Entre el sueño y la realidad

  28 Febrero 2013

Delirante Lynch 

david_lynch-1El 20 de enero de 1946 nace David Lynch en la fría ciudad de Missoula (Montana). Una pequeña localidad rodeada de montañas y paisajes evocadores donde pasa su infancia. Pese a no vivir mucho tiempo allí, debido a las habituales mudanzas  de la familia, sería el  suficiente como para marcar buena parte de la estética  de las localizaciones de su filmografía. Siendo claramente evidente  en la serie para la televisión que junto a Mark Frost creó en los 90, y su posterior largometraje para el cine Twin Peaks: Fuego, camina conmigo (1992).

Pero lo más característico de él no son únicamente las pequeñas poblaciones. Lo que diferencia al realizador de Montana de los demás directores actuales es el delirante surrealismo patente en sus cintas. En donde dos mundos: el ordinario y el místico, se entremezclan, confundiendo a espectador y personajes, con quienes juega, manejándolos cual titiritero a unas marionetas, sumergiéndolos en la rareza de ese mundo que únicamente él es capaz de crear y del cual sólo él conoce la verdad, puesto que posee múltiples significados, siendo todos ellos válidos, como él mismo dice de la película que nos ocupa.

Además, sus obras siempre van acompañadas por la inquietante música de Angelo Badalamenti que ayuda a componer esa atmósfera misteriosa y desconcertante que tanto caracteriza al realizador.

Mulholland Drive

Una de sus obras con diferentes universos es Mulholland Drive (2001), en ella abandona las pequeñas localidades para ubicarla en una gran urbe, en la ciudad de Los Ángeles.

Betty es una joven risueña proveniente de una pequeña ciudad que aterriza en Los Ángeles para triunfar en el mundo del cine. Al llegar al piso que su tía le cede mientras rueda una película en el norte, conoce a Rita. Una mujer que tras un accidente de coche en el cual trataron de asesinarla, se escapó, logrando esconderse en la casa de la tía de Betty. Rita, ahora con amnesia, junto con Betty tratarán de recomponer las piezas del rompecabezas en busca de algo que le devuelva la memoria.

Durante la misteriosa aventura ambas comenzarán un romance. Hasta que el mundo de la inocente Betty se desmorone cuando sea “transportada” a otro paralelo, uno donde todos los personajes juegan un rol diferente, incluida ella. Una dualidad que, a elección del espectador, podrá elegir como verdadera o como falsa.

La película de múltiples tramas y mundos paralelos aúna todas las características habituales de David Lynch, siendo considerada su obra maestra le valió una nominación a los Oscar.

Un trabajo concebido inicialmente como episodio piloto de una serie tan turbadora y misteriosa como lo fue Twin Peaks, pero que vería truncado su futuro. Debido al fracaso que tuvo, la productora de televisión canceló la serie, transformándose al final en una película. Siendo este “juego” que los productores tienen con los proyectos de los realizadores una de las líneas argumentales que componen esta historia.

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La caída por la madriguera

En el mundo que Lynch crea resulta difícil discernir el sueño de la realidad, cuál es el verdadero y cuál es el soñado. Como la Alicia de Lewis Carrol, los diferentes universos son atravesados al caer por el túnel, o como en el caso del cineasta, al ser arrastrada la protagonista por la oscuridad. Aunque ambas chicas donde caen es en un lugar recóndito de la mente, donde nada es lo que parece.

El mundo en el que se despierta Betty siendo Diane resulta más real que el inicialmente mostrado, el cual parece haber sido un sueño de la joven donde todo transcurre idílicamente, triunfando su relación amorosa con Rita y su carrera como actriz tiene muy buenas perspectivas. Pero al despertar su vida es muy diferente, laboralmente es insignificante y su amada está prometida al director de cine.

En esta realidad la protagonista tiene problemas mentales. La imposibilidad de lograr sus metas la sumergen en una depresión. Trastornada, por medio de flashbacks se nos desvela el misterio de la llave azul. Es la señal de un encargo realizado. Si Rita no podía ser suya, no sería de nadie. Para lo cual paga a un sicario.

Una vida desdichada para la que no encuentra más salida que la muerte.

La muerte

Los problemas psicológicos del personaje protagonista, el lado oscuro de la mente humana que nos dirige a esos mundos paralelos con diversas líneas de acción y múltiples significados (o con ninguno para otras personas), son temas recurrentes en la filmografía de Lynch.

La muerte es otro de los recursos habituales en sus cintas: ya sea en forma de misteriosos asesinatos —como los de Twin Peaks o Carretera perdida—, ya sea el suicidio del personaje protagonista como en este caso, o una mezcla de ambas muertes, como sucede en esta obra.

El suicidio es una clase de fallecimiento más poético, pues es un resultado por el cual optan personajes dementes o más dramáticos, eligiendo este tipo de fin al ver que todos sus objetivos y metas son inalcanzables, siendo incapaces de encontrar salida a su triste existencia.

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¿Quién lo soñó?

Los sueños resultan desconcertantes y confusos cuando no se distinguen de la realidad, como le sucede a Dorothy en El mago de Oz (dirigida por Victor Fleming, 1939) o a la ya comentada Alicia, pudiendo desembocar en una pesadilla, aunque ambas niñas al abrir los ojos se encuentran en la calma del hogar, de su mundo. Sin embargo, esto no le sucede a Betty quien despierta siendo Diane, ¿es la vida real una pesadilla?

Aquí no nos vale el “pienso, luego existo” cartesiano, pues es la propia mente pensante de la protagonista quien que la engaña y le miente, es en ella donde reside ese universo alternativo, en su pensamiento. El sueño, en este caso premonitorio, funciona como planting de un suceso que inexorablemente acontecerá, como cuando Betty y Rita en busca de la memoria perdida de ésta segunda, encuentran a Diane muerta en la cama de su habitación. O la misteriosa llave azul, presagio de un asesinato realizado.

Tal vez, sea el vaquero, personaje que funciona como oráculo, quien nos pueda remitir a la realidad, esa segunda vez que aparece, cuando entra en su dormitorio y observándola en su cama la hace despertar, siendo él quien la trae de un mundo otro. Una segunda aparición, que como él mismo vaticinó al director de cine en el sueño, si lo volvía a ver sería porque lo había hecho mal. Y así fue. Su locura, sus celos, la hicieron optar por el camino erróneo, por uno sin retorno que, a diferencia de Dorothy  o de Alicia, no la llevaría jamás de vuelta a la tranquilidad del hogar.

Escribe María González


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