Una historia ya vista, unos suburbios del Queens como ambientación nada original y unos personajes que actúan de manera previsible.

Un protagonista ingenuo, que se deja conquistar por la “rica y rubia” víctima, dejando aparte la mujer morena y celosa. Una comparación por así decir clásica, no hay nada que lo ponga en duda, pero no banal.

Ridley Scott encuentra el justo punto de unión entre la intriga, con un asesino que sigue y persigue en momentos inesperados, subiendo el clímax de atmosfera, y la pasión repentina que nace cuando tenía que nacer, sin faltas.

Que no es, por cierto, alguna pasión por su trabajo, más bien por el objeto de este mismo.

En fin, un hombre que se deja llevar por los instintos y los eventos, sin mostrar una personalidad fuerte: un punto no muy positivo para la historia.

¿Dónde encontrar, entonces, la originalidad de este filme? Seguramente no en los personajes, sino en los espacios construidos de la casa de la rica mujer, un  “palacio” en el que el protagonista se mueve como un ajeno, descubriendo un mundo que no le pertenece y al que intenta acercarse con mucho respeto e ilusión.

La música clásica acompaña siempre todos los momentos en los que el protagonista descubre la diferencia entre su estatus social y el de Claire, subrayando una distancia que le atrae y, al mismo tiempo, le parece un mundo ficticio, como de ciencia y ficción.

A este propósito Ridley no se deja escapar una escena que puede ser considerada como de ciencia y ficción sui generis, es decir cuando el inspector persigue al asesino recorriendo por entero los pisos blancos y circulares del Guggenheim de Nueva York. Allí la cámara enseña con un movimiento circulatorio y alienante la belleza casi irreal del museo, como una nave espacial que recrea la sensación de pánico atrapando el protagonista y el mismo espectador. Aquí se reconoce al gran director.

Muy bonita también la escena en la que Mike se encuentra en la casa de Claire y se da cuenta que dentro hay alguien, un hombre mandado por el asesino.

Con un hábil juego de espejos y miradas, la cámara se mueve con destreza entre los reflejos y el espectador ya no entiende si se trata de la realidad o de la imagen reflejada.

El pathos crece y esta escena es digna de un director que ya quiere enseñar algo más y no sólo una historia policiaca.

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Psicología y forma

La película es un viaje psicológico del protagonista a través de sus debilidades más escondidas, que no se perciben al principio y que se aclaran sólo a lo largo de la historia.

Él tiene una familia simple pero perfecta, promocina en el trabajo, una mujer que le quiere pero lo que no puede poseer le atrae como nada.

Esta psicología del personaje se refleja en la forma perfecta en la que está contada una historia con poco espesor emocional: la casa laberíntica, el Guggenheim, los espejos. Todo recuerda una incapacidad de dominar el espacio y, por eso, la propia vida.

Ridley Scott es hábil en esto: en su capacidad de enseñar todo lo que “no se ve” a través de un espacio que siempre parece irreal, poco definido.

Igual de aquí nace su atracción por la ciencia ficción, por todo lo que rodea la realidad, por todo lo que la sugiere.

La sombra del testigo es una película de paso en la filmografía del director y también para el espectador a nivel emocional y técnico.

Lo único que podría pasar es intentar no olvidarla.

Escribe Serena Russo

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