Black Hawk derribado (Black Hawk down, 2001)

  25 Abril 2013 En tierra hostil 

Black_hawk_down_1El británico Ridley Scott, acostumbrado a trabajar en filmes de ciencia ficción, dejó ese género a un lado para dirigir Black Hawk derribado, una película acerca del intervencionismo americano en países alejados al suyo con el ánimo de instaurar la paz. En este caso los soldados se desplazan hasta Somalia para acabar con la dictadura de Aidid, dicha tarea no será fácil cuando una misión de media hora se torna en una encarnizada batalla que parece no tener fin.

A pesar de que su visión está totalmente condicionada por la grandeza de Estados Unidos, el filme vierte algunas reflexiones interesantes. Pues si bien es cierto que sean extranjeros los que vayan a luchar a un país ajeno a él puede resultar insultante, lo cierto es que esos foráneos han de tener unas creencias muy arraigadas de que están haciendo lo correcto para involucrarse en una pelea que, de otro modo, no les concierne.

Los marines americanos siguen ciegamente las pautas marcadas por su país sin importarles nada más que su misión y la vida de sus compañeros. Los intereses del país son vertidos en las capacidades de los soldados en el campo de batalla, las órdenes que reciben son claras pero no así su trasfondo, la cara del gobierno: son jóvenes que se alistan para la lucha para honrar a su país, peones de un tablero de ajedrez que no llegan a adivinar tan cerca de las trincheras.

La película está basada en hechos reales y a pesar de ello cumple con nota, sobreviviendo con galones a sus 144 minutos de metraje. Los soldados americanos que aparecen fueron enviados por el entonces morador de la Casa Blanca, Bill Clinton, para liberar a Somalia. Los soldados que mueren en pantalla fueron víctimas de la batalla allá por 1993.

La labor del ejército, en este caso, no se centra en defender un ataque sobre USA o nada que competa llanamente a su país, sino que se desplazan a miles de kilómetros para cumplir las órdenes de su gobierno, han de eliminar o capturar a un dictador que ellos creen está dañando al país. Es decir, han de intervenir en unas creencias y política que en nada se parecen a las suyas para imponer lo que ellos creen es lo correcto.

Este tema es siempre polémico dado que funda la cuestión de si cada país ha de arreglar sus propios problemas o han de ser ayudados aunque ellos no lo estén demandando. Las políticas de intervencionismo son cada vez más comunes, ya sea de modo militar o con un talante más bien económico. Existiendo tratados y alianzas que las delimitan, el problema se genera cuando son países ajenos a dichos escritos los que entran en la ecuación. Si los acuerdos no son suficientemente claros, en algunas ocasiones, cuando el país en cuestión no se encuentra adherido a ninguno de ellos, la incertidumbre se multiplica ante posibles intereses que radiquen más allá de la bondad.

Mientras unos abogan por intervenir, pero que a ellos no les intercedan, a los países más pobres les son impuestas una serie de normas con las que pueden no estar de acuerdo pero contra las que no pueden revelarse. En este caso, el pueblo somalí se ve envuelto en una guerra de intereses entre el líder de su país y el gobierno americano. La batalla tiene lugar en sus casas y son ellos los que pierden a ciudadanos que no quieren participar de ninguna guerra.

Algunos de ellos son obligados a hacer uso de las armas y elegir un bando para defender sus vidas, la paz no es una salida y eligen lo que ellos creen mejor. Encontramos a somalís del lado americano y a autóctonos que matan a los americanos con la mayor de las convicciones, no estamos ante una batalla de dos bandos claramente diferenciados sino que son tantos los intereses vertidos que las partidas no quedan dirimidas con facilidad.

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A pesar de que Scott deja claro quiénes se encuentran en posesión de la razón absoluta, el ejército de USA, podemos extrapolar lo acaecido en el filme para imaginar lo que supone la invasión de un país para aquellos que viven en él. Los opuestos que dibuja el guionista, Ken Nolan, no son tales, ni los americanos vienen a liberar al mundo ni los somalíes son despreciables seres humanos que hay que erradicar.

No todo es blanco ni negro y mucho menos si hablamos de creencias y modos de vivir. La imagen más impactante y realista de la película es protagonizada por un anciano que lleva en brazos a su nieto muerto a balazos, moviéndose sin uso de razón, cognición que le ha sido robada junto a la persona que, probablemente, más amaba.

Los soldados americanos llegan a un territorio desconocido para ellos con la misión de capturar a Aidid o a sus hombres más cercanos pero todo ello pierde relevancia cuando dos Black Hawks son derribados en mitad de la ciudad, dilapidando su plan y su armamento. Lo que se había trazado como sencillo se complica cuando las variables que podían entrar en acción, lo hacen.

A pesar de contar con hombres preparados y cargados de munición, finalmente lo único que les queda es su valía y una lucha cuerpo a cuerpo con el enemigo. La notable ventaja con la que cuentan a priori, sus helicópteros, son abatidos con facilidad, quedando totalmente expuestos a una hacienda por explorar, extraña y sobre todo hostil. Allá habrán de apelar a otras armas que no es posible manufacturar, como el valor y el afán de supervivencia.

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Miedo

Desde el comienzo de la película hay una emoción que destaca sobre toda las demás, aunque todos los participantes se encuentran emocionados y excitados no pueden evitar sentir miedo, un sentimiento que aunque suele ir ligado a ellas no ha de tener connotaciones negativas.

El miedo forma parte de la vida del ser humano desde su nacimiento hasta su muerte, es lo que hace que un niño crea no poder ser capaz de montar en bicicleta sin patines, lo que le lleva a caerse una y otra vez, y a la vez lo que hace que cuando triunfa en la tarea se sienta muy bien consigo mismo. Es decir, lo que en principio podría considerarse como algo negativo se torna en positivo cuando el obstáculo ha sido vencido y la sensación el doblemente agradable de lo que sería si se saltara en el primer intento. Acompaña a la mayoría de la raza humana hasta su último aliento pues si existe algo temido por los seres mortales como los humanos, es la muerte.

Asimismo, el miedo provoca una serie de reacciones fisiológicas en el cuerpo que permiten al ser humano reaccionar ante situaciones de peligro. Por ejemplo, si alguien piensa que está siendo perseguido por la calle y puede sufrir algún tipo de daño, su frecuencia cardiaca aumentará, su adrenalina subirá y le permitirá correr a mayor velocidad y estar preparado para dar una respuesta adecuada a ese posible agresor.

Pudiendo también atenazar al ser humano, el miedo es un peligroso cóctel molotov que podrá devenir en lo mejor y lo peor pero que no dejará indiferente a nadie. La respuesta ante él es inmediata y de carácter básico, no se puede eludir fácilmente y acompaña a todos los seres humanos del planeta, no discrimina entre clases sociales.

En Black Hawk derribado los protagonistas supuran miedo, pero lo utilizan para canalizar sus emociones. No ceden ante él sino que bucean en la batalla aunque su cabeza les diga lo contrario. Las creencias superan a los sentimientos más primitivos y los soldados eligen incluso perder sus vidas antes que dejarse vencer.

La adrenalina provocada por el miedo es utilizada hasta sus instantes finales para disparar o gritar con ira a sus enemigos, en ningún momento somos testigos de una derrota anticipada y aunque no consigan su propósito esta misión es considerada un éxito moral porque han seguido las órdenes recibidas.

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Enemigo a las puertas

Aunque las comparaciones son odiosas, ese mismo año 2001 se estrenó una producción de similares características que gana por goleada al trabajo de Scott, se trata de Enemigo a las puertas.

Los defectos que tumban a Scott son las cualidades que engrandecen a Jean-Jacques Annaud: mientras que el inglés gana en grandilocuencia el francés no compite en dicha categoría para ser invencible en cuanto a crudeza. Scott se decanta por los americanos, Annaud prefiere la paz y mostrar los efectos devastadores de la guerra, los distanciamientos y discordia que provoca. Scott encuentra vencedores y Annaud solamente vencidos.

El estilo visual es la batalla crucial de ambos directores dado que los dos realizan trabajos soberbios, vuelve a ganar Annaud pero solamente por el hecho de introducir elementos que recuerdan al western. La dirección de Scott es sobresaliente, dando la posibilidad al espectador de conocer todos los detalles visuales que él ve.

Generalmente, las películas bélicas cuentan con demasiadas explosiones y enfrentamientos en los que resulta imposible ver quién está luchando contra quién, Scott logra que en Black Hawk derribado este efecto no haga acto de aparición.

No cabe duda de que 2001 fue un año belicoso, al menos, en lo que a la pantalla grande se refiere.

Escribe Sonia Molina

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