El poder hipnótico de David Lynch

  21 Marzo 2013 Mulholland Drive y el misterio de la condición humana 

mulholland-drive-101No sé lo que muchas veces el espectador anda buscando cuando compra una entrada para el cine. Lo que sí es cierto que seguramente el espectador de las películas de Lynch siempre encontrará es esa sensación de que el ser humano anda a la deriva en medio de un mundo terrible,  de una sociedad adversa, de una naturaleza que esconde tras sus más exquisitas formas, el más hondo de los horrores y la lucha a muerte por la supervivencia.

Mulholland Drive contiene todo el mundo personal e identificable del cine de David Lynch (El hombre elefante, Terciopelo azul, Carretera  perdida, Una historia verdadera) donde sueños y pesadillas, colores, la noche y la oscuridad, ruidos de fondo, arquitecturas, seres deformes, objetos domésticos alcanzan personalidad propia.

Lo único que quizá sea incómodo para cierto tipo de espectador es que su argumento no es nada claro, muy críptico: como un río que al desembocar en el mar se esparce en mil pequeños arroyos así, la historia de una bella mujer acosada por la mafia que pierde la memoria tras un accidente y es acogida y ayudada por una joven aspirante a actriz de cine, se multiplica en su último tramo en distintos posibles y complejos desenlaces.

Con algunas escenas de imprescindible crudeza, al final y con múltiples lecturas, prevalecen los temas que a este director preocupan: el misterio de la condición humana, el subrayado de que la vida es más grande que la aventura personal, el horror de la lucha entre el bien y el mal que esconde lo cotidiano, el latir de la misma naturaleza.

Mulholland drive sigue teniendo ese poder casi hipnótico que el cine de su director tiene: muchas de sus secuencias son tan crípticas y claustrofóbicas que tienen precisamente ese valor de hechizar al espectador y su final, que parece una espiral de horror y sensaciones de ensueño y pesadilla, hipnotiza al espectador, que al final abandona la butaca con una sensación de haber estado visitando el más extraño y terrible de los mundos.

La película iba a ser la cabecera de una serie de televisión que después Lynch ha transformado en largometraje. Recuerdo que este director hizo también aquella triunfal serie de televisión Twink Peaks, de la que esta película toma algunos referentes y  todos los elementos estilísticos están perfectamente adecuados a la profunda reflexión discursiva que presenta el filme.

La música de Angelo Badalamenti es magnífica, presentando temas musicales exquisitos, así como una “música” incidental que hipnotiza al espectador a base de sordos ruidos de ambiente y de máquinas. Y la fotografía en color a veces oscurecida, cumple la función pictórica que tanto gusta al director.

Un filme, en fin, para espectadores con paladar cinematográfico educado y exigente.

Escribe José Luis Barrera

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