Legend (Legend, 1985)

  28 Abril 2013 Ridley Scott, los inicios 

legend_3Ridley Scott nace en Gran Bretaña en 1939; tras realizar diversos estudios relacionados con el mundo del arte y del cine, trabajó para la BBC, creando más adelante su propia productora de publicidad, medio al que dedicó muchos años, dando el salto al cine con Los duelistas, premiada en el Festival de Cannes de 1977.

Tras la gran acogida de su ópera prima vendrían, dos años más tarde, Alien, el octavo pasajero y, en 1982, Blade Runner, ambas cintas supusieron una revolución para el cine e impactaron a un público que desde ese momento le seguiría fielmente, expectante por sus nuevas obras, siempre repletas de un gran impacto visual, herencia de su  paso por la publicidad.

Así, con su cuarta película quiso ir más allá y demostrar que su creatividad tenía un brazo muy largo. En 1985 estrena Legend, una historia de fantasía rayana al cuento, que supuso un abandono de la ciencia ficción. Esta obra no triunfó en su momento, aunque su protagonista fuera Tom Cruise. Sin embargo, en la actualidad cuenta con numerosos adeptos.

Érase una vez…

Lily es la princesa de un reino que disfruta adentrándose en el primaveral bosque donde habita su amado Jack, un joven con el cual se promete y que es capaz de hablar con los animales del bosque.

Un día, el muchacho le muestra a Lily una pareja de unicornios. Cuando la princesa, saliendo del escondrijo y desoyendo a Jack, se acerca para acariciar a uno de estos fabulosos  animales, un malvado trasgo enviado, por el Señor de la Oscuridad, lanza un dardo emponzoñado al equino y le corta el cuerno para entregárselo a su amo, pues sólo con la extinción de estos animales logrará reinar, al cernirse la total oscuridad sobre el reino.

El cuento de hadas que Ridley Scott llevó a la gran pantalla transcurre entre el idílico bosque y la morada de Oscuridad, con una sorprendente puesta en escena, ya habitual en él. Ambos mundos son visualmente extraordinarios, aunque lo más destacable e icónico de esta película sea el personaje del diablo, un inolvidable Tim Curry maquillado por Rob Bottin quien, merecidamente nominado al Oscar, nos ofreció una imagen de un demonio de porte grandioso y cuernos interminables, sello inconfundible de la cinta. Curry es un actor de culto que ya había interpretado en aquel momento un personaje por el que siempre sería recordado, el trasgresor Dr. Frank N. Furter  en The Rocky Horror Picture Show (Jim Sharman, 1975), siendo, asimismo, una de las mayores cintas de culto.

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Un baile macabro

El diabólico antagonista del héroe es quien rapta a la princesa, creando para el protagonista una doble misión de rescate de igual importancia para él. Por un lado, debe salvar al unicornio que queda, pues sin él el reino se cerniría en manos de Oscuridad, y por otro, debe rescatar a su amada Lily.

El Diablo es poderoso y trata de convertir a la joven, encarnación de la pureza y la bondad, en su concubina, tentándola continuamente, e incluso haciéndola danzar en un turbador baile que poco a poco la transforma, aunque sólo externamente, cambiando su blanca  vestimenta, por un vestido negro de  boda, ofreciéndonos uno de los momentos más mágicos y grandiosos de la cinta. Donde a la vez que la princesa blanca baila con una mujer enmascarada de negro, con la cual termina fusionándose, se muestra el interior de la morada de Oscuridad. Una sala en negro y rojo intenso, como su dueño, presidida por una chimenea de gran tamaño y fuego infernal.

Sin embargo, pese a haber cometido errores de catastróficas repercusiones, la joven es de espíritu fuerte y no se deja embaucar, es más, ella es quien engaña al mismo Diablo logrando la principal misión de rescate que salvará al reino: liberar al unicornio de las cadenas que lo retienen.

Con esta actuación, transforma la imagen típica de la princesa desvalida por la de una más valerosa y capacitada, con una fortaleza tal que ni el mismo Diablo logra manipularla ni dominar su mente. Una variación de la figura femenina que ya inició contundentemente con la protagonista de Alien, suponiendo uno de los grandes cambios evolutivos en la representación de la figura femenina en el audiovisual.

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La tierra yerma

Por su inicial pecado cometido, la princesa es el desencadenante de la tragedia, pues por su culpa la tierra se queda yerma bajo el poder de Oscuridad. Algo muy común en argumentos del género fantástico y de aventuras. Pues suele ser ella la que purga los pecados cometidos por el hombre, perdiendo su verdor y fertilidad. Su destrucción es causada por las faltas de la humanidad. Como en la  trilogía de El señor de los anillos (Peter Jackson, 2001, 2002, 2003) o en La historia interminable (Wolfgang Petersen, 1984), entre otras muchas.

En Legend el habitual tono negro de la aniquilación que tienen otras cintas queda reducido a la inquietante morada de Oscuridad, el resto del reino permanece en blanco, en letargo, congelado por una gélida nieve que cubre por completo ese paradisíaco bosque en eterna primavera.

Ridley Scott muestra una gran creatividad con el género fantástico del cuento, exhibiendo una imaginación prolífica en la creación de universos cinematográficos del género, realizando una cinta que visualmente resulta portentosa, obteniendo toda su fuerza de las imágenes, de esos dos mundos contrapuestos del bien y del mal claramente delimitados.

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El héroe

El personaje de Jack, interpretado por un joven Tom Cruise, es el héroe elegido para ser el salvador de la tierra yerma y de la princesa. Un ser del bosque cuya mayor habilidad es su capacidad para comunicarse con los animales, pues habla su lenguaje.

Pese a creerse incapacitado para ser el abanderado, el apoyo de la compañía de enanos, hadas y seres mágicos del bosque que lo siguen en la aventura de rescate y apoyan en sus decisiones, le dan la fortaleza necesaria que todo héroe debe poseer para alcanzar sus objetivos. Única característica heroica que le faltaba para merecer ser el héroe y conseguir los  propósitos marcados en el viaje.

Un viaje, tanto físico como psicológico, que como muchos de los cuentos que nos han acompañado desde nuestra infancia concluye con un beso. Un argumento sencillo cubierto por un envoltorio cautivador.

Escribe María González


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